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sábado, 31 de enero de 2026

​El debut soñado de De Miranda y la hegemonía de Colombo en San Cristóbal

Por: Germán D' Jesús Cerrada

​La plaza de Pueblo Nuevo fue testigo de un relevo de emociones: mientras David de Miranda dictaba una cátedra de temple en su presentación absoluta ante la afición tachirense, Jesús Enrique Colombo reafirmaba su mandato con un despliegue de raza y entrega. Ambos abandonaron el coso a hombros, superando con creces la deslucida condición de un encierro de Los Aránguez que solo ofreció opciones a cuentagotas en una tarde de cielo plomizo.

​David de Miranda, un debut de seda y quietud.
​El onubense impactó desde el primer momento por su concepto puro. A su primero, lo recibió con cinco muletazos, que fueron el prólogo de una faena de gran factura. Con las zapatillas clavadas en la arena, De Miranda hilvanó naturales templados y derechazos de mano baja, aprovechando el buen recorrido del ejemplar, el mejor de la tarde. La plaza llegó a pedir el indulto, pero el espada prefirió asegurar el triunfo con una estocada en todo lo alto.
Dos orejas de ley y vuelta al ruedo para el toro. 
En su segundo, frente a un manso sin opciones, abrevió con profesionalidad.

​Jesús Enrique Colombo, el mando del ídolo local.
​Colombo demostró por qué ostenta la hegemonía en su tierra. En el tercero, el tachirense fue un torbellino: recibió a la verónica con gusto y encendió los tendidos con tres pares de banderillas soberbios, cerrando con uno al violín que puso la plaza en pie.

Con la muleta, sometió las embestidas con emoción, ligando series que el público coreó con fuerza. Tras un espadazo certero, paseó dos orejas y la autoridad ordenó la vuelta al ruedo a los despojos del toro.

En el sexto volvió a entregarse, pero la falta de colaboración del astado y los fallos con el acero le privaron de aumentar el botín, 
quedando su labor en una sonora ovación.

​La cruz de la moneda para Emilio de Justo.
​No tuvo suerte el extremeño, quien vio cortada su racha triunfal en San Cristóbal ante el peor lote de la tarde. Sus dos toros fueron dos mansos, que buscaban la huida y el refugio de las tablas. Emilio de Justo tiró de técnica y conocimiento para robar muletazos donde no los había, pero la espada no le acompañó en su primero (escuchando un aviso). Se marchó de vacío, pero dejando la impronta de su incuestionable capacidad torera.

​Ficha del Festejo:
​Emilio de Justo: Silencio tras aviso y silencio.
​David de Miranda: Dos orejas y silencio.
​Jesús Enrique Colombo: Dos orejas y palmas.

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