EFE
EL MUNDO
"Querria haberte despedido como mereces, acompañarte, honrarte pero Dios te llamo solo ,te quería para el. Pero cada letra será tu despedida porque tu nunca estarás solo. Cuánta gente te quería, cuántos mensajes de todos lados. Queridos primos aunque no podamos abrazaros cada silaba, cada palabra será un abrazo.
Gracias por tu compañía cuando papa no estaba, por tus consejos sabios, por tu alegría, por tu generosidad por, tu cercania y admiración mutua. Eras un grandioso ganadero. Mi suerte ha sido compartir contigo nuestra afición. Nuestras interminables conversaciones, nuestra labor común al servicio de la Tauromaquia, nuestra alegría de tus triunfos y los míos.
Ojalá las palabras lloraran para poder expresarte mi tristeza, mi duelo, el de toda la familia, el de toda la Tauromaquia. Pero sé que tú no quieres llantos sino emoticonos de sonrisas. Como las que hoy hay en el cielo al verte llegar el abuelo, papá y el tío Fernando. El abuelo [Juan Pedro Domecq de Villavicencio], ya tiene a sus tres hijos ganaderos a su lado. La tertulia está allí arriba y no aquí abajo. Mandadnos vuestros sabios consejos para que nuestro llanto, nuestro sollozo, se convierta en canto.
Te fuiste con tu obra culminada, con tu ganadería en su mejor momento. Tío Borja, tu hijo no estará solo: seré su bastón. Y él seguro que el mio. Háblanos alto y claro porque desde allí, desde aquella luz, estoy seguro de que todo estará despejado. Y moveréis las nubes acumuladas que hoy nos ciegan. Con vuestro apoyo, superaremos esta guerra. Que no era la tuya. Como te decía, siente el abrazo de cada una de estas palabras. Y mi tristeza".
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