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viernes, 8 de mayo de 2026

Un Talavante esférico abre la primera Puerta Grande de San Isidro sobre la excelencia de Ganador



por www.elmundo.es


Alejandro Talavante abrió la Puerta Grande de Las Ventas el 8 de mayo de 2026 al torear de forma magistral a “Ganador”, un toro de Núñez del Cuvillo de gran calidad. Su faena fue un compendio de virtud, elegancia y control, que desencadenó el entusiasmo de la plaza y le valió dos orejas y la vuelta al ruedo. Tristán Barroso confirmó su alternativa, pero con actuación discreta, obteniendo lote de oreja y oreja. Juan Ortega no logró destacar, afectado por sus dificultades técnicas. La corrida contó con dos toros destacados y otros de menor calidad, entre ellos dos que no debieron salir a hilo. La jornada marcó el inicio de la Feria de San Isidro 2026 con gran entusiasmo por el toreo clásico y puro.

La silueta de Alejandro Talavante desaparecía entre la multitud por la calle de Alcalá cuando la noche se cernía sobre Madrid. La arcada de la Puerta Grande quedaba atrás por séptima vez en su carrera, abierta con la fuerza deslumbrante de un torero pletórico, virtuoso, sobre la calidad descomunal de un toro de Núñez del Cuvillo llamado Ganador. Un Stradivarius que había que saber tocar con el magisterio del más puro y genuino Talavante. El pañuelo azul engrandeció en justicia la bravura y los dos blancos, el toreo.

La obra fue un compendio de sutilezas. Una armonía continua a veces sin solución de continuidad. Un juego de muñecas, vuelos y naturalidad. La mano derecha de Alejandro Talavante dibujaba redondos con parsimonia, encadenados, rítmicos, y los cambios de mano explotaban las series con una belleza sideral. Madrid bramaba como un volcán. La izquierda mítica de Talavante resurgía de un tiempo vago con una pureza mayúscula. Hubo un embroque mágico en todo, fluido y suave, una magia sin trucos. Los interminables pases de pecho o los molinetes zurdos abrochaban al alza y elevaban los oles al cielo. Incluso cuando jugó a cambiarse la muleta por detrás, en semi luquecinas, le salió perfecto. El epílogo de faena desprendió elegancia, por bajo, hacia tablas. 

Cayó un aviso por esa senda de gloria. Ganador seguía con estirándose con la elasticidad bíblica, la humillación fantástica y el mismo ritmo, el mismo son, saliendo siempre de los vuelos en un planeo inaudito a estas alturas. La estocada fue plena, de muerte lenta, pero exacta.

A las 20.25 renacía Alejandro Talavante sobre la excelencia de Ganador, el mejor Talavante, quiero decir. Y 10 minutos después abría la Puerta Grande con la plaza extasiada, en un solo clamor. No dudó la presidencia ni en conceder las dos orejas ni en otorgar la vuelta al ruedo en el arrastre al soberbio toro de Núñez del Cuvillo, que sostuvo el ritmo, la bravura sedosa, la clase absoluta en una faena esférica. 

La feria de San Isidro 2026 comenzaba exactamente igual que la de 2025, con Talavante a hombros, sólo que esta vez con la verdadera rotundidad de los viejos tiempos.

Tristán Barroso había confirmado su alternativa en los albores de la tarde con Ventoso, uno de los cuatro cinqueños de la notable corrida de Núñez del Cuvillo. Un toro bajo, recortado, tocado arriba de pitones, apretado, un buen toro por fuera y por dentro, con lo preciso. O sea, para 20 o 25 pases buenos.

Tristán salió muy dispuesto desde el ajustado quite por chicuelinas y el principio de faena de rodillas, no demasiado conveniente. Toreó sin un reproche técnico, enganchando y llevando, limpio y ligado, pero... Dos tandas de derechazos pulcros; otras tandas de naturales bien trazados. Y todo lo demás fueron minutos sobrantes hasta el aviso, con el toro a menos y la obra también. Las arlesinas finales -esa especie de bernadinas sin ayuda- no alegraron nada. Perdió el animal una mano en la suerte suprema y el toricantano perdió pie, pinchando en los bajos. La estocada fue casi por la misma parte. Otro aviso. Cinco descabellos. Silencio.

Y en el último toro, brindado a Talavante, salió a darlo todo. No había otra. La voltereta en el arranque de faena, de rodillas y por cambiados, estremeció la plaza. El serio y descarado cuvillo tuvo bravura profunda, muy seria también. Tristán creció, toreó a tumba abierta y logró levantar, por momentos, la fecha de su confirmación. Pero la espada enterró su denuedo y su férrea voluntad. Sólo con eso es difícil funcionar. Lote de oreja y oreja.
De los seis toros de Núñez del Cuvillo, hubo dos lunares -segundo y tercero- que penalizaron un conjunto de categoría. No debieron pasar el reconocimiento. Sin fuerza, además. Uno pegajoso, incómodo, soltando la cara por pura impotencia; otro con algo en la vista para rematar su cara de vaca vieja. Acabó echándose. Un petardo. Sin embargo, el quinto, un jabonero espléndido, peleó por el honor de la divisa. Bravo también. Buen toro. A Juan Ortega se le amontonó por lo mismo de siempre: no engancha las embestidas. Una primera serie más mandona, estética, tuvo la contrariedad de mostrar el toro a la gente, importante por el pitón derecho. No es estancamiento lo suyo, es regresión. Ese toro en Madrid es una ruina. Así no se puede andar. Tan amontonado en todo. Un hermoso quite por chicuelinas y un principio de faena luminoso no le salvan de nada.
 
Alejandro Talavante, el genuino, volaba por la Puerta Grande, ya cerca de las diez de la noche, sobre la excelencia de Ganador.
 
Ficha
MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Viernes, 8 de mayo de 2026. Primera de feria. Lleno de «No hay billetes». Toros de Núñez de Cuvillo, cuatro cinqueños (1º, 2º, 5º y 6º); serios y hechurados con los lunares de 2º y 3º, impresentables y, además, desfondados de poder y bravura; excelente el 4º, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre; bueno con lo justo el 1º; destacaron también 5º y 6º.

ALEJANDRO TALAVANTE, DE BLANCO Y PLATA CON CABOS NEGROS. Estocada atravesada (silencio); estocada. Aviso (dos orejas). Salió a hombros por la Puerta Grande.

JUAN ORTEGA, DE CELESTE Y PLATA. Tres pinchazos delanteros y estocada (silencio); pinchazo y estocada (silencio).

TRISTÁN BARROSO, DE AZUL COBALTO Y ORO. Pinchazo bajo y estocada baja y cinco descabellos. Dos avisos (silencio); dos pinchazos y estocada (silencio).

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