Por Germán D' Jesús Cerrada
La Plaza de Toros de las Arenas, emplazada en la estratégica Plaça d'Espanya de Barcelona, constituye uno de los ejemplos más fascinantes de transformación urbana y arquitectónica de la ciudad condal, pasando de ser un templo de la tauromaquia hispana a convertirse en un vibrante centro de ocio y comercio.
Inaugurada el 29 de junio de 1900, la plaza fue proyectada por el reconocido arquitecto Augusto Font i Carreras, quien concibió la obra bajo un elegante y depurado estilo neomudéjar. Su fachada circular, caracterizada por la finura del trabajo en ladrillo visto, los arcos de herradura y los motivos ornamentales de inspiración árabe, se convirtió de inmediato en un icono monumental de la Barcelona de principios del siglo XX.
Con una capacidad cercana a los 15.000 espectadores, Las Arenas no solo acogieron jornadas gloriosas del arte de Cúchares, sino que funcionaron como un verdadero espacio multidisciplinar por el que pasaron multitudinarios mítines políticos durante la época de la Mancomunidad y el auge del sindicalismo, así como veladas de boxeo, grandes funciones circenses, partidos de tenis y memorables conciertos.
A pesar de su rica trayectoria, el auge de la cercana Plaza Monumental y los cambios en las preferencias de la afición barcelonesa provocaron un progresivo declive en la actividad taurina de Las Arenas durante los años setenta.
De esta forma, el domingo 19 de junio de 1977 la plaza vistió el traje de luces por última vez para celebrar un festejo histórico que terminaría convirtiéndose en la despedida definitiva de las corridas de toros en su ruedo.
En aquella tarde estival se lidió un encierro de la ganadería de María Antonia Laada, de desigual juego y presencia, para una terna encabezada por la figura indiscutible de Santiago Martín "El Viti", escoltado por la sobriedad de José Manuel Inchausti "Tinín" y el dinamismo de Alfonso Galán.
El desarrollo del festejo dejó destellos del alto nivel taurino que siempre caracterizó al coso. Santiago Martín "El Viti", en el tramo final de su laureada carrera, dictó una lección de temple, magisterio y dominio en el toro que abrió plaza, cortando la única oreja de la tarde tras una certera estocada y dando una aclamada vuelta al ruedo; en su segundo, cuarto de la tarde, resolvió con solvencia y firmeza ante un astado reservón, saludando desde el tercio.
Por su parte, José Manuel Inchausti "Tinín" firmó pasajes de notable mérito por el pitón derecho en el segundo de la tarde, cobrando una cálida vuelta al ruedo tras petición, mientras que en el quinto escuchó silencio tras atascarse con los aceros ante un toro complejo.
Cerró el cartel Alfonso Galán, quien cuajó una entonada actuación en el tercero con petición de oreja no concedida y vuelta al ruedo, y se entregó al máximo en el sexto toro de la tarde —el último que saltó a la arena en la historia del recinto—, escuchando palmas de reconocimiento tras fallar al matar.
Al concluir la lidia, la terna abandonó la plaza a pie entre los aplausos del respetable, sin que los presentes presagiaran que el silencio taurino se apoderaría del inmueble para siempre.
Tras ese 19 de junio de 1977, el recinto cayó en un largo letargo durante las décadas de 1980 y 1990, siendo utilizado esporádicamente para eventos itinerantes hasta su clausura total.
Sin embargo, a finales de los noventa se gestó un audaz proyecto de rescate arquitectónico para impedir su demolición y devolver la estructura a la vida social de Barcelona.
El diseño fue encomendado al prestigiado arquitecto británico Richard Rogers en colaboración con el estudio Alonso Balaguer & Arquitectos Asociados.
La intervención supuso un prodigio de la ingeniería moderna: entre los años 2004 y 2009, la monumental fachada neomudéjar original de 1900 fue levantada hidráulicamente sobre gatos para vaciar el interior y excavar varios niveles de sótano, logrando edificar un complejo totalmente contemporáneo sin alterar el anillo exterior histórico.
Inaugurado en marzo de 2011 como Centro Comercial Arenas de Barcelona, el edificio cuenta con más de 100.000 metros cuadrados distribuidos en seis plantas con tiendas, multicines y espacios culturales. Su elemento más distintivo es la inmensa cúpula de madera que corona el recinto, de 27 metros de altura y 90 metros de diámetro, una de las mayores de Europa. Hoy en día, la cubierta alberga un mirador panorámico de 360 grados y un concurrido anillo gastronómico desde donde se divisan unas vistas espectaculares de la Plaça d'Espanya y la montaña de Montjuïc, perpetuando el legado de un edificio centenario que supo reinventarse sin perder la huella de su historia.








