Con hondo pesar informamos sobre el sensible fallecimiento en la ciudad de Tovar del apreciado colega, amigo y referente del periodismo regional y nacional, Leopoldo Ramírez Márquez, a la edad de 80 años.
Desde la dirección y el equipo redaccional de Notiferias, expresamos nuestras más sentidas palabras de condolencia a su abnegada esposa Nora Amaral, a sus hijos, familiares, amigos y a la gran familia del periodismo del estado Mérida y de toda Venezuela por tan irreparable pérdida.
Su última foto por las calles de Tovar
Hace muy poco tiempo rendimos tributo a su fructífera trayectoria a través de una semblanza que hoy, ante su partida al encuentro con el Creador, adquiere un significado aún más entrañable y se convierte en nuestro humilde homenaje a su memoria:
Leopoldo Ramírez Márquez: medio siglo de periodismo, el sentir de su pueblo y el lente de la farándula venezolana e internacional
Hablar del periodista Leopoldo Ramírez Márquez es adentrarse en las fibras mismas de Tovar, recorrer sus calles de ayer, respirar sus costumbres vivas y evocar el eco de una época dorada donde la noticia, la música y el arte se cruzaban en un solo andar. Con exactamente cincuenta años de impecable trayectoria periodística, este tovareño ejemplar llevó tatuado en su ser el amor por su pueblo y su gente, combinado con una inigualable complicidad con el mundo del espectáculo nacional e internacional, que lo consagró con orgullo como el profesional de los medios más fotografiado junto a las grandes luminarias del continente.
La historia comenzó un 23 de octubre de 1945 en el Hospital San José, ubicado en el entrañable barrio El Corozo de Tovar. Allí creció forjando su identidad entre los pupitres del Grupo Escolar Coronel Rangel y, más tarde, bajo las exigentes aulas del Liceo Félix Román Duque. Fue durante su juventud liceísta, entre 1966 y 1970, cuando su innata vena artística floreció por primera vez en público al sumarse a la agrupación musical "Los Rítmicos". Con ellos interpretaba sentidos boleros y rancheras, y se convirtió en animador indispensable de las serenatas locales, tocando el cuatro y la guitarra.
Al mismo tiempo, su mirada aguda encontró un canal de expresión eterno gracias a un curso de fotografía de un año dictado por el profesor estadounidense Robert Smith, miembro de los Cuerpos de Paz, sembrando la semilla de lo que sería una vida detrás y delante del obturador, registrando la esencia de su tierra y sus personajes.
En 1970, buscando ensanchar sus horizontes, Leopoldo empacó sus sueños y viajó a la capital de la República para ingresar a las aulas de la Universidad Central de Venezuela.
Tras culminar formalmente sus estudios de periodismo en 1977, el destino le otorgó su verdadero bautizo de fuego académico e institucional al ingresar como redactor de noticias en el Palacio de Miraflores en agosto de ese mismo año.
Bajo la dirección del también tovareño Nicolás Rondón Nucete en el Departamento de Prensa, Leopoldo pasó sus primeros seis meses seleccionando minuciosamente los cables de agencias internacionales como Associated Press, United Press International, France Presse, EFE y Prensa Latina, un ejercicio riguroso que afinó su olfato informativo antes de lanzarse a la redacción oficial de las actividades presidenciales.
Pronto pasó a liderar equipos periodísticos en giras nacionales e internacionales, acompañando con celo profesional a los mandatarios Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins. En el palacio presidencial aprendió que la palabra escrita equivalía a un documento oficial y que la presión era un habitante más de los pasillos, compartiendo anécdotas con veteranos del oficio.
De aquellos días de intrigas y alta responsabilidad, recordaba con nitidez la frase que le soltó un viejo colega de redacción: "A nosotros nos pagan no por lo que escribimos, sino por lo que dejamos de escribir".
Su lealtad a la provincia y a su amada Tovar jamás flaqueó.
Estando en el corazón del poder político, Leopoldo se las ingeniaba para transmitir tubazos informativos de trascendencia nacional a Radio Occidente de Tovar, tales como el fallecimiento del magnate Eugenio Mendoza o el rescate en Maripa, estado Bolívar, del industrial estadounidense William Niehous el 29 de junio de 1979. De su trato con el presidente Pérez atesoró siempre la cordialidad de su despedida del poder, cuando en un almuerzo ofrecido al grupo de prensa les aseguró con desparpajo que si el nuevo gobierno los removía, ya había coordinado con Gustavo Cisneros para que tuvieran una oportunidad en Venevisión.
Paralelamente a su andar civil, la vibrante vida cultural y las tradiciones de su pueblo marcaron su estética y su sensibilidad humana, lo que le permitió conectar de manera única con el alma de los artistas. Es precisamente su estrecha e histórica relación con la farándula lo que le otorgó un brillo singular a su archivo personal.
Leopoldo Ramírez Márquez posee el privilegio de haber sido uno de los periodistas venezolanos más fotografiados con estrellas del espectáculo, habiendo entrevistado y posado junto a las leyendas musicales más grandes de nuestra lengua.
En su impresionante colección de vivencias y retratos resplandecieron figuras de la talla de Renato Capriles, Billo Frómeta, Cheo García, Memo Morales y Roberto Antonio; ídolos internacionales que marcaron época en la televisión y los escenarios venezolanos como Raphael, Juan Gabriel, Vicente Fernández, Leo Dan, Armando Manzanero y el inolvidable Daniel Santos; así como los próceres de nuestro folklore Simón Díaz y Reinaldo Armas. Incluso el humor de América Latina quedó registrado en su lente al compartir con Roberto Gómez Bolaños "Chespirito" y Florinda Meza. De todas sus andanzas artísticas, ninguna superó la profunda huella que dejó en su corazón la cantante española Rocío Dúrcal, quien con su sencillez, dulzura y pulcritud de trato lo cautivó para siempre durante una entrevista.
Toda esta impecable y fructífera trayectoria le hizo merecedor de importantes reconocimientos a nivel local y nacional, entre los que destacan el Premio Municipal de Periodismo en Tovar, la Orden al Trabajo, la Orden Don Tulio Febres Cordero y la honrosa distinción de Ciudadano Ilustre de Tovar.
Hasta sus últimos días, el veterano comunicador se mantuvo firme en su pasión, llevando la farándula por dentro y el orgullo tovareño en el habla.
Su voz acarició por décadas las ondas hertzianas a través de la radiodifusión, manteniendo vivo el contacto con sus oyentes mediante su programa dedicado a la música venezolana y mexicana.
Leopoldo Ramírez Márquez encarnó, en definitiva, el espíritu inquebrantable del periodista que supo registrar la historia grande de la nación y el brillo de sus estrellas, sin perder jamás el pulso, la sonrisa ni el profundo amor por su pueblo y su gente.
Paz a su alma y consuelo a sus seres queridos.
Germán D' Jesús Cerrada
Director de Notiferias