Vista panoramica de Merida a finales de los años 50. Fotografia Casa del Turista. Banco de Imágenes de Los Andes
Por Germán D' Jesús Cerrada
Este 9 de octubre, Mérida arriba a 468 años de fundada envuelta en un sentimiento de profundo amor, pero también de inevitable nostalgia.
La querida ciudad de los estudiantes y de las nieves eternas llega a este nuevo aniversario confrontando un contraste doloroso entre la grandeza de su origen y la dura realidad que atraviesan sus calles y su gente.
Catedral de Mérida, plaza Bolívar, foto de K. Weidmann, Banco de Imagenes de Los Andes Venezolanos
La historia del nacimiento de Mérida es insólita en la conquista hispana. Fundada inicialmente el 9 de octubre de 1558 por el capitán español Juan Rodríguez Suárez en el valle de San Juan de Lagunillas, la ciudad nació en un acto desprovisto de la autorización formal de la Real Audiencia de Santafé.
Por este motivo, el acto fue considerado desacatado y le costó a Rodríguez Suárez una persecución judicial.
Derrumbre de la Casa de Gobierno y la carcel. Col. Biblioteca Febres Cordero, Banco de Imagenes de Los Andes Venezolanos
Ante esta irregularidad, al año siguiente, el 12 de julio de 1559, el capitán Juan de Maldonado fue enviado para reubicar la ciudad en las Pampas de la Parroquia, completando posteriormente en 1560 su traslado definitivo sobre la hermosa meseta de los Tatuyes, entre los ríos Chama y Albarregas, donde hoy se erige.
Procesión de la Virgen de Coromoto en los años 60. Fotografia Casa del Turista, Banco de Imagenes de los Andes Venezolanos
A lo largo de ese proceso itinerante, el poblado recibió denominaciones como Santiago de los Caballeros de Mérida, Mérida en Tierra de Jamuen y San Juan de las Nieves, prevaleciendo al final el homenaje a la Mérida de Extremadura en España.
Con el paso de los siglos, aquella meseta habitada por comunidades indígenas como los Tatuyes y los Chamas se transformó en el gran faro cultural e intelectual de los Andes venezolanos.
Construccion de la avendida Gonzalo Picon. Col. Biblioteca Febres Cordero, Banco de Imagenes de Los Andes Venezolanos
La consolidación de la Universidad de Los Andes convirtió a la urbe en un centro donde el conocimiento, la juventud y la vibrante vida universitaria definieron su esencia misma.
Sin embargo, a sus 468 años, Mérida padece sombras que oscurecen su transitar cotidiano. La Universidad de Los Andes, alma y motor de esta tierra, se encuentra profundamente diezmada; la asfixia salarial y la falta de oportunidades han forzado a profesores y estudiantes a emigrar, dejando aulas semivacías y despojando a la ciudad de ese ímpetu juvenil que siempre la caracterizó, porque Mérida sin estudiantes simplemente no es Mérida.
Celebracion Civica religiosa en los años 60. Fotografia Casa del Turista. Banco de Imagenes de Los Andes Venezolanos.
La ULA, que pronto tendrá nuevas autoridades universitarias, necesita imperiosamente de un presupuesto justo y del respeto y cumplimiento pleno de su Autonomía universitaria.
Su planta física y estructura requieren presupuestos especiales para su mejora y mantenimiento, mientras que los laboratorios de sus distintas facultades exigen una pronta renovación técnica que les permita estar al día con los adelantos científicos contemporáneos.
El aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida en sus dorados, 1973. Vista de la rampa con aeronaves Convair de AVENSA y una multitud de pasajeros, foto @germandjc
A ello se suma el colapso generalizado de los servicios públicos, con prolongados cortes eléctricos de hasta ocho horas diarias, deficiencias graves en el suministro de agua potable, semáforos obsoletos y vías deterioradas por los huecos.
Asimismo, el servicio de transporte público urge de una profunda renovación, pues la mayoría de las unidades son viejas y destartaladas, lo que dificulta el traslado diario. Esta situación se agrava ante una economía local ahogada donde el costo de la vida resulta inaguantable para los merideños y conseguir un empleo digno se ha vuelto una tarea sumamente cuesta arriba.
El viejo teleférico de Mérida, que estuvo a punto de ser vendido como chatarra a México en el año 59, foto GermánDjc
Ante este panorama, el motor turístico de Mérida requiere de una acción conjunta e inmediata para fortalecerlo. Sus insustituibles recursos naturales son orgullo indiscutible de los merideños y un imán permanente para los visitantes, pero la ciudad no puede vivir turísticamente de manera exclusiva de su imponente teleférico, el más alto y largo del mundo. Se necesitan mejoras integrales en sus atractivos turísticos y el otorgamiento de créditos e incentivos financieros para renovar la infraestructura hotelera.
A la par de estas medidas, es urgente que el Aeropuerto Alberto Carnevali sea reactivado plenamente para los vuelos comerciales continuos; este terminal aéreo brindó siempre un servicio dinámico con múltiples operaciones diarias que conectaban a la región, por lo que su reapertura plena beneficiará tanto al sector turístico como a todos los merideños.
La Plaza Monumental Román Eduardo Sandia de Mérida, registro de un lleno hasta la bandera en el año 1974. Foto GermánDjc
De esta manera, resulta sumamente vital consolidar la Feria Internacional del Sol, una celebración emblemática que dinamiza y promueve valiosos recursos económicos para diversos sectores locales. Sus tradicionales corridas de toros atraen a miles de turistas que impulsan de forma directa el motor económico de la región. Para reactivar con fuerza esta festividad, es imprescindible lograr la unión del municipio Libertador, el gobierno estadal, el ejecutivo nacional, la empresa privada y la sociedad merideña.
A pesar de las adversidades que hoy la aprisionan, el espíritu de la Ciudad de los Caballeros sigue vivo en la memoria de sus habitantes. Recordar su historia libertaria, taurina, turística y universitaria no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un recordatorio de la dignidad y la fortaleza de una tierra que sabrá reencontrarse con su destino de luz y conocimiento.