Juan Belmonte. Foto: Archivo.
Víctor Ramírez "Vitico"
El domingo 8 de abril de 1962 España y todo el mundo taurino se vio sacudida por una infausta noticia: Juan Belmonte se quitó la vida por su propia mano en su Cortijo de "Gómez Cardeña".
Tenía tiempo enfermo, Belmonte había perdido también a grandes amigos entre ellos a Rafael Gómez "El Gallo", se dice que le atormentaba un amor no correspondido.
Con todos esos atenuantes el gran Juan pasaba el tiempo entre toros bravos, recordado y seguramente añorando su glorioso pasado junto a Joselito El Gallo, su rival pero también su amigo del alma.
La terna más importante de la Edad de Oro: Rafael Gómez "El Gallo" , Joselito y Juan Belmonte. Foto: Serrano.
Sólo Juan y José saben lo mucho que vivieron juntos, esas largas conversaciones en los trenes en mitad de la noche rumbo a las ciudades y ferias donde toreaban.
Juan Belmonte creció en pobreza, la quincallería de su padre no daba para mucho, trabajó de peón en las obras de Tablada antes de emprender sus inicios en la tauromaquia incluso toreando de noche haciendo "la luna".
Sus primeras tardes no fueron de éxito, en Sevilla en 1911 vivió un fracaso rotundo escuchado cinco avisos hasta el punto de querer arrojarse a los pitones de un novillo en señal de desesperación.
Pero Belmonte era un predestinado y tras dos nuevas y desesperadas oportunidades en Castellón y Valencia, siendo sólo sobresaliente en la primera, resurgió cual ave fénix hasta triunfar de forma apoteósica en Sevilla con una novillada de Tovar.
El natural de Belmonte. Foto: Archivo.
Juan y José se vieron en un patio de cuadrillas por primera vez en Cádiz el 22 de agosto de 1912 para matar un encierro de Miura.
Joselito cortó las orejas pero Juan, volteado y magullado también salió a hombros por unos lances inverosímiles a uno de sus novillos. Era el primer aviso para Joselito. Así empezó una rivalidad tremenda en los ruedos, con Belmonte siguiendo la estela del poderoso Joselito, al principio sin mucha regularidad pero cuajando las suficientes faenas para alimentar su leyenda.
A medida que fue toreando, Belmonte fue concretando sus avances técnicos, mejorando y depurando su toreo, del que eran famosos su media verónica, el natural y el molinete entre otras cosas claro. Incluso Juan se dejaba llevar por Joselito en los asuntos de despachos y política taurina, siempre que había algo por resolver o detalles por cerrar si le preguntaban su postura o decisión, Belmonte respondía "Lo que diga José" confiando plenamente en que lo que decidiera Gallito era lo mejor para todos.
Joselito y Juan Belmonte. Foto: Alfonso.
Los intelectuales de su época no escaparon de la enorme influencia de Belmonte y le rindieron un homenaje caluroso lleno de admiración de allí la famosa frase de Valle Inclán "Juanito sólo te falta morir en la plaza" a lo que Belmonte respondió "se hará lo que se pueda Don Ramón".
La leyenda de Juan no hacía más que empezar y faenas a toros como "Tallealto" de Contreras el 2 de mayo de 1914 y la histórica realizada a "Barbero" de Concha y Sierra el 21de junio de 1917 son sólo dos de las grandes joyas que el "Pasmo de Triana" le regaló al toreo.
Muchos años estuvo en la cumbre del toreo, incluso toreó como rejoneador y fue ganadero. Sus últimos días los pasó añorando esos intensos momentos, recordando a Joselito de quien decía que le ganó la partida en Talavera, Belmonte en el ocaso de un genio, quiso pasar de plano por mano propia hace 64
La media verónica belmontina. Foto: Serrano.
En el camino a su tumba en el cementerio de San Fernando el cortejo fúnebre se detuvo unos instantes frente al mausoleo de los Gallo, donde descansan Rafael, José e Ignacio Sánchez Mejías quienes tantas tardes hicieron el paseíllo con él. Mágico momento donde por un instante volvieron a estar juntos. Juan Belmonte, leyenda viva sigue vigente entre todos los que vivimos enamorados de un arte del que Belmonte fue máximo exponente.
Belmonte hoy, mañana y siempre, torero de toreros...