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El País
Venezuela enfrenta una crisis eléctrica estructural agravada este año por el fenómeno de El Niño, con racionamientos que duran entre 6 y 11 horas diarias en varias regiones. La situación, comparable a la de 2009, ha provocado cierres de negocios, protestas y un impacto severo en la salud y la economía, especialmente en zonas petroleras como Maracaibo, donde casi el 40% de los comercios han cerrado.
• Solo el 10% de los venezolanos vive actualmente sin cortes de luz, lo que afecta el sueño y el funcionamiento industrial.
• El Gobierno atribuye parte del problema a la sequía y ha firmado acuerdos con General Electric e Impsa para recuperar capacidad instalada y completar obras hidroeléctricas.
• Las restricciones incluyen horarios reducidos para la administración pública y centros comerciales, mientras se intenta estabilizar un sistema que produce menos de la mitad de su capacidad.
Los días de Sonia Soto tienen seis horas menos. Son las que pasa sin luz. En las que solo quiere encerrarse en el baño de su casa a llorar. “Esto es muy difícil, es algo que te angustia y te deprime, es un colapso mental”, cuenta por teléfono la mujer de 62 años desde Maracaibo, la principal ciudad petrolera del país y uno de los motores de la economía nacional, que vive desde hace años inclementes racionamientos de electricidad por una infraestructura averiada por la corrupción y la falta de inversión y mantenimiento.
Aunque pudiera pensarse que los racionamientos no pueden ser peores, este año se ha demostrado que sí. Se han extendido en horas y en regiones, en imprevisibilidad, y ocurren en un país más cansado, que algunas noches de este mes ha salido en medio de la oscuridad a protestar y bloquear vías en poblados como Turmero y Valencia, ciudades industriales del centro del país.
Los días de Sonia Soto tienen seis horas menos. Son las que pasa sin luz. En las que solo quiere encerrarse en el baño de su casa a llorar. “Esto es muy difícil, es algo que te angustia y te deprime, es un colapso mental”, cuenta por teléfono la mujer de 62 años desde Maracaibo, la principal ciudad petrolera del país y uno de los motores de la economía nacional, que vive desde hace años inclementes racionamientos de electricidad por una infraestructura averiada por la corrupción y la falta de inversión y mantenimiento.
Aunque pudiera pensarse que los racionamientos no pueden ser peores, este año se ha demostrado que sí. Se han extendido en horas y en regiones, en imprevisibilidad, y ocurren en un país más cansado, que algunas noches de este mes ha salido en medio de la oscuridad a protestar y bloquear vías en poblados como Turmero y Valencia, ciudades industriales del centro del país.
El problema es estructural, pero el Gobierno ha argumentado que el fenómeno climático de El Niño, que inició en agosto con una tendencia de sequías fuertes y altas temperaturas en Venezuela, le ha obligado a tomar medidas extraordinarias. Se han ampliado las horas de cortes diarios, que en promedio van de entre 6 a 11 horas en varias regiones del país; se establecieron horarios reducidos para la administración pública en algunas ciudades y, esta semana, han acordado con los centros comerciales dos bloques de racionamiento diarios.
La situación recuerda a la emergencia eléctrica de Hugo Chávez en 2009, cuando el embalse de Guri —que a través de su hidroeléctrica alimenta al 70% del país— bajó de nivel por una sequía severa. La crisis intentó ser resuelta entonces con la compra de plantas termoeléctricas a través del empresario Alejandro Betancourt y su empresa Derwick, que nuevamente ha reaparecido para hacer negocios con el Gobierno en el sector petrolero. Betancourt obtuvo entonces 11 contratos de los que se denunció sobreprecio y con los que se trajeron equipos que al poco tiempo fallaron.
La situación recuerda a la emergencia eléctrica de Hugo Chávez en 2009, cuando el embalse de Guri —que a través de su hidroeléctrica alimenta al 70% del país— bajó de nivel por una sequía severa. La crisis intentó ser resuelta entonces con la compra de plantas termoeléctricas a través del empresario Alejandro Betancourt y su empresa Derwick, que nuevamente ha reaparecido para hacer negocios con el Gobierno en el sector petrolero. Betancourt obtuvo entonces 11 contratos de los que se denunció sobreprecio y con los que se trajeron equipos que al poco tiempo fallaron.
Así fue como los apagones se convirtieron en el día a día, y el ruido sordo de las plantas eléctricas en el sonido ambiente en muchas ciudades.
En esa crisis, el chavismo obligó a que los centros comerciales autogeneraran su energía y redujeran sus horarios de funcionamiento. Hoy, gran parte de estos establecimientos tienen plantas propias.
Los que no las tienen sufrirán racionamiento de ocho horas al día, entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde, y de las 6 de la tarde hasta las 10 de la noche. Los que sí tienen recibirán a sus usuarios sin aire acondicionado y con las escaleras mecánicas apagadas.
El plan de ahorro durará al menos dos meses. En 2009, por ejemplo, también se ordenó apagar las luces y avisos luminosos publicitarios en la capital. Pero la Caracas de ahora se ha llenado de pantallas LED en las que el Gobierno difunde propaganda.
Aunque la capital suele estar exenta de racionamiento, las fluctuaciones de luz las padecen todos por igual y varias veces al día. La Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano de 2025 encontró que vivir sin cortes de luz es un lujo que solo puede darse el 10% de los venezolanos. En las regiones el problema es crónico.
Hace casi diez años Sonia renunció a su cargo como encargada de una farmacia en Maracaibo. Los apagones no la dejaban trabajar. En casa montó una pequeña bodega en la que vende refrescos y helados de hielo granizados, los populares cepillados zulianos. Lucha en una de las ciudades más calientes de Venezuela para que los cepillados con los que la gente se refresca no se derritan con cada apagón.
Hace poco emprendió con un local de arepas y hace malabares para mantener los ingredientes congelados, mientras casi el 40% de los negocios en su ciudad han cerrado este año por los apagones y la crisis económica, según la Cámara de Comercio de Maracaibo. Pero no es eso lo que más le quita tranquilidad a Sonia.
De día, cuando está en su restaurante, no deja de preguntar a su familia en casa si ya se ha ido la luz. Es en la noche cuando más se resiente el corte de luz.
“Que justo cuando llegues a tu casa a descansar no haya luz es lo peor. No puedes dormir por el calor; si abres las ventanas, entra la plaga. Uno no quiere quejarse, pero lo que uno siente es desolación”, cuenta Sonia con la casa a oscuras. Hace días, la organización Climate Central, dedicada al estudio del cambio climático, publicó un informe en el que ubica a Maracaibo entre las ciudades de América Latina donde más horas de sueño se pierden al año por el calor: un total de 91 horas anuales. Esta situación también está relacionada con los constantes apagones y fallas eléctricas que impiden el uso de aires acondicionados y destruyen el descanso nocturno. Sonia, por ejemplo, toma pastillas para dormir porque dice que tiene el ciclo de sueño alterado.
“Que justo cuando llegues a tu casa a descansar no haya luz es lo peor. No puedes dormir por el calor; si abres las ventanas, entra la plaga. Uno no quiere quejarse, pero lo que uno siente es desolación”, cuenta Sonia con la casa a oscuras. Hace días, la organización Climate Central, dedicada al estudio del cambio climático, publicó un informe en el que ubica a Maracaibo entre las ciudades de América Latina donde más horas de sueño se pierden al año por el calor: un total de 91 horas anuales. Esta situación también está relacionada con los constantes apagones y fallas eléctricas que impiden el uso de aires acondicionados y destruyen el descanso nocturno. Sonia, por ejemplo, toma pastillas para dormir porque dice que tiene el ciclo de sueño alterado.
En el discurso de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, los megavatios han sustituido a los barriles de petróleo. Las grandes inversiones petroleras para aumentar la producción de crudo de las que se viene hablando desde la intervención militar de Estados Unidos del 3 de enero y el inicio de la tutela de Washington no han terminado de despegar por el lastre del sistema eléctrico. En los campos petroleros viven entre apagones.
Una gerente de Chevron reconocía hace unos meses a los medios que encender un pozo después de un pestañeo de la luz cuesta tiempo y dinero.
También le pasa a Keiner Nava, que trabaja en un negocio que vende agua filtrada embotellada en Puertos de Altagracia, otra ciudad del estado Zulia, en la petrolera costa oriental del Lago de Maracaibo. “Aunque tenemos un generador, es complicado conseguir combustible y se hace muy difícil filtrar el agua cuando se va la luz, porque la planta no puede estar prendida mucho tiempo”, cuenta el trabajador. “Nunca sabemos cuándo se va a ir la luz. Eso hace difícil planificar la rutina. Y a veces nos dan doble racionamiento”, agrega.
El Gobierno firmó en junio un acuerdo con la estadounidense General Electric para la recuperación de 1.000 megavatios en dos años, y 5.000 adicionales en cuatro años. El país tiene una capacidad instalada para 30.000, pero produce menos de la mitad y se queda corto en los picos de demanda. Hace una semana firmó otro convenio con la argentina Impsa para culminar la construcción de la central hidroeléctrica de Tocoma, que iniciaron en 2007 y que dejaron sin terminar, en medio de denuncias de sobrecostos y corrupción. La empresa ahora tiene capital estadounidense y los departamentos de Estado y Energía de Estados Unidos están encima del plan. “Hoy sabemos la afectación que tiene nuestro sistema eléctrico nacional y por eso trabajamos sin descanso en la recuperación”, aseguró Rodríguez en Miraflores durante la firma con Impsa.
Mientras las inversiones se cristalizan en obras para estabilizar el sistema eléctrico, en algunas regiones Corpoelec —la empresa estatal de energía— ha empezado a enviar mensajes de texto a los ciudadanos para avisar de los cortes, o lo que llaman el Plan de Administración de Carga, y las horas de duración, aunque muchos de los avisos llegan bastante después de que todo ha quedado apagado.
“ALERTA: Por demanda ALTA se coordinan bloques de administración de carga con una duración máxima de seis (6) horas en el turno de la tarde”, dice el mensaje que Kellys Gallardo recibe cada día en su teléfono. Vive en Maracay, una ciudad en el centro del país. La mujer de 50 años, que trabaja en una empresa que produce cartuchos de tinta para impresoras, descarga la rabia respondiéndole con quejas al número automático que le escribe. “Los insulto digitalmente, porque lo que me da es rabia”, asegura. Kellys vive los cortes en su lugar de trabajo y luego cuando llega a su casa. Si le agarra la noche sin luz, se desvela. A sus hijos también les tocan los racionamientos en la escuela y ese día su educación también se apaga.
