Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño
Por: Germán D' Jesús Cerrada
Nuestro buen amigo Mauro Rocha Mora arriba este jueves 20 de agosto —aunque parezca extraño— a los 15 años. Sí, pero a los 15 años que le faltan para completar su primer siglo de vida, alcanzando con plena lozanía sus 85 años muy bien vividos.
Mauro nació en Maracaibo cuando su padre, el respetado farmacéutico graduado en la Universidad de Los Andes Dr. Mauro Rocha, trabajaba con el Grupo Belloso.
Tiempo después la familia se trasladó a San Cristóbal, donde cursa parte de su bachillerato en el emblemático Liceo Simón Bolívar, para luego culminar la secundaria como interno en el afamado Colegio San José de los padres jesuitas, aquí en Mérida, donde destacó además como redoblante de su Banda Seca.
Mauro Rocha Mora, su esposa Coromoto y su hijo Alejandro compartiendo un brindis familiar en una bodega portuguesa.
Al ingresar a la carrera de Ingeniería Civil en la ULA, se reencontró con antiguos compañeros y cultivó nuevas amistades que se mantendrían intactas con el paso de las décadas, entre ellos Germán Enrique Uzcátegui, Wenceslao Briceño, Alejo Grisolía, Panchito Mogollón y J.J. Venegas.
Recién titulado de ingeniero, el Concejo Municipal del Distrito Libertador del Estado Mérida —presidido entonces por el Dr. José Vicente Contreras Pernía— le otorgó una beca para realizar estudios de Administración Municipal en el afamado Instituto Brasileiro de Administração Municipal en Río de Janeiro. Hacia esa fascinante metrópoli emprendimos viaje Mauro y mi persona, dispuestos a aprovechar el curso con la máxima dedicación profesional.
En Río nos alojamos en la famosa Rua Barata Ribeiro, en pleno corazón del barrio de Copacabana y a pocos pasos de su legendaria playa. Si bien se estudiaba con intensidad, también nos dábamos tiempo para explorar la efervescente vida nocturna y cultural carioca —¡tan diversa que no logramos conocerla toda!—. El otro gran deleite fue presenciar en el majestuoso Estadio Maracaná los vibrantes partidos de la Copa Guanabara, admirando a las más rutilantes estrellas del fútbol brasileño de la época.
Aprovechamos además para recorrer las principales urbes del país: São Paulo, Belém do Pará, Belo Horizonte y la naciente capital, Brasilia. Al término del seminario, emprendimos un periplo suramericano que nos llevó por Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima y Bogotá, antes de retornar a Mérida.
De vuelta en la ciudad natal, Mauro asumió con brillantez el cargo de Ingeniero Municipal, mientras yo me incorporaba como Secretario Ejecutivo del Instituto de Cooperación y Ayuda Técnica de los Concejos Municipales del Estado Mérida (INCOATE), instituciones donde aplicamos con entusiasmo las herramientas aprendidas en la experiencia brasileña.
Posteriormente, Mauro se desempeñó como Gerente del Banco Obrero y ejerció de forma independiente como ingeniero proyectista y calculista en numerosas obras locales y nacionales.
Fue asimismo Presidente del Capítulo Mérida de la Sociedad de Tasadores de Venezuela, recorriendo buena parte de la geografía nacional en la evaluación de importantes proyectos de infraestructura y ganándose el invariable respeto de colegas y clientes.
Casado con la entrañable Coromoto Burguera Sardi, formó un hermoso hogar del que nacieron tres hijos que les han dado seis nietos. Como todos residen actualmente en los Estados Unidos, Mauro y Coromoto imitan la tradición de los obispos en su visita ad limina al Papa: viajan anualmente al sur de la Florida a pasar largas temporadas junto a su descendencia.
Su hijo mayor, Alejandro, un próspero y reconocido empresario en el competitivo mercado estadounidense, se ha dado el gusto de invitarlos a recorrer Europa, donde además de visitar los íconos del turismo continental, no han dejado de hacer paradas estratégicas por legendarias bodegas para degustar añejos caldos extraídos de reverendas barricas de roble.
En Mérida, Mauro disfruta hoy de un apacible semiretiro en su hermosa casa de la urbanización San Antonio, atendiendo de tanto en tanto compromisos puntuales de su especialidad cuando sus amigos y clientes de siempre se lo solicitan.
Celebración y alegría acompañan estos 85 años del querido Mauro Rocha Mora. Le deseamos de corazón que continúe sumando calendarios rodeado del amor de su familia, rogando a Dios que lo colme siempre de salud, serenidad y prosperidad.
