Sin previo aviso, el tranquilo pueblo agrícola cubano de San Antonio de los Baños estalló en protestas una mañana hace casi cinco años, lo que desencadenó una serie de manifestaciones similares en todo el país que sacudieron al gobierno comunista como nunca antes en décadas.
Frustrados por la escasez crónica de alimentos y medicinas y los largos cortes de energía mientras persistía la pandemia del coronavirus, los manifestantes marcharon por las calles coreando “Patria y Vida”, el título de una canción popular que invierte el lema comunista “Patria o Muerte”.
En entrevistas realizadas en marzo de 2026, Reuters descubrió que la gente recuerda la brutalidad de la última represión, testimonio de la perdurable fuerza del aparato de seguridad cubano. Sin embargo, algunos se apresuraron a culpar a Washington y a las severas sanciones económicas estadounidenses contra Cuba.
Las autoridades cubanas afirman que los encarcelados fueron declarados culpables de delitos como desorden público, resistencia al arresto, robo y vandalismo. Cuba culpa a Estados Unidos de financiar los disturbios y fomentar su propagación, como parte de un complot más amplio para derrocar al gobierno de la isla.
La frustración por los apagones a veces se extiende a las calles.
El lunes (9 de marzo), unos 20 estudiantes se sentaron en las escaleras de la Universidad de La Habana en protesta, exigiendo un plan que les permita regresar a clases, que han sido suspendidas debido a la escasez de combustible.
Mucho antes del 11 de julio, Estados Unidos impuso a Cuba el régimen de sanciones unilaterales más amplio y de mayor duración del mundo, en gran medida con la intención de presionar y desestabilizar al gobierno comunista en nombre de la promoción de la democracia y los derechos humanos.
Producción: Alien Fernández, Anett Ríos y Hugo Monnet – Reuters


