José Tomás atraviesa desde hace años una etapa muy distinta a la de otros grandes nombres del toreo.
Precisamente esa discreción también ha marcado siempre su vida personal. José Tomás nunca ha querido formar parte habitual de la prensa social y ha evitado durante décadas entrevistas, apariciones televisivas y actos públicos alejados del toreo.
Sin embargo, sí se conocen algunos detalles de la historia que vivió junto a Isabel Montes, una mujer completamente ajena al foco mediático y que, según quienes conocen al torero, fue durante años uno de sus grandes apoyos personales. Isabel trabajaba como dependienta en una tienda de fotografía y mantenía una vida muy vinculada a Estepona. Había estado casada con Manuel Hernáez, hijo del fundador de la Hermandad del Amor de la localidad, y estaba muy integrada en las tradiciones del municipio. Todo cambió cuando conoció a José Tomás. A ambos les unían la pasión por la naturaleza, la discreción y la necesidad de proteger su intimidad. La pareja pasó durante años gran parte del tiempo entre Estepona y Galapagar, el municipio madrileño donde creció el torero y donde su familia sigue siendo muy conocida.
José Tomás
«El divo del millón de dólares»
Su dimensión pública terminó convirtiéndolo en un auténtico fenómeno internacional. Durante años fue considerado el torero más admirado y también el mejor pagado del panorama taurino. En México llegó a ser conocido como «el divo del millón de dólares» o «el príncipe de Galapagar», mientras que artistas como Joaquín Sabina viajaban expresamente al país azteca para verlo torear.
En el plano personal, José Tomás e Isabel Montes pusieron fin a su matrimonio hace años, aunque mantienen una relación cordial por el bienestar de su hijo, José Jr. Ambos continúan viviendo cerca el uno del otro y comparten la custodia del menor. Personas cercanas a la expareja aseguran que siguen manteniendo una relación fluida y familiar, aunque sus caminos sentimentales estén separados.
Y si bien nunca le gustó la exposición pública, en los últimos años esa negativa a aparecer se ha vuelto todavía más evidente.




