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Memoria histórica de Las Ventas, por Ángel González Abad y Rosario Pérez
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Pepe Luis Vázquez, en el patio de cuadrillas venteño
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«Poned la gracia más florida en milagroso jardín de Sevilla,
cuajado de flores de alegría; agotad los tropos y las exclamaciones; y
todavía no se habrá expresado justamente lo que Pepe Luis hizo con la
muleta». Intentaba definir Giraldillo,
el crítico de ABC, la faena del Rubio de San Bernardo al tercer toro de
la tarde del 18 de octubre de 1942, en la corrida en que dijo adiós a
los ruedos Marcial Lalanda. Llegaba aquel día el sevillano a Las Ventas
con una reciente alternativa de 1940 y con el reconocimiento ya de
figura del toreo. Para muchos, Pepe Luis fue algo más, mucho más, que la
gracia sevillana. Su toreo, el más puro, profundo y de mayor arte.
Pepe Luis, que se retiró de los ruedos en 1953 con una
fugaz reaparición seis años después, dejó constancia en aquel día
otoñal, a sus 21 años,
de toda su personalidad. Y sentenció Giraldillo –Manuel Sánchez del
Arco–: «Poca cosa sería el gran artista si solo fuera un torerito de
gracia. Le avala esa cabeza privilegiada, ese sentido y sabiduría de todo cuanto hace». Sin más.
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