Coronavirus: qué capacidad tienen realmente los países de América Latina para hacer frente a la epidemia de covid-19
En México las autoridades sanitarias
han estimado el número de camas de cuidados intensivos en hospitales
públicos de todo el país en 3.000.
Arturo WallaceBBC News Mundo
Hospitales de emergencia construidos
a toda velocidad en China, doctores italianos enfrentados al dilema de
qué pacientes priorizar, el gobierno de España que le ordena a la
medicina privada ponerse a su disposición…
El nuevo coronavirus
está suponiendo una dura prueba para los sistemas de salud de los países
más afectados por la epidemia. Y el examen seguramente será todavía más
duro para América Latina.
"La región puede convertirse en la mayor víctima del covid-19", advierte Miguel Lago, director del Instituto de Estudios para Políticas de Salud, IEPS, con sede en Río de Janeiro.
La
razón: América Latina, que de por sí ya tiene un cuadro sanitario mucho
más complejo que el de países como Italia y España, también le destina
muchísimos menos recursos a la salud pública.
Los gobiernos latinoamericanos ya
están tomando medidas para hacer frente a un drástico aumento en el
número de casos de covid-19. Pero, ¿serán suficientes? Y, como resultado, las autoridades sanitarias
latinoamericanas muy seguramente tendrán que hacerle frente al nuevo
coronavirus en condiciones mucho más difíciles que sus similares europeos, que ya han empezado a verse superados por el avance de la pandemia.
"Tenemos
los mismos problemas de los países más desarrollados, que son las
enfermedades crónicas no transmisibles, y también problemas de
enfermedades infecciosas propias de países menos desarrollados. Y además
de eso somos el continente más violento del mundo", explica Lago,
"Pero incluso Brasil, que tal vez tenga el sistema de salud más ambicioso de toda la región, invierte poquísimo en salud pública:
3,8% del PIB en comparación con el 7,9% de Reino Unido, el 8% de España
y el casi 10% de Francia y Alemania. Y eso que Brasil tiene tres o
cuatro veces más población que esos países", le dice a BBC Mundo.
Las medidas de contención tratan de ralentizar el avance del virus para quitarle presión a los sistemas de salud pública.
De hecho, con un gasto en salud per cápita de US$ 1.076 anuales, en 2017 América Latina destinó a salud tres veces menos que los países de la Unión Europea, que en promedio gastan US$3.364 por cabeza, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.
Y
esa cifra incluye al gasto privado, que en aproximadamente un tercio de
los países de la región latinoamericana es de hecho mayor que el gasto
público.
Por eso, para el exministro de Salud de Colombia Alejandro Gaviria, los problemas de capacidad que
ya empiezan a hacerse evidentes en países con sistemas de salud pública
mucho mejor financiados deben poner en perspectiva lo que se puede
esperar, por ejemplo, del sistema de salud de su país.
"No puede pedírsele lo que no pueden hacer los sistemas europeos", le advierte a BBC Mundo.
Gasto en salud en América Latina
País
Gasto per cápita (US$ PPP)
Gasto público (% PIB)
Gasto privado (% PIB)
1. Cuba
US$ 2.486
10,6%
0,5%
2. Chile
US$ 2.229
4,9%
3,2%
3. Uruguay
US$ 2.102
6,4%
2,8%
4. Argentina
US$ 1.917
4,9%
1,9%
5. Panamá
US$ 1.795
4,3%
2,6%
6. Brasil
US$ 1.472
3,8%
5,0%
7. Costa Rica
US$ 1.237
6,2%
2,0%
8. Colombia
US$ 1.039
4,1%
1,8%
9. México
US$ 1.036
3,1%
2,8%
10. República Dominicana
US$ 986
2,5%
3,3%
11. Ecuador
US$ 959
4,2%
4,3%
12. Paraguay
US$ 867
4,2%
3,6%
13. Perú
US$ 681
3,2%
2,0%
14. El Salvador
US$ 583
4,4%
2,5%
15. Nicaragua
US$ 506
4,4%
3,0%
16. Guatemala
US$ 475
1,8%
3,8%
17. Bolivia
US$ 462
4,4%
1,9%
18. Honduras
US$ 395
2,9%
4,1%
19. Haití
US$ 146
0,7%
2,8%
20. Venezuela
US$ 141
1,5%
1,7%
Pero si eso es cierto para el caso de Colombia,
que según las últimas cifras de la OMS tiene un gasto en salud per
cápita muy cercano al promedio de la región. ¿pasa lo mismo con los
países que lo superan ampliamente, como Cuba, Chile, Uruguay o
Argentina?
¿Y qué sucede con aquellos que gastan mucho menos,
como Venezuela, Haití, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador,
Bolivia o Perú? ¿Están necesariamente en una peor situación que sus
vecinos?
Acceso desigual en tiempos de pandemia
La
respuesta no es tan sencilla, entre otras cosas porque el gasto en
salud no es el único indicador a tener en cuenta a la hora de valorar la
capacidad de un país para hacer frente a una epidemia como la del
coronavirus.
Es decir, los países que menos invierten en la salud
de sus habitantes están casi invariablemente en peor situación que los
demás: no en balde la Organización Panamericana de la Salud identificó a
Bolivia, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Venezuela
como los países latinoamericanos "que conllevan más riesgos".
Los expertos ya han advertido que el covid-19 puede
tener consecuencias catastróficas en Venezuela, donde después de años de
crisis el sistema de salud está de rodillas.
Un gasto alto, sin embargo, también puede ser un gasto ineficiente.
Y, además, los recursos no siempre se distribuyen equitativamente.
De
hecho, como bien prueba el ejemplo de Estados Unidos -el país con el
gasto per cápita en salud más alto del mundo- un elevado nivel de gasto
no necesariamente se traduce en un acceso universal a la salud, lo que
constituye un serio problema a la hora de enfrentar epidemias.
Y en el caso latinoamericano lo mismo ocurre con países como Chile, el segundo en gasto per cápita de América Latina pero el 15 en el índice de cobertura universal de la OMS.
Equidad en el acceso a salud en América Latina
País
Índice de de Cobertura Universal en Salud
Gasto de bolsillo como % del gasto en salud
1. Cuba
83
10%
2. Uruguay
80
18%
3. Brasil
79
27%
3. Panamá
79
33%
5. Costa Rica
77
21%
5. Perú
77
28%
5. Ecuador
77
39%
8. Argentina
76
15%
8. Colombia
76
16%
8. El Salvador
76
29%
8. México
76
41%
12. República Dominicana
74
45%
12. Venezuela
74
63%
14. Nicaragua
73
33%
15. Chile
70
34%
16. Paraguay
69
44%
17. Bolivia
68
25%
18. Honduras
65
49%
19. Guatemala
55
54%
20 Haití
49
40%
Parte del problema es que si bien en América
Latina hay numerosos sistemas de salud que tienen como objetivo
declarado la cobertura universal -incluyendo al chileno- en la práctica
persisten numerosas barreras.
Y una
particularmente importante es la altísima proporción de los gastos de
bolsillo como porcentaje del gasto total en salud que se observa en la
mayoría de países de Latinoamérica.
Los pagos directos que se
hacen para acceder a servicios no incluidos en los planes de cobertura
de los diferentes tipos de seguros, o compensar por la falta de calidad,
integralidad u oportunidad de los que ofrece la sanidad pública, impiden o retrasan la atención, además de hacerla más costosa para las personas y el sistema.
Y ayudan a entender por qué la Organización Panamericana de la Salud estima que un 30% de la población de la región no tiene acceso a atención de salud debido a razones económicas.
Las barreras económicas hacen que aproximadamente
tres de cada 10 latinoamericanos no pueda acceder a servicios de salud.
Esto es relevante en el caso del coronavirus porque,
como explica el Dr. Ernesto Gozzer, experto en seguridad sanitaria de
la Universidad Peruana Cayetano Heredia, "si la gente no va a tratarse,
porque le sale demasiado caro, las posibilidades de contagio se
multiplican".
"La inequidad en general y la inequidad en el acceso a los servicios de salud contribuyen tanto a facilitar la transmisión de una epidemia como a aumentar el impacto negativo de la misma", le dice a BBC Mundo.
Y
las barreras que la alientan no son sólo económicas: según la misma
OPS, un 21% de los latinoamericanos también renuncia a buscar atención
en salud debido a barreras geográficas.
Unas barreras que, por el
contrario, no serán capaces de detener al virus, lo que hace que las
desigualdades que también existe entre los diferentes países
latinoamericanos también le plantearán problemas a los mejor preparados.
Con pocas camas
Todo
esto debe tenerse en cuenta a la hora de valorar las capacidades
instaladas en los países latinoamericanos, que ya de por sí se anuncian
insuficientes para hacer frente a una epidemia como la del coronavirus.
Significa que, por sí solos, los números totales de doctores, hospitales o equipos disponibles no son una forma adecuada de medir acceso efectivo.
Y
eso pinta un panorama todavía más desalentador para una región en la
que solo tres países -Cuba, Argentina y Uruguay- superan el promedio
global de camas hospitalarias de 27 por cada 10.000 habitantes.
Capacidad hospitalaria de América Latina
País
Camas de hospital por 10.000 habitantes
Camas en UCIs por 10.000 habitantes (2006) +
Porcentaje de camas en UCIs en hospitales públicos (2006) +
1. Cuba
52
Nd
Nd
2. Argentina
50
2,9 (0,45)
76%
3. Uruguay
28
2,3
24%
4. Panamá
23
Nd
Nd
5. Brasil
22
0,8
Nd
6. Chile
22
0,3
65%
7. Perú
16
0,2
73%
8. República Dominicana
16
Nd
Nd
9. México
15,2
10
Nd
10. Colombia
15
0,3 (1,1)
30%
11. Ecuador
15
0,3
37%
12. El Salvador
13
Nd
Nd
13. Paraguay
13
Nd
Nd
14. Costa Rica
11,6
Nd
Nd
15. Bolivia
11
Nd
100%
16. Nicaragua
9
Nd
Nd
17. Venezuela
8
2,2
Nd
18. Haití
7
Nd
Nd
19. Honduras
7
Nd
Nd
20. Guatemala
6
Nd
Nd
Por si eso fuera poco, la disponibilidad de camas en Unidades de Cuidados Intensivos, que será crítica para la atención de los casos más graves de covid-19, es todavía menor.
Un
estudio comparativo publicado en la revista Critical Care Clinics en
2006, por ejemplo, estimaba el número de camas ubicadas en cuidados
intensivos por cada 10.000 habitantes en 10 para el caso de México, 2,9
en Argentina, 2,3 en Uruguay, 2,2 en Venezuela, 0,8 en Brasil, 0,3 para
Chile, Colombia y Ecuador y 0,2 para Perú.
Y aunque desde entonces
a la fecha la proporción puede haber subido en algunos países -por
ejemplo hasta 1,1 en el caso colombiano-, todo indica que número
resultará insuficiente frente a una enfermedad que, según algunos
estimados, podría llegar a contagiar hasta el 80% de la población y
enviar a cuidados intensivos a entre el 2% y 4% de los infectados.
En
México, por ejemplo, las autoridades sanitarias han estimado el número
de camas de cuidados intensivos en hospitales públicos de todo el país
en 3.000, y la disponibilidad de ventiladores en el doble de eso.
Pero
los cálculos más conservadores del Centro Nacional de Programas
Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece), que considera una
"tasa de ataque" del 0.2%, asumen que más de 10.000 personas podrían
requerir de ese nivel de cuidado.
Y, claro está, muchas de esas camas también son requeridas por pacientes afectados por condiciones diferentes al covid-19.
Países como México han empezado a preparar hospitales móviles para responder a la epidemia.
Un déficit también es altamente probable en Argentina, donde según la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva el 90% de ese tipo de camas "siempre están ocupadas".
Y
las cifras manejadas por la organización sugieren una menor
disponibilidad que hace 14 años, pues sus 950 camas en UCI equivalen a
una tasa de 0,45 por cada 10.000 habitantes.
En Brasil, por su parte, un estudio del IEPS estima que si el coronavirus infecta a un 20% de la población el país tendría que duplicar su capacidad de UCI o destinar todas las ya existentes para atender a los afectados con covid-19.
Y
las capacidades también son insuficientes en Colombia, aunque según el
exministro Gaviria este tipo de capacidad ha aumentado en los últimos
años como resultado de los incentivos "perversos" de un sistema de salud
en el que el Estado se apoya en el sector privado para aumentar la
cobertura en salud. "Esa es una de las críticas que se le hacía al
sistema, que al centrarse en mecanismos de reembolsos (al sector
privado) estimuló el crecimiento de unos servicios en detrimento de
otros, que se cerraban servicios de pediatría y se abrían UCIs, porque
eran más rentables", le explica a BBC Mundo.
"Y
el resultado es que Colombia tiene, a pesar de que no va a ser
suficiente, una capacidad razonable de unidades de cuidados intensivos e
intermedios", dice.
Las unidades de cuidados intensivos disponibles
podrían resultar insuficientes para atender los casos más graves.
La Asociación Colombiana de Sociedades Científicas
estima que de las aproximadamente 5.300 camas de UCI existentes en el
país, solo unas 750 disponen del aislamiento necesario para atender a
pacientes de covid-19 sin poner en riesgo a otros enfermos.
Mientras que la agencia Efe destacó que en 12 de los 27 departamentos de Colombia carecen completamente de UCIs.
Y
si los países mejor equipados de la región anticipan ver sus
capacidades desbordadas, la situación podría llegar a ser todavía más
crítica en el resto, con el caso venezolano -con un sistema de salud más
que diezmado por la crisis- preocupando especialmente a los expertos.
Más vale prevenir, pero...
Por
lo demás, las limitadas capacidades para la eventual atención de una
explosión de casos de covid-19 ponen todavía más en evidencia la falta
de inversión en prevención que hubiera podido compensarlas, por más que
recientes epidemias forzaran el fortalecimiento de capacidades en ese
sentido.
"En América Latina, la estructura para evitar la propagación de un virus quedó fortalecida después de la pandemia de la gripe H1N1 que ocurrió en 2009", le dijo a BBC Mundo el doctor Sylvain Aldighieri, coordinador de la respuesta al coronavirus de la OPS.
Y
epidemias más recientes de dengue, chikugunya y zika también han
ayudado a compensar por el predominio de unos modelos de atención que la
misma OPS describe como "más basados en la atención episódica de
afecciones agudas en los hospitales que en la prevención y la promoción
de la salud".
Los esfuerzos por prevenir la propagación del virus
también se han visto limitados por problemas de capacidades.
Así las cosas, prácticamente todos los países de la
región cuentan con la capacidad de realizar pruebas para la detección
del covid-19, si bien algunos dependen para ello de reactivos
facilitados por la OPS.
Además, en muchos países de la región
estás limitadas capacidades también están centralizadas en un único o
pocos laboratorios, lo que limita aún más la posibilidad de aplicar la estrategia de identificación y seguimiento recomendada por la OMS, especialmente en la medida que se disparan los casos.
En
contraste, en otros países ya hay incluso hospitales y laboratorios
privados realizando las pruebas, pero a precios que van desde US$250 en
Ecuador, a US$400 en México o US$475 en Perú, según diferentes reportes
de prensa.
Y en Chile, donde la prueba solo puede hacerse con una
orden médica, incluso los cotizantes del seguro público pueden verse
obligados a asumir una pequeña parte del costo de la prueba, de hasta
US$20, con el copago de los que se atienden en el sector privado llegando a US$70.
Todo
esto, sin embargo, puede hacer que aquellos con menos recursos
económicos opten por no hacerse la prueba, o tengan que esperar mucho
aumentando así el riesgo de contagio.
Y en una región
caracterizada por la fragmentación y segmentación de la mayoría de sus
sistemas de salud, a los retos en materia de coordinación se le agrega
el riesgo de un sesgo en el acceso a diagnósticos y tratamientos en función de las capacidades económicas. El gel antibacterial puede servir si falta el agua potable. Pero ¿cuántos pueden permitírselo?
La pronta detección de todos los contagios, es sin
embargo clave para tratar de mantenerlos bajo control y reducir así la
presión sobre los servicios de salud.
Y el hecho de que cada vez
sean más los países de la región que no han podido evitar que el
coronavirus se expanda localmente y estén mostrando un ritmo de contagio
similar al registrado en España o Italia es un buen ejemplo de por qué,
para Ernesto Gozzer, en el caso de América Latina la mejor inversión en salud siempre será la preventiva, especialmente en un contexto de dificultades económicas que seguramente se verán agravadas por el mismo coronavirus.
Como
para recordar que la capacidad de un país para hacer frente a las
enfermedades infecciosas no tiene que ver únicamente con las capacidades
de su sistema de salud, sin embargo, el especialista peruano esboza un
deseo.
"Lo que quisiera que dejara el coronavirus cuando pase, porque va a pasar, es acceso de agua potable a todos los peruanos", le dice a BBC Mundo.
Un buen recordatorio de que la primera línea de defensa contra el covid-19 es el sencillo gesto de lavarse las manos.
Y de que ese sencillo gesto todavía no está al alcance de todos en América Latina.
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