La República Islámica de Irán enfrenta en enero de 2026 una de sus crisis más profundas en casi cinco décadas, con una ola de protestas que se ha extendido a 27 de las 31 provincias del país. El detonante ha sido el colapso histórico del rial y una inflación descontrolada que ha paralizado el comercio, incluyendo cierres masivos en el emblemático Gran Bazar de Teherán.
En la capital, la tensión ha escalado tras el incendio de edificios gubernamentales y estaciones de policía, eventos que han sido recibidos con celebraciones por multitudes de manifestantes que corean consignas contra el liderazgo supremo.
A medida que las protestas cumplen más de diez días, la represión estatal se ha intensificado, dejando un saldo que supera los 36 fallecidos y más de 1.200 detenidos, mientras el gobierno denuncia interferencia extranjera y los cortes de internet dificultan la comunicación con el exterior.
La comunidad internacional observa con cautela ante la posibilidad de un colapso del régimen o una intervención externa, en un clima de huelgas generales y un descontento social que ya no solo exige reformas económicas, sino un cambio político estructural.



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