Madrid acoge a los exiliados de Barcelona en la presentación «Lights Off», del catalán Fernando Salas
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VÍCTOR LERENA
Fernando Salas y Luis Francisco Esplá
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«Ligths Off». La Barcelona taurina en blanco y negro en esta obra del arquitecto Fernando Salas, «con una calidad y edición extraordinarias, con fotografías que son el testimonio de lo que ha sido aquella plaza», subrayó Carlos Abella en la presentación del libro en Las Ventas.
«Vivo comprometido con mis amigos hasta el punto de no
desdeñar historias como ésta. Cuando las cosas vienen de Barcelona y
llegan a Madrid es necesario abrazar a estos exiliados taurinos,
es un compromiso, una necesidad para ver si Barcelona retoma un pulso
que yo veo perdido para siempre».
Quien habla ahora lleva el sello
inconfundible de Esplá, que evocó tiempos pasados en la Ciudad Condal: «Vivimos un periodo de euforia, en el que los toros parecían algo valioso, luego otro de declinación y maltrato empresarial hasta llegar a la agonía y muerte».
Luis Francisco de Alicante desveló la parte íntima de la
obra de Salas: «Fluye el sentimiento de lo que va y no vuelve, de objeto
perdido, es una evocación, la imposibilidad de volver a ver luces en una plaza que brilló por encima de todas las plazas espñaolas
a principios del pasado siglo y finales del XIX. Después de vivir un
momento tan feliz, asistimos a ese entierro de corpore insepulto, en el
que me hubiese gustado estar toreando, pero ya estaba fuera de los
escenarios taurinos».
Tomó luego la palabra el autor, que explicó que no es fotógrafo profesional, «pero siempre he intentado congelar momentos
de las corridas; hubo un tiempo que dejé de hacerlo porque al
fotografiar no me enteraba de las faenas, pero en el momento en que
sentí que los toros se perdían en Barcelona volví a retomarlo». Así
nació una obra de exquisito trapío y nostálgico fondo.
Salas también evidenció su pesimismo con el posible regreso de la Fiesta a Cataluña. Más aún Antonio del Moral, que hace un apunte literario (también Barquerito) y aseguró en su «salto de espontáneo» que «nunca perdonaré a los que me han robado parte de mi vida».
Así se sentían los numerosos aficionados catalanes que se
citaron en la Sala Bienvenida. Para la mayoría ha sido un entierro sin
resurrección posible.

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