
Entrevista mundotoro.com
Una
carrera. Y seis días , los que van del 18 al 24 de mayo. Una especie
de partida de ajedrez que terminaron en “jaque mate” donde Talavante,
al fin, gana esa partida que comenzó con un castillo de ilusiones y
propuestas en la encerrona, le siguió un estrépito de decepciones y
terminó con la faena intensa a un toro de Victoriano del Río. Estas son
las reflexiones de los seis días que duró la partida de ajedrez más
larga que AT haya jugado en su vida.




El público estuvo bien. No puedo quejarme de la afición pues lo que sucedió es que participaba de la misma decepción que yo. La reacción en el tercero fue impresionante, Madrid cuando tira para adelante, es bestial, los sientes, empujando. En ese momento yo empujaba al toro para adelante y el público iba arrastrado por mi toreo y empujando a la vez. Una pena que pinchara porque a lo mejor lo que pasó en los tres últimos habría cambiado.

'La segunda parte de la corrida fue con toros distintos , pero de igual manera sin romper nunca. Al final del quinto yo me sentía decepcionado. Había puesto cariño, una gran ilusión, la gente se había ilusionado y en el fondo les había decepcionado. Yo no sentía fracaso físico, ni mental, pero si una gran frustración. Hubo un detalle voluntario que puede sonar extraño, pero que lo hice adrede, elegido…irme pronto por la espada en el sexto, fui capaz de tomar esa decisión. Porque pensé que tal y como estaban las cosas lo mejor para todos es que aquello terminara cuanto antes.

Lo pasé mal. No puede ser de otra forma, pero, lo digo con sinceridad, yo estaba preparado mental y físicamente y en las reflexiones posteriores cada vez lo afirmaba más. De hecho, en Nimes no tuvo la repercusión que creía la faena a un toro de Victoriano del Río, hermano del que luego toreé en Madrid. Pinché y le corté una oreja, pero con el ratifiqué que estaba fuerte, que la apuesta había sido sincera, que lo que yo pretendía con la encerrona había sido muy positivo. Que el toreo que siento es real, es cierto y válido.

Al comenzar la corrida del 24 miraba de reojo al público. Era un cartelazo. Pero era mi vuelta después del 18. Por eso quise estar frente al público pronto, en el quite y ahí sentí que podía haber una lógica frialdad, pero que era posible romperla. Yo vi al toro pronto, incluso quise cambiar antes el tercio, quería torearlo ya…se me vino fuerte, como yo esperaba, luego, por el pitón izquierdo, comenzó a seguir la muleta por debajo de forma extraordinaria…sabía que si le daba celo podía hacer algo grande…Y, puede parecer una paradoja, pero hasta la voltereta ayudo a relajarme, me quitó tensión…
Yo estaba toreando feliz, roto de verdad, los muletazos surgían muy desde dentro, yo creo que es una de esas faenas de abandono…sobre todo cuando sientes que el público de Madrid ha vuelto a ese ronquido fuerte, ese rugido que el toro y el torero provocan y que luego es como un huracán…fui muy feliz y soy, ahora mismo, muy feliz…Yo jamás dudé de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario