Bautista, Del Álamo y Silveti cortan una oreja a una noble corrida de Bohórquez y un gran toro de Carmen Segovia
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paloma aguilar
Diego Silveti, tras matar al tercer toro bajo la granizada
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Desde el comienzo de la corrida, los nubarrones negros cubren Las Ventas,
se desatan ráfagas huracanadas, hay que encender las luces. En el
segundo toro, estalla la tormenta. En el tercero, un diluvio de granizo;
lo veo rebotar sobre el lomo del toro (una estampa insólita). Torear en
estas condiciones es un disparate;
algo heroico pero disparatado. Pero resulta que, en estas
circunstancias tan adversas, los tres diestros se sobreponen y dan lo
mejor de sí; cada uno corta un merecido trofeo.
Vuelven a Las Ventas, para diestros de a pie, los toros de
Fermín Bohórquez, reservados durante años para los rejones, con la
nobleza atribuida al encaste Murube. Es un regreso feliz: en general,
son nobles y manejables. También destaca el excelente toro cuarto, de
Carmen Segovia.
Juan Bautista
ha demostrado de sobra su facilidad con los toros y su calidad pero le
acecha el riesgo de la aparente frialdad. El primer toro es huido, noble
pero demasiado
soso. En medio del huracán, el diestro traza muletazos compuestos pero
fríos, como la tarde. Después de la granizada, el cuarto toro embiste
con nobleza notable y Juan Bautista la aprovecha bien. Lo dobla con
gusto, flexionando la rodilla; corre la mano en los naturales; traza
muletazos relajados, con los pies juntos, no todos limpios. Una gran
estocada pone en su mano la oreja.
Juan del Álamo,
de Ciudad Rodrigo, fue brillante novillero, acusó el paso al escalafón
superior, está intentado remontar. Posee cualidades para ello. El
segundo toro es suelto, flojo. Logra verónicas limpias y replica Silveti
con ceñidos delantales. Bajo la tormenta, Juan se echa enseguida la
muleta a la izquierda. Se le ve suelto, variado, pero el toro se para,
la faena no cuaja y falla con el descabello. Ya sin lluvia, el quinto
embiste con mucha clase al capote del diestro, que se luce en verónicas.
El toro galopa pero se apaga un poco. Juan liga derechazos con gusto,
mejora en naturales lentos y se atraca al matar : aunque tarda el toro
en caer, merecida oreja. Es un diestro recuperable.
Diego Silveti,
doctorado hace un par de años, ha crecido artísticamente en la campaña
invernal americana. La granizada no le arredra, en el tercero. Derrocha
valor en verónicas y gaoneras. Con la muleta se muestra muy decidido,
firme, seguro: en esta circunstancias, parece imposible. Se gana al
público y corta la primera oreja de la tarde. El sexto embiste cruzado,
pone en apuros a los banderilleros, se para en la muleta. Diego está
digno: no cabe más.

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