martes, 12 de agosto de 2014

LA CRÓNICA DE GIJÓN: Cantar una nana

Le falló la fuerza a la clase de El Puerto de San Lorenzo

 
MARCO A. HIERRO, Gijón (Asturias) 

Cantar una nana siempre es muy agradable. Y más lo es escucharla si está bien cantada. La nana que escuchamos todos cuando niños nos producía una sensación de confortable bienestar. Hasta que nos quedábamos dormidos. Muy parecida fue la sensación con la corrida de El Puerto de San Lorenzo, una pintura en las formas; una nana en el fondo.

Así fue también el primer acto en el que Luque cantó suavecito y entonado, sin desafinar ni una nota, meciendo el percal, arrullando con la muleta que nunca dejó de volar a dos dedos del morro. Daniel fue como una melodía de violín; media altura de perfecto compás, sin un destemple, sin una nota fuera de lugar ni un toque a destiempo. Le voló la muleta cambiando el toque por el suave bamboleo, imperceptible a veces, pero efectivo e irresistible para la enclasadísima intención del bello animal, que claudicaba sin remedio para que llegase el hombre del saco.

Daba miedo el personaje a los chiquillos en los tiempos de la niñez, y era lo contrario al arrullo de una nana. Como decir que viene el Coco, y el Coco saltó cuarto y con otro hierro. Con ese nadie se durmió, y con Luque tampoco. Tenía mejor principio que final el Coco de La Ventana, que dejaba un feo tornillazo al vaciar después de llegar con más franqueza. Difícil cantar la nana cuando está delante el Hombre del Saco, y es entonces cuando puede poner el torero, el hoy violinista sevillano, el compás de una trompeta. No arrulló Daniel a ese toro, sino que le impuso ritmo y le perdió el sitio para consentirle, convencerlo y terminar ligando las tandas a más. Le dio tiempo entre los pases, compostura en los trazos y firmeza en un final exigente para convencer también al tendido, dormido hasta ese momento por el exceso de nanas. Bien pudo tocar el pelo el sevillano cantor, y hubiera cambiado la tarde con más sentido del espectáculo por parte del director de orquesta subido en el palco.

No paseó despojos Luque en el cuarto por negativa imperial; por desafinar con el sable se quedó sin premio Del Álamo. También el charro había cantado, arrullado y mecido a su primero entre desplome y desplome, y también terminaron dormidos los que sacan los pañuelos. Despertaron, en cambio, cuando embistió el quinto en el trapo con profunda seriedad de viaje corto, de encendida arrancada y reposición presta para el quien estuviese dormido. Toro de sacar el bofe al más pintado sin las pruebas evidentes de la largura y la revuelta. Un esfuerzo hizo el charro para imponerse, lanzar trapo y enterrarse en cada serie que cada vez cogía más en corto. Hasta que arrastró la lengua el precioso animal y pinchó la oreja el hombre, que se quedó sin botín.

Ni una ovación ni un aplauso pudo llevarse a la boca el infortunado Fortes. Ni para cantar nanas fue el lote del malagueño, porque tuvo calidad el primero de su lote, pero se dejó una mano en un agujero del suelo y todo quedó sin armonía. Porque a la chicuelina de compromiso y apuesta del quite al sexto no le siguió la franqueza para cantar alto y claro. Fue, además, el cierraplaza, el toro sin virtudes de un encierro de difícil calificación.

Un encierro para cantar nanas, que no tienen, en este caso, un final feliz. Porque sirve la clase como virtud, la calidad como argumento y la entrega como condición, pero te dejan dormido si no las acompaña la chispa y carecen de emoción. Fue la condición física lo que le faltó al encierro, pero fue suficiente para encrespar al tendido. Y están ahí los que pagan.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de El Bibio. Segunda de Feria. Más de media entrada. Cinco toros de El Puerto de San Lorenzo, de hermosas hechuras y correcta presencia. Enclasado y con calidad sin fuelle el feble primero; de gran tranco sin fondo el segundo; enclasado sin condición física el tercero; de seria embestida corta el quinto; deslucido y gazapón el sexto. Y uno de La Ventana del Puerto, cuarto, de ásperos finales.

Daniel Luque (caña y oro): ovación y ovación tras aviso.
Juan del Álamo (turquesa y oro): silencio y ovación.
Saúl Jiménez Fortes (verde botella y oro): silencio y silencio

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