Cultoro desgrana la personalidad de un torero que aún no ha terminado de buscar
"Brindo por las damitas, damiselas, mesalinas, princesas, vagas, salinas, zurrapas, suripantas, vulpejas, las de tacón dorado y pico colorado, las putas, las buñis, pues mitigaron mi sed y saciaron mi hambre y me dieron protección y abrigo en sus pechos y en sus muslos, y acompañaron mi soledad. Que Dios las bendiga por haber amado tanto". Fue el brindis de la historia en México. Rodolfo Rodríguez "El Pana", torero en la vida y en el ruedo, bien sabe de forma exacta cada palabra que sale de su boca.
Masca el temple con sus dientes, saborea el aroma de su impronta taurómaca con su boca y sella el concepto que ejecuta en la plaza con sus palabras. Es El Pana, aquel loco de unos setenta que nunca pasarán de moda y la de un panadero, paracaidista, sepulturero y vendedor de golosinas –siete veces en la cárcel inclusive- que luego se hizo torero de personalidad acusada.
"Lo que es importantísimo es dejar huella en la vida. Aquello ocurrió en 2007 y todavía se sigue hablando de ese brindis. Caló tan fuerte en el ánimo no sólo del público sino también de la sociedad extrataurina que todavía resuenan los ecos de aquella tarde...me lo dijo hasta el presidente de la República, pues le había conmovido mucho. Porque hermanas también son toreras de la vida. Tienen que torear muy bien con la izquierda para poder pechar con tanto miura salvaje que por la noche se suelta y lidiar con todos esos tipos que van muy pasados de copas, con toda esa gente chunga que las trata muy mal".
Decidió El Pana que ese no sería el último brindis de su carrera. No. El mundo debía de conocerlo, debía saber de su existencia y, entonces emprendió de nuevo su viaje hacia "las Españas". "Me cogió entonces, y a partir de esa tarde, un taurino español . Pero no me gustó nada cómo me planteó la temporada: me planteó una serie de corridas a cambio de que usted no opinara, no hablara, no decidiera, y al final de la temporada le hacemos cuentas y lo que sea para usted, pues enhorabuena. Me sentí manipulado y ese no es El Pana. El Pana ha nacido de forma silvestre, porque así son los toros en mi pueblo, a la buena de Dios. La Fiesta de los toros en México es completamente diferente a la Fiesta aquí en España".
Fue al toro "Rey Mago" al que selló una de las faenas más importantes de su vida aquella tarde, de esos momentos que no se olvidan fácilmente en la retina del aficionado. "El Pana no sería el Pana si todo lo que dice o hace no fuera sustentado en un toreo real o verdadero, y los españoles la tomaron muy en serio esas dos faenas en la Plaza México, porque no sólo fue Rey Mago (además el día 7 de enero), sino también el toro Conquistador. Ese día se me dio doble regalo de Reyes".
No se lo pensó dos veces Rodolfo y meses después ya estaba anunciado en España: fue en el Palacio Vistalegre, junto a José Antonio "Morante de la Puebla". Sin duda, dos toreros de personalidades muy marcadas. "Fue la única oportunidad que tuve. No había campaña organizada. Fue Morante el interesado y él movió todos los hilos, pero la corrida de Cuvillo no embistió y entonces no hubo campaña en España y tuvimos que regresar a nuestro pueblo. Y aquí seguimos todavía, en pie de lucha, tratando de conseguir el sueño de la confirmar en Madrid".
Habla de la vida como la vida lo ha tratado. Ha vivido en torero desde que nació, pero también debió enfrentarse al toreo hecho masa y levadura..."en la panadería no había maquinaria...dejábamos las masas reposar y nos íbamos a bailar con las prostitutas y allí aprendí a bailar el danzon. Mi madre es mi ídola, y ella dice que quite esa música, que parece de cabaret (risas)". Y, en mitad de todo ese barullo, surgió el toreo de El Pana. "Aprendí a torear cuando salía de currar por la noche. Me iba a las ganaderías, y allí apareció un torero...y tenía tiempo para ir allí por la mañana, dormir por la tarde y currar por la noche".
Fue en ese contexto donde Rodríguez ese regocijó de los grandes referentes taurómacos en La Fiesta. La portagayola tan particular o el lance del clavel surgió de la magia de aquellos momentos. "El toreo de El Pana está compenetrado de muchas formas de torear de las antiguas figuras del toreo. El Pana ha sido un desempolvador de viejas suertes que han caído en desuso. Siempre me quedó claro eso de que 'El que no oye consejos no llega a viejo´, y yo lo he hecho muchas veces y me ha ido bien".
Es el mismo Rodolfo el que nos intuye las bases de todas las suertes que ejecuta en el ruedo. Porque para esas suertes se debe tener una fuente con una mínima referencia de las mismas. "Cuando comenzamos en esta profesión tan hermosa había cuatro figuras del toreo en México, pero todos toreaban a igual. Entonces intentamos crear un personaje totalmente diferente y ahí nació El Pana. Y fíjate como Dios se encarga de poner a las personas adecuadas con el tiempo en tu vida: poco después conocí a Tapatío, gran creador e inventor de muchas suertes. El me transmitió una, y yo viendo películas de viejos torero las ejecuté. También hubo otras muchas que me las pasaron toreros que no llegaron a hacerlas delante del toro. Todas esas suertes y esa variedad la fui complementando a la personalidad de El Pana. Siempre El Pana es un torero que está renovado, por eso a El Pana no hay que perderle la cara".
Además pudieron salir a la luz todos aquellos trincherazos a dos tiempos que Rodolfo ejecuta en sus tardes de inspiración: primero con un toquecito para que el toro venga embarcado y luego con el trincherazo. "Ese muletazo viene de la vela del trincherazo de Domingo Ortega, un torero de mucho poder, y también viene el trincherazo de Silverio. El de El pana también tiene su encanto".
Se emociona hablando de Bogotá, el país donde unos valientes novilleros han recuperado, gracias a la huelga de hambre, que los toros volvieran a su plaza. "Esos novilleros han tenido un par de cojones, pues toda la sociedad ha visto hasta donde tuvieron que llegar nuestros toreros para que los tomaran en cuenta. Enhorabuena para ellos y para todos".
También recuerda uno de los momentos más importantes de su vida taurómaca. Fue en Txascala, junto a El Payo e Ignacio Garibay, cuando acudió a portagayola a tan sólo centímetros de la puerta de toriles. "El empresario de Txascala nos había programado con El Payo y Garibay, y entonces dije: a este viejito no lo van a agarrar de encargo. Y les puse las peras al aire. Porque cuando te vas al tercio no es portagayola, sino a un metro de la puerta, donde están todas las ventajas para el toro, y la persona que no crea que existen los milagros tiene que ver ese vídeo. Yo le vi las puntas al toro y dije que ahí estaba yo...para que supieran los demás de qué lado masca la iguana".
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