lunes, 26 de enero de 2015

Veinticinco años sin Ava Gardner, la diva más taurina de Hollywood



Dejó a su paso un ejército de corazones rotos por su hermosura. Decían que era «el animal más bello del mundo». Así describían a Ava Gardner, la diva más flamenca y taurina de Hollywood, Ava Gardner, una actriz criada en una granja y cuya belleza le valió una fama con la que nunca se llegó a sentir cómoda del todo.

Era tan hermosa que, sin haber hecho jamás interpretación alguna, Metro-Goldwyn-Mayer firmó en 1941 un contrato con ella de siete años para aparecer en sus películas, y así comenzó una carrera que durante su primer lustro consistió en papeles en una quincena de filmes en los que apenas abrió la boca. El éxito no llegaría hasta la década de 1950, con títulos como el musical «Magnolia» (1951), «Las nieves del Kilimanjaro» (1952), «Mogambo» (1953) y «La condesa descalza» (1954). Con esta última se ganaría el apelativo del «animal más bello del mundo».

En ese largometraje, encarnó a una bailarina española de nombre María Vargas que encandila a un director de cine (Humphrey Bogart) que hace de ella una estrella del celuloide, un papel para el que dio clases de flamenco, asistió a sus primeras corridas de toros y que le hizo enamorarse de España. El flechazo fue tal, que en 1955 Gardner fijó su residencia en Madrid y se dedicó a conocer el país, aprender el idioma y salir de fiesta. Aquí conocería a Ernest Hemingway, con quien mantuvo una buena amistad.

Idilio con Luis Miguel

Ava se aficionó a los toros y se relacionó con algunos toreros. Aunque sus biógrafos cuentan que su gran amor fue el cantante Frank Sinatra, en un viaje a España, inició un romance con Luis Miguel Dominguín. Famosa es la anécdota del matador tras su primera noche de amor con la actriz. «Luis Miguel se levanta de la cama y se dispone a salir. Ella le pregunta: "A dónde vas ahora?" Y él contesta: "¿Dónde voy a ir?, ¡A contarlo!"».

No fue su único romance torero en su estancia en España. También los vivió en los 50 con Mario Cabré, su compañero de rodaje en «Pandora y el holandés errante». Hay una escena imborrable, cuando Cabré se perfila con la espada en alto. En el momento de la suerte suprema lanza un «¡Va por usted!» a una bellísima Ava Gardner, plena de pasión en el tendido. Y en ese instante aparece en la grada un desafiante James Mason. Cruce de miradas, se masca la tensión, la cogida, el horror, el miedo. Al torero lo llevan malherido a la enfermería y allí acude Pandora -Ava- con el capote y la montera del elegante matador... El idilio no surgiría solo en el filme, también en la realidad: la actriz se quedó prendada de nuestro país, de los toros... y los toreros.

Gardner fue amiga también de Canito, el fotógrafo de más de un siglo de vida que retrató la muerte de Manolete. Y que tuvo a la actriz entre sus brazos... «Todas eran maravillosas, pero Ava... La he tenido entre mis brazos, nos hemos besado y emborrachado; me quería y nos respetábamos», contaba Francisco Cano, que se codeó con las mujeres más guapas de la época.

Canito sintió mucho la muerte de Ava Gardner -«era única»-, que falleció a los 67 años en Londres. Sus restos fueron enterrados en el cementerio Sunset Memorial Park de Smithfield, en Carolina del Norte, junto a los de sus padres y casi todos sus hermanos, en una tumba con una lápida sencilla, tal y como fue su deseo.

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