Cinco maestros de leyenda poseen este título en una ciudad taurina por excelencia

Portada de ÁBC con la muerte de Manolete en 1947 - ABC
ANDRÉS AMORÓSMadrid
Gracias al voto de calidad de la socialista Isabel Ambrosio, ha prosperado, en el Ayuntamiento de Córdoba, la iniciativa antitaurina de Ganemos (la rama cordobesa de Podemos) y de IU. Nada le ha importado que eso choque frontalmente con la política del PSOE en la Junta de Andalucía; con sus propias declaraciones («El sector taurino, en Andalucía, está enraizado en su cultura»); con la tradicional postura de ese Ayuntamiento, también con regidores de IU (Julio Anguita, Rosa Aguilar); y, sobre todo, con la realidad histórica de la ciudad. Para algunos políticos, las flagrantes contradicciones no importan: la alcaldesa es rehén de los votos de Ganemos e IU y tiene que pagarlo. Es un claro ejemplo de a dónde conducen estos pactos por alcanzar el poder.

Junto con Frascuelo, su rival, Lagartijo da nombre a una etapa del toreo, el último tercio del siglo XIX. El gran Rafael Molina mató cinco mil toros y sufrió muy pocas cornadas. Era un diestro técnico, dominador, artista, de gran repertorio y fácil estoqueador (dio nombre a la «media lagartijera»). A su elegancia aplicó El Guerra la famosa frase: «Valía el dinero de la entrada verle hacer el paseíllo». Y Gerardo Diego dictaminó: «El toreo empezó con Lagartijo».


Manolete fue el ídolo popular del pueblo español, en la inmediata posguerra. Su estilo es el máximo exponente de la escuela cordobesa: seriedad, valor sereno, estoicismo senequista, personalidad fuera de lo común... Su trágica muerte lo convirtió en uno de los grandes mitos de la historia del toreo. Según Fernando del Arco, a ningún personaje histórico, excepto a Jesucristo, se le han dedicado tantos poemas. Opinó el genio Orson Welles: «Si yo fuera español, estaría orgulloso de haber vivido en el mismo siglo que Manolete».

Todo esto –y muchísimo más– lo han querido barrer de un plumazo unos políticos ignorantes y sectarios. Pero, por mucho que se empeñen, Córdoba sigue y seguirá siendo una de las ciudades taurinas por excelencia.
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