Del Álamo le corta una oreja a cada toro de Zalduendo que le cupo en suerte mientras Fandiño se veía sin opciones con los de El Ventorrillo; una cornada dejaba a Adame con una ovación por todo premio

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO
Hoy germinó una encina. No fue en La Maestranza que la verá crecer ni en la Salamanca que la ha visto ser proyecto. No. Ha sido entre las flores de Valencia en plenas Fallas, una casualidad que la vida ha puesto en sus manos porque ésta, sabia consejera, sabía y quería que hoy germinara el mítico vegetal. Esa sonrisa a medio gas, esa muesca entredicha de torero recio y ese gesto enjuto y despenado pero de alma inquieta por buscar el toreo. Esa fue la encina.



Quiso plantar la encina del quinto donde puso la montera tras el brindis: en la segunda raya ¡Siempre hace lo mismo!me susurró a mi lado Barquerito, pero sabía lo que Del Álamo tenía y quería en los próximos minutos cuando lo vimos echarse de rodillas. Ese hieratismo al cruzarse, sin enmendar el mentón, sabiendo y queriendo recordar y que lo recuerde la historia. Relean el juego de conceptos: eso es lo que desea la encina florida. Con el toro dormido pero con la cabeza alta cual centinela de su mortecina condición fue otro mulo quinto que no se mereció la Concha Flamenca con que amenizaron su final. Éste llegó por circulares que fueron preludio efímero de la realidad de una estocada posterior que puso en su mano el despojo de la gloria. Sí, una encina entre las flores que sabe a gloria de figura en ciernes.


La encina la quiso traer Adame del oro de las Américas pero se le tornó en hule cuando el serio segundo le calcinó la rodilla al intentar descabellar. Mal infortunio, pues, de un Joselito que viene a España proclamando su gran cartel azteca, del que no se percatan ni afición ni despachos. Brilló de capote el aquicalidense ante el gordaco al que luego le recetó tandas pulcras pero sin embroque comprometido, un tomadaca que se tiñó de sangre.
Hoy germinó una encina entre las flores. Se parece a Santiago, sí, pero aún no es Majestad. No fue en La Maestranza en la que Vitigudino plantó la elegancia de Castilla en el 74 y con la que Navalón sentó una cátedra que hasta estas líneas perduran. No lo fue, pero hoy creció una encina que vino de Ciudad Rodrigo y que, señalando a una Maestranza en potencia, creció feliz pero con cara seria en la tierra de las flores.

Plaza de toros de Valencia. Quinta de la Feria de Fallas. Corrida de toros. Media entrada en los tendidos.
Cuatro toros de Zalduendo (primero, segundo, tercero y quinto, justos de presentación, y tres de El Ventorrillo (cuarto y sexto). Noble y humillado a menos el primero; de sosa y desrazada nobleza el mulo segundo; de sosa calidad el amplio tercero; de calidad sin fondo el mulo cuarto; espeso y noblón a menos el quinto; devuelto por lastimarse una mano el sexto; deslucido, protestón y renuente el sexto bis.
Iván Fandiño (rosa y oro): palmas, silencio tras aviso y silencio.
Joselito Adame (negro y oro): ovación tras aviso en el único que mató.
Juan del Álamo (marino y oro): oreja y oreja tras aviso.
FOTOGALERÍA: JAVIER COMOS
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