El sevillano, a hombros al término de un festejo en el que Perera y Talavante escucharon ovaciones
Fotos: ARJONA
Licinia Muñiz
El Cid regresó a Santander a lo grande. El sevillano, que entró en la feria sustituyendo a Manuel Escribano, indultó al excelente toro de Adolfo Martín que abrió la tarde. Madroñito, número 2, de 511 kilos y de pelo cárdeno, se ganó la vida con su bravura en el ruedo, convirtiéndose en el primer ejemplar indultado en la historia del coso de Cuatro Caminos. Lo enceló El Cid en su capote a la verónica dejando trazos suaves en los que Madroñito ya mostró sus condiciones. Buen tranco y codicia para seguir los avíos del de Salteras. Entró dos veces al caballo. Brindó al público El Cid, instrumentando una primera serie en los medios por el pitón derecho extraordinaria, sometiendo, obligando y poniendo a los tendidos de su parte. Sensacional Madroñito y sensacional el sevillano por el izquierdo, mejorando su quehacer por el pitón derecho. Los olés retumbaron en las tablas mientras se vaciaba en los de pecho. El público pidió, y obtuvo, el perdón para el toro. El presidente sacó junto al pañuelo naranja dos pañuelos blancos reconociendo la labor de El Cid que, sin embargo, recorrió el anillo sin orejas en las manos puesto que aún no se había dado muerte a ningún toro.
Volvíase el animal a los pies del sevillano, cuando lo desplantó de frente rodilla en tierra. Pletórico El Cid asumiendo la tarde. Muy firme el sevillano. Mató de media estocada y descabello redondeando, aun más si cabe, su vuelta a Cuatro Caminos. Ovación.
Impecable Perera ante el buen quinto. Bajo la fina lluvia de Cuatro Caminos toreó cadencioso, despacio y al son. Variedad con la muleta en los medios, donde dio un recital de buen toreo. Toro exigente y bravo que supo entender Perera y al que sacó su fondo en cada cite. Media estocada.
Ovación y leve petición. No caló en los tendidos la extraordinaria labor del extremeño. Palmas en el arrastre.
Brindó su primer toro a Adolfo Martín el extremeño Alejandro Talavante. Tuvo buen tranco y ritmo desde el capote el animal. Lo entendió Talavante y le dio los tiempos y distancias que demandaba el astado. Faena inteligente y brava por parte del matador, coronada con un espadazo. Dos antis saltaron al ruedo y, quizá, el incidente provocó que no se valorara la faena de Talavante. Quedó todo en una ovación.
El último toro de la tarde y de la feria llevaba por nombre Madroñito, igual que su hermano indultado. Remató en los burladeros y salió corretón, metiendo bien la cara en el capote de brega de Valentín Luján. Julio López se llevó un revolcón sin consecuencias. Brindó al público Talavante. Se le acabaron pronto las fuerzas al animal, que no dio opciones de triunfo al extremeño, que lo intentó por ambos pitones. Quedaron retazos de firmeza. Solvencia y buen hacer. Pinchazo, estocada que hizo guardia y varios descabellos. Palmas.
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