Abre la Puerta Grande con un estupendo toro de Alcurrucén y El Juli corta una oreja
Ginés Marín sale a hombros por la Puerta Grande - Paloma Aguilar ANDRÉS AMORÓS Madrid En la tarde de su confirmación de alternativa, Ginés Marín confirma todas las buenas cualidades
que muchas tardes le hemos visto, por tantas plazas; en el último toro,
el mejor de la corrida de Alcurrucén, logra una gran faena, pone de pie
al público, corta dos merecidas orejas y abre la Puerta Grande. También
confirma dignamente Álvaro Lorenzo. El Juli demuestra su gran
profesionalidad y pierde por la espada una posible Puerta Grande.
Un cartel original, que llamó la atención desde que se anunció: con toros de Alcurrucén, que suelen ser encastados, El Juli confirma la alternativa de dos jóvenes promesas, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín.
Los toros de Alcurrucén han dado un juego variado; el defecto, varios se han parado o han tardeado; para el último, excelente, se pide la vuelta al ruedo.
En el segundo, encastado, pegajoso, El Juli se dobla y lo mete enseguida en el canasto,
manda, resuelve las dificultades, demuestra su gran oficio; también es
cierto que torea algo encorvado y sin especial arte. Mata con salto,
como en él es habitual, y corta un trofeo, con protestas. Me comenta un
maestro: «Parece que es él el que está tomando la alternativa». Vuelve a
mostrar su casta en el cuarto, que tardea demasiado, en banderillas.
Sin una duda, dibuja derechazos mandones, casi circulares, dejando la
muleta en la cara, que levantan un clamor; cuando se le para a mitad de
un muletazo, mira, retador, el tendido, algo que no todos aclaman.
Pierde la oreja y la Puerta Grande por la espada. El Juli, en unas chicuelinas de mano baja- EfeEl primero es incierto pero se viene arriba. Álvaro Lorenzo le da distancia,
embarca bien las embestidas pero surge la eterna polémica de la
colocación: por querer ligar, queda descolocado. Mete la mano con
habilidad. El quinto es paradito pero tiene calidad. Muestra su estilo
toledano, clásico y sobrio: adelantando la muleta, engancha bien a la
res, manda y liga. El arrimón final levanta una división. Tarda en
matar. El Juli ejerció de padrino de confirmación tanto de Álvaro Lorenzo como de Ginés Marín- EfeDesde que le vi debutar en Olivenza, siempre he defendido que Ginés Marín tiene cualidades de primera figura:
ve el toreo con gran facilidad; une algo que no es frecuente, el mando
con la estética. Esta tarde, por fin, el último toro le da ocasión para
demostrarlo. El tercero es algo chico, algo flojo, algo manso (sólo
algo). Ginés demuestra enseguida su soltura, una seguridad impropia de
su juventud: le saca todo lo que tiene. Con el toro parado, mata mal.
Pero le queda el sexto, un «Barberillo», no de Lavapiés sino encastado, con movilidad,
que descabalga al padre del torero, su picador. Desde el comienzo, lo
engancha al natural, en grandes series, rematadas con desgarro. Se
suceden los muletazos de categoría, arma un verdadero lío, con el
público puesto en pie. Tiene la gloria al alcance de la mano. La
estocada es certera.Recuerdo a don Nicolás Fernández de Moratín: «El
bruto impetuoso, / muerto a sus pies, sin movimiento y frío, / con
temeraria y asombrosa hazaña…» Dos orejas y la Puerta Grande. Ha
cumplido su sueño, ha demostrado que tiene madera de primera figura, ha
puesto a todos de acuerdo. La verdad del toreo: un toro bravo y un
diestro que torea muy bien, dentro de la línea clásica; además de todo
eso, es muy joven: por mucho que la ataquen, la Fiesta no se acaba. Ya
tiene un nuevo héroe.
Postdata. Un detalle
curioso, con poca importancia: el orden de lidia, cuando hay dos
confirmantes. El 12 de octubre de 1950, en Valencia, Cagancho dio la
alternativa a Aparicio y Litri. El padrino toreó el 3º y 4º; Aparicio,
el 1º y 5º; Litri, el 2º y 6º. Esta vez, se ha elegido otra fórmula. No
era necesario. En el 2º toro, Álvaro podía haber devuelto los trastos a
Julián y éste, entregarlos a Ginés.
Claro que eso suponía que El Juli
matara dos toros seguidos, el 3º y el 4º: quizá el público (y el
diestro) prefieren evitarlo.
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