"Que nadie espere una novela rosa ni una película americana con final feliz: la historia de Iván Fandiño es un drama español". En el mismo escenario donde subió "Aquiles", versión dramatizada de los hechos narrados en la Ilíada, Néstor García entonó el último gran poema épico protagonizado por un torero. Con un telón de fondo negro, luctuoso como su corazón desde el 17 de junio, Néstor apareció en las tablas con un terno oscuro y una gorra con el símbolo del león Fandiño, esa que le acompaña desde la tarde inmortal. "Perdonadme por la gorra, pero la llevo desde aquel triste día de junio", arrancó tremendamente emocionado tras subir las escaleras bajo una tenue luz. La ovación brotó a la par que las lágrimas (que no cesan) en el acto más sentido -y a la vez con tanto aplomo-, natural y verdadero que se recuerda. No había guión, ni presentadores en la era de la hoy manida "posverdad". Solo el hombre y el apoderado que mejor y más conoció al hombre y al torero, la voz y el puño autorizados para relatar su vida y una trayectoria de agua dulce y salada, que siempre es la del morir.
"Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto", pero de Iván Fandiño se habló y se sigue hablando. Y su mentor, su confidente, su amigo y hasta padre (con permiso de Paco Fandiño, en las primeras filas junto a su mujer, Charo Barros -¡qué ejemplo, qué dignidad la de esta familia!-), se ha encargado de engrandecer su memoria con esta obra que ha trazado por el camino de la independencia, como todas las veredas que caminaron juntos, sin grandes casas detrás, sin ninguna editorial en la "solapa" del libro.
Lealtal como primer mandamiento
El autor de "Mañana seré libre" rememoró sus comienzos, su lado más humano tras una corrida histórica y sus anécdotas con un torero que tuvo la lealtad como primer mandamiento, esas que el propio Fandiño le decía: "Apoderado, esa para el libro..." Nadie imaginaba ese desenlace, pero la obra "acaba aquel 17 de junio en Francia, lo que pasó después no me interesa".Néstor, así, a secas, se queda con lo vivido con un torero del que se siente "muy orgulloso". No les unía la sangre, les unía la propia existencia: "Iván empezó siendo un amigo, después un hermano y terminé queriéndolo como a un hijo. Ahora le echo de menos como mi mitad, me siento muy solo sin él". Se hizo entonces el silencio, un silencio doliente solo quebrado por la voz de su pequeño Álvaro, el motor que junto a Mara le da la fuerza necesaria para seguir adelante. Para la portadora del apellido Fandiño -"ese que te marcará toda tu vida, pues eres hija de uno de esos hombres que nacen de vez en cuando para cambiar el mundo o morir en el intento", escribe en una carta- desveló que fue el primer ejemplar de la imprenta.
Y el primero de este multitudinario acto de presentación fue para la madre de Iván Fandiño Barros, Charo, con quien se fundió en un abrazo ya abajo del escenario, alejados de focos, con las notas de "La Misión (cumplida)" de fondo.. No hay adjetivo que defina la ovación ni el sentimiento, como todos se quedan raquíticos para la kilométrica cola en zigzag de los cientos de aficionados y fandiñistas que querían el libro dedicado: los compraban a pares, por medias docenas ¡y hasta por cajas de diecinueve! Hubo quien contó que el tándem Fandiño-Néstor había conseguido que devorase las páginas en un solo día y hasta quien confesó que por primera vez se compraba un libro...
Todos querían la dedicatoria de su autor, del apoderado que ha querido engrandecer la memoria de un torero que ya es leyenda y al que el gentío preguntaba qué haría a partir de ahora... "Mañana seré libre".
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