Íñigo Méndez de Vigo, en la corrida de la Cultura - Paloma AgularTres toros, de tres ganaderías, matan El Juli y Ginés Marín,
¿Llamamos a esto mano a mano? Falta algo esencial: la rivalidad, la
competencia. No puede haberla entre dos diestros separados por los años y
la carrera.
Para este cartel, se eligen reses de tres ganaderías:
cada diestro mata uno de cada divisa. No es de extrañar que el
resultado sea variado. Destaca claramente el magnífico tercero, de
Alcurrucén, quizá merecedor de la vuelta al ruedo (pero no la han
pedido). Con él, El Juli hace una faena completa; por la espada, se
queda en una oreja. El Juli - Paloma AguilarCumple veinte años de matador El Juli
y acaba de vivir el feliz indulto de «Orgullito», de Garcigrande, en la
Feria de Abril. Recibe al primero con reposadas verónicas; quita por
chicuelinas forzadas; logra algunos buenos naturales y mata con salto.
El momento cumbre de la tarde lo vivimos en el tercero, de Alcurrucén,
un colorado de 530 kilos que, como tantos de sus hermanos, sale abanto
pero va a más y no para de embestir, con longitud y nobleza. (Este
«Licenciado» no ha inflado su currículum). Los doblones levantan el
primer clamor. Lo lleva imantado a la muleta, manda mucho, liga; se lo
enrosca a la cintura en un circular completo: la Plaza
entera se rinde a este Juli, en su mejor versión. Si hubiera matado
bien, le habrían pedido con fuerza las dos orejas; se queda en una y el
gran toro recibe una fuerte ovación. El quinto, de Domingo Hernández, es
un «Cazatesoros» (debería hacer su crónica Jesús García Calero,
especialista en ese tema), que se mueve, incierto, y le tropieza a Ginés
Marín, en una verónica. Se luce con los palos Ramón Moya. Como tantas
veces en esta Plaza (¿cuándo se pondrá remedio?) se desata el viento:
«Eso es peor que el toro», comenta Santiago. Pero el toro va a peor y se
inutiliza. Ginés Marín, entre los pitones del toro - Paloma AguilarDesde el comienzo de su carrera, he visto las cualidades del joven Ginés Marín,
que reúne dos cosas que no suelen ir unidas: la facilidad para ver al
toro y la estética. No tiene suerte, esta tarde, con su lote. En el
tercero, de Alcurrucén, que flaquea y se apaga, dibuja naturales suaves,
sin emoción: falta toro. Recibe con bonitos lances al quinto, que
derriba al picador, padre del diestro: ¡qué falta de respeto! El toro se
revuelve rápido, saca genio, le propina una fuerte voltereta y se raja.
El último, de Victoriano del Río, se llama «Coplero» (como el mote del
poeta diecicochesco Eugenio Gerardo Lobo, que fue gobernador militar y
político de Barcelona: nada nuevo…) Agustín Navarro pone al público en
pie con dos grandes puyazos. Ginés torea con gusto, se justifica; toda
la tarde ha estado muy sereno y ha logrado buenas estocadas. Otro día
llegará el triunfo.
Un gran toro, «Licenciado», y un buen torero, El Juli: ésa es la cultura de la Tauromaquia. Postdata.
Como réplica a los Oscars, «La Codorniz» inventó «El Pepe de Barro» a
la peor película, junto a otros premios similares: la «Medalla a las
Birrias Artes», el galardón teatral «López de Pega», la «Orden Civil de
Guillermo el Taciturno»… Los taurinos deberían crear el «Pañuelo verde a
la cobardía», por no defender la Fiesta. Ya veo posibles premiados: la
alcaldesa Carmena, el empresario de Barcelona, el gobierno balear, la
directora de la televisión valenciana A Punt, el Colegio de Veterinarios
de Madrid, el Rector de la Universidad de Salamanca… En la España
actual, me temo, será fácil encontrar nuevos candidatos.
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