Manzanares corta una oreja en la feria de Acho

Joaquín Galdos, tras la estocada - Efe
Lima
El matador peruano Joaquín Galdós cortó este domingo tres orejas y salió a hombros de la plaza de Acho, en un festejo de la feria del Señor de los Milagros en el que Manzanares obtuvo un trofeo y Morante resultó fuertemente abroncado.
Con tres cuartos de entrada se celebró la cuarta corrida de abono de la Feria del Señor de los Milagros, en la que se lidiaron seis toros de Puerto de San Lorenzo (1º, 2º y 6º), La Ventana del Puerto (4º y 5º) y Peña de Francia (3º).

El peruano remató la tarde con el buen sexto del Puerto de San Lorenzo al que cortó las dos orejas, y que fue aplaudido en el arrastre. El toro salió suelto, mostrándose corto y tardo en los capotes. Salió escupido también del caballo, en busca de querencia. La clave de la faena estuvo al inicio, con los muletazos por bajo rodilla en tierra, con los que el peruano terminó de ahormar las embestidas del astado. Le siguieron series de derechazos largos y templados, con los que metió al toro en la muleta.
Anduvo fino toreando al natural, por donde basó casi toda su faena. Toreo de clase y sabor que gustó a los tendidos. Coronó su labor con una estocada arriba que le aseguró los premios.
Con buenas verónicas recibió Manzanares al segundo, que metió bien la cara de salida, especialmente por el lado derecho. Tras un buen puyazo, el alicantino inició el trasteo por alto.
Siguieron al referido prólogo buenas series diestras, con muletazos largos, enroscándose al toro, que embistió con recorrido. Al animal le faltó más motor y transmisión para que el buen trasteo de Manzanares llegase con más eco a los tendidos. Faena suave y corta. Pinchó arriba antes de la estocada final. Hubo aplausos al toro y ovación con saludos para el torero.

Morante de la Puebla fue severamente abroncado ante el cuarto de la tarde. Al primer extraño que le hizo el toro en los muletazos de tanteo optó por despacharlo rápidamente en medio de un público indignado por la actitud del sevillano.
El primero fue un manso de solemnidad, huidizo y reservón, con el que el de La Puebla no tuvo ninguna opción.
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