sábado, 22 de junio de 2019

Apoteosis confirmada de José Tomás en Granada



El diestro de Galapagar corta seis orejas y rabo y abre la puerta grande en una tarde de enorme expectación

José Tomás, firme por estatuarios
José Tomás, firme por estatuarios - Pepe Marín

Andrés Amorós 

Crónica de una apoteosis anunciada. Con toros bravos, muy bien escogidos, la personalidad y la quietud de José Tomás entusiasman al público, entregado desde el comienzo. Sorprende verlo tan puesto, después de un año sin torear. Sólo al matar se ha advertido su inactividad. No se trataba, desde luego, de una corrida al uso, sino de algo que se presenta como un acontecimiento único, excepcional: la vuelta a los ruedos de José Tomás, un año después de haber actuado en Algeciras. Es decir, algo que nadie quiere perderse. Tal como estaba todo planteado, ¿podía alguien imaginar que el diestro no saliera a hombros? ¡Imposible! Pero el torero ha respondido a las expectativas de sus apasionados. Llegó la esperada apoteosis, la que todos querían: seis orejas y un rabo y puerta grande para José Tomás. Todos felices.

Algunos puntos previos. No me gusta un cartel que no sé cómo calificar, en el que alternan un matador, «en solitario», se dice, y un rejoneador. ¿Qué clase de competencia puede ser ésa?

 Consecuencia de todo esto: el caballero y el torero a pie lidian toros de distintas ganaderías, elegidos, obviamente, por sus mentores. No me gusta que se suprima un rito básico de la corrida de toros, el sorteo de las reses, que ofrece igualdad de oportunidades a todos los diestros. Y algo igualmente evidente: con todos los respetos para Plazas como Algeciras y Granada, una figura de primera categoría lo demuestra toreando en las Ferias de Madrid, Sevilla y Bilbao, las reses que allí se lidian, compitiendo con las otras figuras. Son mandamientos básicos de la Tauromaquia, que ningún «modernismo» debe eliminar.

A partir de ahí, relatemos lo que ha sucedido en Granada, esta tarde. Por supuesto, lleno de «No hay billetes», reventa, apreturas en los tendidos, expectación, recibimiento apoteósico al diestro: muy espigado, vestido de azul y oro, muy serio, con el mechón blanco y las huellas de la edad, en el rostro. A Sergio Galán le toca el complicado papel de un aperitivo, que la gente está deseando sea breve. Brinda a José Tomás el primero, de Pallarés, que galopa y le permite lucirse. Aplauden sus alardes ecuestres y mata de un rejonazo. Después de dos faenas de Tomás, se esfuerza por atraer la atención del público, arriesgando, al clavar muy en corto y en el par a dos manos pero falla, al matar.
Al saltar a la arena el segundo, se escucha un clamor: «¡Por fin!» Recibe con suaves verónicas al segundo, «Fumador» de Cuvillo, que flaquea un poco pero es muy bravo; las enlaza con lentas chicuelinas, que levantan un clamor; quita impávido, mezclando lances. Comienza con seis estatuarios amanoletados, en el centro, y el desprecio. A la gente no le importa el desarme final. Cita de frente para naturales suaves. El toro repite y la emoción sube en los derechazos ligados y algún remate por bajo apurado. Estocada desprendida y atravesada: dos orejas. En el tercero, «Fogoso», de Garcigrande, lancea muy lento; apenas lo pican; se lo ciñe en las gaoneras. El toro aprieta en banderillas a Sergio Aguilar. Traza buenos naturales, con algún enganchón. Un cambio de mano que desemboca en un circular desata la locura. La estocada queda baja, todavía suelta el toro un derrote que le alcanza un poco: dos orejas. El quinto, «Bellito», de El Pilar, se crece en varas: dibuja chicuelinas muy lentas. Saluda Miguel Martín. Después de buenos doblones, lo imanta en la muleta pero el toro queda a medias. Mata caído y trasero. Al sexto, de Cuvillo, lo recibe con delantales, no siempre limpios, que levantan un clamor, aunque acaban con desarme. Se echa el capote a las espalda en el impávido quite. Brinda al público (igual que el primero). Cita al natural de lejos y aguanta, con riesgo y emoción. Se apaga pronto el toro pero todavía le saca muletazos pausados. Sigue toreando totalmente a gusto, para él mismo (feliz, por comprobar lo bien que ha estado) y para un público, totalmente entregado. Coge la espada en el momento justo, mata arriba y corta las orejas y el rabo: el broche de oro de una gran tarde.

Resumen final: se confirma la anunciada apoteosis. ¿Animará este éxito a José Tomás para que acceda a torear en otras Plazas? «Todo es posible en Granada», se llamaba una deliciosa película de Sáenz de Heredia, con Merle Oberon y Paco Rabal. Ya han pasado la Feria de Abril y la de San Isidro pero todavía no se han anunciado los carteles de las Corridas Generales de Bilbao, ni de la Feria de Otoño madrileña, ni del 12 de octubre, en Sevilla. No parece justo privar a las aficiones más entendidas de España del arte de uno de los grandes toreros actuales. Recuerdo la frase de Gerardo Diego, cuando ejerció la crítica taurina: «Soñemos, alma, soñemos». Pero, en este caso, con pocas esperanzas de que el sueño se haga realidad.

Romance torero

Un vecino me pasa un romance, no «gitano» sino torero: «Quién hubiera tal ventura, la víspera de San Juan, como José Tomás tuvo en su querida “Graná”. La expectación era enorme, con la Plaza a reventar. Sólo toreaba con él ese jinete Galán: yo no sé cómo se llama un cartel tan peculiar. Como era el único diestro, no tuvo que sortear cuatro toros colorados con nobleza y calidad: si «Fumador» era bueno, «Fogoso» no iba detrás; a medias queda «Bellito», «Novelero» es buen final. Ha cortado seis orejas y un rabo, es natural, y abierto la puerta grande, ¿alguien lo podía dudar? Sigue arrebatando al público su gran personalidad. Todos quedaron contentos: los hoteles, la ciudad, el empresario, sin duda, y también, José Tomás. Si todo ha ido tan bien, ¿por qué no repetirá? Madrid, Sevilla y Bilbao le están esperando ya». Y yo, muy de acuerdo, firmo debajo.

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