sábado, 8 de junio de 2019

Pablo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, por la Puerta Grande de Las Ventas



El jinete navarro corta dos orejas por una de sus mejores faenas en Madrid

Pablo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens salen a hombros. Foto: Julián López
Pablo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens salen a hombros. Foto: Julián López

Andrés Amorós

 En su tercer toro, Pablo Hermoso logra una gran faena, corta las orejas y sale en hombros. (Los dos anteriores habían manseado). Hace tiempo que no cuajaba un toro así, en Las Ventas. Lea Vicens le acompaña, cortando oreja y oreja, a pesar de matar mal. Con los dos hierros de Capea, cuatro toros salen muy buenos; los otros dos, mansean.

Si alguien todavía podía dudar de la afición de Don Juan Carlos a la Fiesta, su presencia en esta corrida, junto a la Infanta Elena, descartaría cualquier duda. En el cuarto y último festejo de rejones de la Feria, se anuncia un mano a mano entre Pablo Hermoso y Lea Vicens. La idea clásica del mano a mano iba unida a la competencia, a la rivalidad, a la pelea. Eso es imposible, cuando la diferencia de experiencia profesional es demasiado grande. Más bien parece que, ahora, compite este «equipo» ecuestre con el que lidera Diego Ventura. Lamento repetirme: ahora mismo, el único mano a mano que tendría sentido y emoción, en el rejoneo, es el que enfrentara a las dos grandes figuras, Pablo Hermoso y Diego Ventura, pero el primero lo rechaza, en Las Ventas, ante las cámaras de televisión.

Como gran figura, puede elegir con quién quiere torear, pero priva a los espectadores de un gran espectáculo.

No consigue lucirse Pablo en el primero, un marmolillo, desentendido de la lidia, y mata a la quinta. En el tercero, que se mueve pero también tiene querencia a tablas, lo lidia, se ovacionan los saltos de «Donatelli», pero mata a la cuarta. Brinda al empresario José Antonio Chopera el quinto, «Bondadoso», que hace honor a su nombre, embiste muy templado, le permite lucir su maestría: con «Berlín», en la «hermosina», su creación; con «Arsenio», en ceñidas piruetas, que levantan un clamor, como el par a dos manos. Acierta en el fulminante rejón de muerte: dos orejas y Puerta Grande. (Matando tres toros, ¿no debería ser necesario cortar tres?).

El alegre galope del segundo favorece la vistosa faena de Lea. Aunque el rejón de muerte queda trasero y caído, este benévolo público exige la oreja, que se concede. En el cuarto, clava trasero y desigual; pasa un momento de apuro cuando el toro tropieza a «Gacela». Mata a la sexta. En el último, ya con el clima de entusiasmo por la faena de Pablo, se luce en los alardes ecuestres con un toro que transmite mucho, por su movilidad. Mata pronto pero mal, de un rejonazo caído y contrario, con derrame, pero eso no impide la oreja y su Puerta Grande, acompañando a Pablo Hermoso.

Salen a hombros los dos, para alegría de este tipo de público. Debo insistir: habiendo disfrutado del maduro clasicismo del jinete navarro, ¡qué pena que no acepte alternar, en Las Ventas, con su rival, Diego Ventura! Ése sí sería un apasionante mano a mano.

Postdata.Por la mañana, en Las Ventas, la Unión de Federaciones Taurinas de Aficionados de España ha entregado su trofeo Nacional a la Promoción y Fomento de la Tauromaquia a Juan Manuel Albendea, aficionado ejemplar, que, con absoluto desinterés, ha defendido la Fiesta desde todas las tribunas. En el Congreso de los Diputados, luchó incansablemente para sacar adelante la Ley que reconoce a la Tauromaquia como integrante del «patrimonio histórico y cultural común de todos los españoles»: un hito fundamental, aunque, ahora mismo, haya Comunidades y Ayuntamientos que la incumplen flagrantemente. Juan Manuel Albendea no ha regateado nunca esfuerzos para defender la Fiesta: es justo que los aficionados se lo agradezcan.

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