viernes, 17 de abril de 2020

Lo que los médicos en el frente de batalla desearían haber sabido hace un mes

Algunas prácticas médicas que habían sido incuestionables antes de la COVID-19 —como cuándo es ideal usar respiradores— han desaparecido de un día para otro.

Credit...Sarah Blesener para The New York Times
Por  
The New York Times
Hace casi un mes, personas enfermas con el nuevo coronavirus comenzaba a llegar sin parar a los hospitales del área metropolitana de Nueva York, que se convertiría en el epicentro de la pandemia en Estados Unidos.

Ahora, los médicos de la región han comenzado a compartir entre ellos cómo ha sido reestructurar, sobre la marcha, sus sistemas de atención médica, su práctica profesional y sus vidas personales.

Doctores, si pudieran regresar en el tiempo, ¿qué se dirían a ustedes mismos a principios de marzo?
“Lo que creíamos que sabíamos, no lo sabemos”, dijo Nile Cemalovic, médico de cuidados intensivos del Centro Médico Lincoln en el Bronx.

La medicina se transforma de manera rutinaria, de generación en generación. Para la enfermedad que impulsa esta pandemia, ciertas prácticas consolidadas de emergencia médica han desaparecido casi de la noche a la mañana.

El cambio más grande: en lugar de sedar rápidamente a las personas que tenían niveles muy bajos de oxígeno para después ponerles respiradores mecánicos, muchos médicos ahora mantienen conscientes a los pacientes, les piden que se pongan de lado en la cama, que se reclinen en sillas y respiren por sí mismos —con oxígeno adicional— durante el mayor tiempo posible.

La idea es evitar que estén acostados y, por lo tanto, permitir que haya más espacio para los pulmones. Algunos médicos incluso les piden a los pacientes que se recuesten en colchones especiales de masaje diseñados para mujeres embarazadas, porque tienen espacios que alivian la carga del estómago y el pecho.

Credit...Ken Sutin










Otros doctores reajustan las máquinas de respiración CPAP —normalmente utilizadas para ayudar a las personas con apnea del sueño— o han combinado válvulas y filtros. Para algunos pacientes enfermos de gravedad, un respirador quizá sea la única esperanza real.

También está el espacio necesario dentro de los edificios y la mente de las personas. En un instante, cada vez más vestíbulos y cafeterías se convirtieron en alas hospitalarias; la tecnología de telemedicina rara vez utilizada se ha disparado repentinamente, y los médicos sostienen conferencias virtuales al lado de las camas de los pacientes con familiares que se encuentran en otros lugares; los médicos se obligan a separarse física y emocionalmente de los campos de batalla donde el oponente, el coronavirus, nunca hace un alto al fuego, como sí lo ha hecho el resto de la sociedad.

Más de 12.000 personas han muerto a causa del coronavirus en Connecticut, Nueva Jersey y Nueva York, donde hay más de 260.000 casos confirmados. Casi con seguridad, esas cifras subestiman las muertes, reconocen los funcionarios, pues las pruebas realizadas a las personas vivas y muertas siguen siendo irregulares.

Los médicos de la zona de Nueva York no han descubierto ninguna manera infalible de combatir la COVID-19 —la enfermedad causada por el virus— y no ha pasado suficiente tiempo para saber si sus improvisaciones son eficaces, dijo Anand Swaminathan, profesor clínico adjunto de medicina de emergencias del Centro Médico de la Universidad de San José en Paterson, Nueva Jersey.
Nadie sabe si alguna de estas medidas servirá de algo.

“Estoy seguro de que tendremos muchas respuestas en meses”, dijo Reuben Strayer, médico de urgencias del Centro Médico Maimonides en Brooklyn. “Desafortunadamente, eso no nos ayuda en este momento. Se debe empezar en alguna parte”.
“Jamás había tenido que pedirle a un paciente que dejara de usar su celular porque era hora de ponerle un tubo respiratorio”, dijo el doctor Richard Levitan, quien hace poco pasó diez días en el Centro Hospitalario Bellevue en Manhattan.

¿Por qué es tan extraño? La gente que necesita tubos respiratorios, que se conectan a ventiladores mecánicos que ayudan o se encargan de la respiración, rara vez está en forma para hablar por teléfono porque el nivel de oxígeno en su sangre ha disminuido drásticamente.

Si están conscientes, con frecuencia se muestran incoherentes y están a punto de ser sedados para que no se atraganten con los tubos. Es una medida drástica.

Sin embargo, muchos pacientes con la COVID-19 siguen alertas, incluso cuando su oxígeno ha disminuido drásticamente, por motivos que los trabajadores médicos solo pueden suponer. (Otra señal importante de qué tan enfermos de la COVID-19 están los pacientes —la presencia de marcadores inflamatorios en la sangre— no está disponible para los médicos sino hasta que se realiza el trabajo de laboratorio).

Algunos pacientes han regresado a los niveles normales simplemente al tomar oxígeno y acostarse de lado o boca abajo. Esa táctica se llama pronación (extenderse bocabajo).

Los doctores del Centro Médico Montefiore en el Bronx y el Centro Médico Monte Sinaí en Manhattan lo han descrito en Twitter; al lado de las camas en el Centro Hospitalario Elmhurst en Queens están dejando una guía para los pacientes sobre la frecuencia con la que deben voltearse.

En el Hospital Lincoln, en el Bronx, Nicholas Caputo dio seguimiento a 50 pacientes que llegaron con niveles de oxígeno de entre 69 y 85 por ciento (el nivel normal es de 95 por ciento). Después de cinco minutos de pronación, habían mejorado para alcanzar un promedio de un 94 por ciento. A lo largo de las siguientes 24 horas, casi tres cuartos de los pacientes pudieron evitar la intubación; trece necesitaron respiradores. Algunos médicos dijeron que extenderse boca abajo no parece funcionar tan bien con los pacientes mayores.

Nadie sabe aún si este será un remedio duradero, dijo Caputo, pero si pudiera regresar a principios de marzo, esto se aconsejaría a sí mismo y a otros: “No opten de inmediato por la intubación”.

El número total de personas que son intubadas está llegando a 21 al día, en comparación con las 300 de finales de marzo. La necesidad de respiradores mecánicos, aunque aún es urgente, ha sido menor de lo que la comunidad médica esperaba hace un mes.



“A los pacientes intubados con enfermedad pulmonar causada por la COVID les está yendo muy mal, y, aunque quizá se trate de la enfermedad y no de la ventilación mecánica, la mayoría de nosotros cree que la intubación debe evitarse hasta que se necesite de manera inequívoca”, comentó Strayer.

Este cambio ha aligerado la carga a la que se someten las enfermeras y el resto del hospital. “Si le pones un tubo a alguien, la cantidad de trabajo necesario para no matar a esa persona aumenta según un factor de cien”, lo cual crea una avalancha que hace más lentos los resultados de laboratorio, rayos X y otros cuidados.
Al comprometer todos los recursos del hospital a una atención altamente compleja, la ventilación mecánica masiva de los pacientes forma una línea Maginot médica.

Para los pacientes más pesados, Levitan aboga por combinar el soporte respiratorio de una máquina CPAP u oxígeno regular con una posición cómoda en un colchón especial de masaje para embarazadas. Él pidió que le envíen uno al hotel donde se queda en Nueva York y lo llevó a Bellevue.

La primera paciente que descansó en el colchón llegó con una saturación de oxígeno alrededor de 40, respiraba de manera vertiginosa y tenía un ritmo cardíaco demasiado rápido, dijo. Después de darle oxígeno a la paciente a través de una cánula nasal —tubos plásticos transparentes que se ajustan a las fosas nasales— Levitan la ayudó a acostarse boca abajo en la mesa de masaje. El nivel de oxígeno en su sangre subió hasta más de noventa, dijo, su pulso se desaceleró a menos de 100 y empezó a respirar en un ritmo más normal. “Durmió por dos horas”, dijo.

Sus hermanos están donando más colchones.
“Tenemos que ver cómo se desenvuelve, pero tiene mucho sentido”, dijo Swaminathan. “La obesidad es un claro factor de riesgo”.

Josh Farkas, quien se especializa en medicina de cuidados pulmonares y críticos en la Universidad de Vermont, dijo que los riesgos de pronación eran bajos. “Se trata de una técnica sencilla, que es segura y bastante fácil de realizar”, comentó Farkas. “Comencé a hacer esto hace algunos años en pacientes ocasionales, pero jamás imaginé que se volvería así de generalizado y útil”.

Esto ha sido como reconstruir el motor de un auto que corre a 160 kilómetros por hora.
“No me sorprendería que en un par de semanas alguien en el país encuentre una mejor manera de hacerlo”, dijo Swaminathan.
La comunidad médica necesita desesperadamente de investigación, pero no hay tiempo que perder. 

“Todos tienen una observación”, dijo Strayer. “Todos tienen una opinión. No es muy útil. Lo que importa es la ciencia y de eso aún no tenemos nada”.

Después de turnos llenos del estrés de la incertidumbre, los doctores usan sus propias alternativas para buscar la paz al final del día.

“Vivo solo”, dijo Strayer. “Lo que resulta una enorme ventaja para mí y mi propio bienestar”.

Swaminathan dijo que él pasa por un ritual de descontaminación antes de manejar a casa con su esposa e hijos. “Decidimos que mudarse no era una opción”, dijo. Ellos lo mantienen cuerdo. Él tiene reuniones en Zoom con amigos que trabajan en campos ajenos a la medicina. Y hubo sorpresas.

“Alguien tuiteó la sesión de Zoom de los músicos del Ballet Nacional Inglés mientras tocaban El lago de los cisnes de Tchaikovsky”, dijo. “Lo escuché. Y noté cómo todo mi cuerpo se relajaba”.

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