lunes, 12 de enero de 2026

El "Susto" en la Pila Bautismal: Germán Briceño Ferrigni y la Sal de la Sabiduría

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por Germán D' Jesús Cerrada

​La fe y la historia a veces se cruzan de formas inesperadas. Álvaro Sandia Briceño nos lo recuerda tras ver por la RAI al Papa León XIV bautizando bebés en la Capilla Sixtina. La pompa del Vaticano le sirvió de puente para rescatar un relato mucho más terrenal: el bautizo de Germán Briceño Ferrigni en la Iglesia de Chiguará.

​Corría el año 1932. En aquellos tiempos, las carreteras andinas eran un desafío y llegar a Chiguará era una odisea que ni el más encumbrado de los padrinos podía garantizar. El abuelo Hilarión había escogido para Germán a un protector de "quilates": el Dr. Armando González Puccini, figura rutilante en la medicina y la política de la era de Juan Vicente Gómez y, posteriormente, viceministro de Sanidad, en tiempos de Suarez Flamerich.

​Por las dificultades del viaje, el Dr. González Puccini no pudo cumplir su compromiso sagrado sino hasta que el ahijado ya correteaba con casi tres años encima. Y aquí es donde la liturgia se encontró con la personalidad del pequeño Germán. 

En el rito del bautismo, además del agua y el aceite, se acostumbra colocar en la boca del párvulo lo que se conoce como "la sal de la sabiduría".

​Pero Germán, que a esa edad ya no era un bebé dócil, no estuvo para simbolismos. En cuanto el sacerdote le puso el simbólico grano en la lengua, y ante el asombro de los familiares presentes, el niño simplemente lo escupió. Entre los murmullos de la iglesia, alguien soltó una sentencia lapidaria que quedó grabada en la memoria familiar: "Pobre niño, va a ser un bruto porque rechazó el don de la inteligencia".

​Álvaro Sandia, con esa chispa que lo caracteriza, concluye su relato con una reflexión cargada de malicia: siempre ha pensado que si Germán, en lugar de despreciar aquel sagrado condimento, se lo traga con devoción, ¡hoy estaríamos hablando de un genio de proporciones universales!

​Al final, la vida se encargó de desmentir al pesimista de la iglesia. 

Se demostró que a Germán Briceño Ferrigni no le hizo falta aquel rito para sazonar su vida con inteligencia; el niño que "escupió la sal" terminó siendo un brillante intelectual, Gobernador de Mérida y, curiosamente, Embajador ante la mismísima Santa Sede. 

Aquel gesto rebelde quedó para siempre como la prueba de que la chispa natural no necesita de auxilios externos, convirtiéndose en la anécdota más "salada" de la historia de Chiguará.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Así mismo es querido Alvaro.

Anónimo dijo...

Gracias por compartir! Dios bendiga al Dr Germán Briceño Ferrigni, y a todos esosmerideños q hicieron tanto por La “Ciudad de los Caballeros” y por Venezuela

Jorge Pereira dijo...

Buenísimo 👏 👏.
La sal le llego al paladar.
Si la recibió.
👍👏👏👏

Anónimo dijo...

Inclusive por sus disertaciones y escrito,era también un humanista

Anónimo dijo...

Lo que demuestra que German Briceño, hasta en la pila bautismal, dejo ver lo irredomable de su carácter de hombre nacido en la feraz serranía Chiguarera.

Anónimo dijo...

Mi querido Alvarito, gracias por compartir tan bellos relatos, aDios gracias no trago el grano de sal,se evidenció que no lo necesitaría, un abrazo