martes, 20 de enero de 2026

​La Maestranza de Maracay: Un templo de nostalgia y gloria

Jorge Cepeda

​A finales de 1905, Maracay ya era un hervidero de pasión taurina. En un contexto político complejo, marcado por la llegada al poder de la Revolución Restauradora con los andinos Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, la nostalgia por las tradiciones de los pueblos de los Andes venezolanos —ferias, música, espectáculos— encontró un cauce monumental en la «Ciudad Jardín» de Venezuela.

​Fueron precisamente los hijos del general Gómez, Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez —aficionados de pura solera—, quienes impulsaron la construcción de una plaza moderna y definitiva que satisficiera el fervor de la ciudad; allí sentaron los primeros cimientos para el ganado bravo y su plaza de toros.

​Con el beneplácito del mandatario, que donó un terreno en Calicanto, y con capital privado de los hermanos Gómez, el proyecto tomó forma. El joven arquitecto Carlos Raúl Villanueva, recién llegado de Europa, presentó un diseño que, frente a otras propuestas, supo capturar el deseo de Florencio: un aire morisco con un gusto muy español.

​Los alternantes en 1955: Diamante Negro, Joselito Torres y César Girón

​Villanueva dirigió personalmente las obras, donde cerca de 160 obreros —entre ellos el diestro venezolano Eleazar «Rubito» Sananes— dieron vida al coloso.
​Inaugurada con pompa, la plaza —cuyo costo final superó el millón de bolívares— se erigió no solo como una obra de belleza arquitectónica elogiada internacionalmente, sino como el templo indiscutible de la tauromaquia nacional. Por su arena han pasado toreros nacionales y de diferentes nacionalidades, escribiendo páginas de gloria. El espíritu de César Girón parece habitarla ahora que lleva su nombre.

​Hoy, cuando las corridas son allí menos frecuentes, la Maestranza se alza como un monumento a la memoria. Es un testigo silente de épocas bullentes, de ovaciones que hacían retumbar la ciudad, de una tradición que, aunque ahora desdibujada, sigue viva en el corazón de Maracay.

​Que su estructura, majestuosa y serena, continúe evocando por miles de años más el eco del toreo, el orgullo de un pueblo y la nostalgia perenne de lo que una vez fue. ¡Enhorabuena, Maestranza, por su nuevo aniversario!

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