Por segunda noche consecutiva, el silencio de las inmediaciones de los principales centros de reclusión en Venezuela ha sido roto por la presencia de familias que, entre oraciones y velas encendidas, aguardan la liberación de sus seres queridos.
Tras el anuncio oficial sobre la revisión de medidas judiciales para un "número importante" de presos políticos, la expectativa se ha concentrado en lugares emblemáticos como El Helicoide en Caracas, así como en las cárceles de Yare y Tocuyito. Hasta el momento, el proceso se ha caracterizado por un flujo pausado de excarcelaciones, confirmándose la salida de un grupo reducido de personas, cuya cifra oscila entre las ocho y once identidades verificadas por organizaciones no gubernamentales.
La atmósfera en las afueras de estos recintos es de una fe inquebrantable pero cautelosa.
El activista Diego Casanova, integrante del Comité por la Libertad de los Presos Políticos, ha permanecido acompañando a las madres y esposas que pernoctan en la zona, quienes sostienen que no abandonarán sus puestos hasta recibir noticias concretas sobre las boletas de excarcelación.
Este movimiento ciudadano surge como respuesta directa a los recientes pronunciamientos del Ministerio Público, que instó a los tribunales a revisar los casos de aquellos detenidos tras los eventos electorales del pasado año.
Mientras las horas pasan, el grupo de familiares se mantiene firme, compartiendo alimentos y palabras de aliento, transformando la acera en un espacio de resistencia pacífica y esperanza colectiva.
A pesar del optimismo que rodea cada portón que se abre, la realidad legal sigue siendo compleja. Las liberaciones confirmadas hasta ahora se han ejecutado bajo medidas cautelares, lo que implica que los procesos judiciales continúan abiertos bajo condiciones de presentación periódica.
Mientras tanto, las organizaciones de derechos humanos mantienen un monitoreo constante en todo el país, cruzando datos para dar certeza a las familias que, desde las regiones más distantes, esperan que el nombre de su allegado aparezca en las listas de las próximas horas. La jornada cierra con la promesa de los presentes de mantener las vigilias de forma indefinida, reafirmando que, para ellos, la espera no es solo un trámite administrativo, sino un acto de amor y fe.
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