Por: Germán D' Jesús Cerrada
La historia de San Cristóbal está profundamente ligada a la figura de su santo patrono, San Sebastián. Este vínculo, que comenzó como una semilla de fe plantada por los fundadores de la ciudad, ha florecido con el paso de los siglos hasta convertirse en el alma de la festividad más emblemática del Táchira y de toda Venezuela.
Nacido en Narbona, en la provincia romana de las Galias, Sebastián era un valiente soldado del Imperio que en el año 303 decidió abrazar la fe cristiana en medio de crueles persecuciones. Su decisión provocó la ira del emperador Diocleciano, quien lo condenó a morir asaetado en un árbol de Tampaco un 20 de enero.
A pesar de las heridas, el soldado sobrevivió y, con una entereza admirable, se presentó nuevamente ante el emperador para reprochar su crueldad. Este acto de valentía le valió el martirio definitivo, pero también le otorgó la gloria eterna como símbolo de resistencia y esperanza.
Este mártir llegó al Nuevo Mundo en las alforjas de quienes fundaron San Cristóbal. Los fundadores no solo trajeron herramientas y sueños, sino que plantaron el nombre de San Sebastián como una promesa de protección. Con el correr del tiempo, el pueblo acordó celebrar ferias en su honor, transformando el testimonio de culto en una manifestación cultural sin precedentes.
Hoy, la Feria Internacional de San Sebastián (FISS) es el reflejo vivo de esa herencia. Al honrar su nombre, San Cristóbal no solo celebra una festividad, sino que reafirma su identidad. La "Feria Gigante de América" es, en esencia, la evolución de aquel antiguo tributo de fe que sigue uniendo a los tachirenses cada mes de enero bajo el amparo de su valiente patrono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario