Por: Germán D' Jesús Cerrada
Fotos: Ramón Pico
Mérida, Venezuela.— La fe y la afición se fundieron este miércoles en un abrazo inolvidable.
El Carnaval Taurino de América no comenzó esta vez con el estruendo de los clarines, sino con el silencio devoto de una procesión y el eco de las sevillanas que llevaron la esencia de la Fiesta Brava hasta el Altar Mayor de la Catedral Merideña.
La jornada inició en las entrañas de la Plaza Monumental "Román Eduardo Sandia", donde, bajo el amparo de la Comisión Taurina Municipal, COREMER, la Empresa Taurina Fiesta Brava, las escuelas de flamenco, los alumnos de la Escuela Taurina de Mérida y la corte de honor de la Feria del Sol, la imagen de la Virgen del Rocío comenzó su peregrinar.
A su paso por la Iglesia de San Juan Bautista de Milla, el arte se hizo presente con la Academia Gracia de Dios, cuyas bailaoras rindieron el primer tributo de la tarde a la Blanca Paloma.
Al llegar a la Catedral, el ambiente era de una solemnidad vibrante en un altar vestido de luces y pasión.
Las naves del templo, colmadas de fieles y aficionados, fueron testigos del talento de las escuelas flamencas antes de dar paso a la Misa de Acción de Gracias.
La ceremonia fue concelebrada por el capellán del coso merideño, el Presbítero José Gregorio Méndez, y el Presbítero Gabriel Fernández. Las interpretaciones de Pasión Rociera elevaron el espíritu de los presentes, creando una atmósfera donde la liturgia y la cultura taurina hablaban el mismo idioma.
El momento cumbre de la reflexión llegó con la homilía para santificar la fiesta, a cargo del Padre Gabriel Fernández, quien evocó el decálogo del mítico Salvador Sánchez "Frascuelo" para recordar la importancia de "Santificar las fiestas españolas". En su intervención, el presbítero expresó que "lo que hemos recibido como herencia cultural y parte de nuestra idiosincrasia merideña, hoy lo bendecimos; en el redondel, el matador y el toro se encuentran ofreciendo sus vidas bajo una cierta liturgia. Que Dios nos dé salud para disfrutar este Carnaval y que, como en el ruedo, Él reparta suerte".
Este evento marca un hito para la historia taurina, pues como recalcó el Padre José Gregorio Méndez con regocijo, es la primera vez que el ciclo ferial de la ciudad se inicia formalmente con una Eucaristía en el Templo Mayor de Mérida. Fue un acto de comunión entre la ciudad, sus instituciones y su tradición más arraigada.
Con la bendición de la Virgen del Rocío y la esperanza puesta en las tardes del 14 al 16 de febrero, Mérida ya está lista. La suerte está echada y, sobre todo, bendecida.
1 comentario:
Y cuando lleguen a la casa coman sardina con yuca, si hay.
Si no q la virgen del Rocío provea y q viva la feria del sol sedienta sin carreteras sin ele
ctricidad ni aeropuerto
Publicar un comentario