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Por El Nuevo Herald
A pesar de que un juez dictaminó que Germán Rodolfo Varela López no podía ser deportado de Estados Unidos —al reconocer el riesgo de persecución bajo la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura—, agentes migratorios lo bajaron a golpes de una camioneta, lo obligaron a cruzar la frontera y ahora enfrenta un limbo legal en un tercer país. Un incidente con una funcionaria de supervisión de ICE desencadenó una cadena de eventos que culminó con la deportación del exmilitar venezolano, dejándolo vulnerable y lejos del amparo legal que el sistema estadounidense le había otorgado.
Durante 20 años asistió a sus citas con las autoridades de Inmigración sin incidentes, hasta que todo cambió en noviembre de 2025. Una pregunta selló el destino de Varela López, un exmilitar venezolano que se declaró en desobediencia contra el gobierno de Hugo Chávez en 2002 y tuvo que huir en 2003, cuando fue acusado de terrorismo y enfrentaba una orden de arresto.
Germán Varela cuando se desempeñaba como oficial activo en Venezuela.
Familia Varela Durante una cita de rutina, una funcionaria del programa de Comparecencia con Supervisión Intensiva (ISAP), una iniciativa de la Policía de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), le preguntó si sentía temor en suelo estadounidense. Al responder afirmativamente, citando informes sobre la presencia de agentes del régimen chavista en otros países para presuntamente perseguir a opositores, la interacción se tornó hostil, según relató el exmilitar en una entrevista con el Nuevo Herald desde México. La funcionaria insistió en decirle que se encontraba en Estados Unidos, dando a entender que su miedo era infundado.
Ante la insistencia, Varela López le pidió que escribiera en un reporte lo que ella considerara pertinente. La reacción fue inmediata. “¿Sabes qué? Te vas para Venezuela”, sentenció la mujer antes de entregarlo a agentes de deportación, de acuerdo con el exteniente de la Guardia Nacional de ese país sudamericano. Lo trasladaron a un centro de detención de ICE en Tennessee, estado donde residió durante dos décadas. A partir de ese momento comenzó a vivir un calvario migratorio.
Estuvo en centros de detención de ICE en Mississippi, Texas y Arizona, tratando desesperadamente de evitar la deportación, sobre todo cuando se enteró de que inicialmente lo tenían en una lista para enviarlo a Venezuela. Cada vez que tenía la oportunidad explicaba a los agentes de Inmigración por qué no podían enviarlo a Venezuela, donde afirma que correría peligro.
Impugnar la detención de ICE Con ayuda de su familia, presentó un recurso de habeas corpus para impugnar su detención y solicitó además una suspensión de la deportación. Un juez de distrito de Arizona concedió el habeas corpus a Varela López, quien impugnó su detención migratoria argumentando que se había excedido el período de deportación y que no existía una probabilidad significativa de deportación en un futuro razonablemente previsible. Orden de un juez de Arizona concediendo el habeas corpus al exmilitar Germán Rodolfo Varela López Germán Rodolfo Varela López Otorgamiento del habeas corpus. Germán Rodolfo Varela López.
También arguyó que su orden de supervisión no fue revocada debidamente antes de ser nuevamente detenido, según los documentos del caso a los que tuvo acceso el Nuevo Herald. El juez precisó en su dictamen que el tribunal ordenó a las autoridades de Inmigración justificar por qué no debía concederse la petición. En su respuesta, indicaron que el abogado que suscribió el documento no había podido determinar suficientes hechos en ese momento para establecer que existía una “probabilidad significativa de deportación en un futuro razonablemente previsible”, ni que la orden de supervisión del peticionario hubiera sido revocada debidamente.
“En consecuencia, los demandados no pueden justificar por qué no se debería conceder la petición y, por lo tanto, no se oponen a la solicitud de liberación del peticionario en este momento”, señala el documento. La decisión indicaba que el exmilitar debía ser liberado inmediatamente en las mismas condiciones que existían antes de su detención. Pero Varela López no fue liberado. El dictamen se emitió el 20 de febrero, cuatro días después de que había sido deportado a México.
En cuanto a la suspensión de la deportación, el mismo juez emitió un fallo el 9 de febrero de 2026 denegando sin perjuicio esa petición. “El peticionario alega que un juez de inmigración le otorgó previamente un ‘aplazamiento de la deportación a Venezuela’ y que dicha deportación lo expone a ‘objetivos políticos y amenazas creíbles contra su vida’. Si bien es preocupante, el peticionario no ha presentado suficientes hechos para justificar una suspensión de la deportación en este momento”, dijo.
No obstante, ordenó que las autoridades de Inmigración justificaran, a más tardar el 19 de febrero, por qué no debía concederse la solicitud, mientras que el exmilitar podía presentar una respuesta el 26 de febrero. Miedo creíble y sin documentos Varela López contó que cuando se enteró de que sería enviado a México, su abogado le dijo que invocara artículos de la ley de Inmigración que —según explicó— le permitían solicitar una evaluación de “miedo creíble” al negarse a ser deportado a un tercer país donde, afirmó, su vida corría peligro y no contaba con garantías de protección. De acuerdo con su versión, recordó a los funcionarios que estaban obligados a recibir formalmente esa solicitud y a suspender el proceso de expulsión mientras se evaluaba su caso.
Pero esto nunca ocurrió. El exmilitar venezolano Germán Varela se declaró en desobediencia contra el gobierno de Hugo Chávez en 2002. Familia Varela Al exteniente tampoco le devolvieron sus pertenencias, que le quitaron cuando lo trasladaron al centro de detención de ICE en Tennessee: sus documentos de identificación, dos teléfonos celulares y dinero. Cuando llegó el momento de trasladarlo a la frontera con México comenzó otro vía crucis para Varela López, que inició con una advertencia tajante de los agentes: “Te vas por las buenas o te vas”.
Fue esposado junto a otros detenidos y subido a una camioneta tipo cargo van. El traslado culminó en la frontera con la ciudad mexicana de Nogales. Al descender, los migrantes debían caminar apenas unos metros antes de ser subidos a un vehículo militar mexicano. Según el relato de Varela López, en el sitio había representantes de la Cruz Roja, del consulado mexicano, agentes de migración y efectivos de seguridad mexicanos.
Golpes y patadas Varela López dijo que logró soltarse parcialmente las cadenas de la cintura y se amarró a la estructura interna de la camioneta.
Ante la insistencia, Varela López le pidió que escribiera en un reporte lo que ella considerara pertinente. La reacción fue inmediata. “¿Sabes qué? Te vas para Venezuela”, sentenció la mujer antes de entregarlo a agentes de deportación, de acuerdo con el exteniente de la Guardia Nacional de ese país sudamericano. Lo trasladaron a un centro de detención de ICE en Tennessee, estado donde residió durante dos décadas. A partir de ese momento comenzó a vivir un calvario migratorio.
Estuvo en centros de detención de ICE en Mississippi, Texas y Arizona, tratando desesperadamente de evitar la deportación, sobre todo cuando se enteró de que inicialmente lo tenían en una lista para enviarlo a Venezuela. Cada vez que tenía la oportunidad explicaba a los agentes de Inmigración por qué no podían enviarlo a Venezuela, donde afirma que correría peligro.
Impugnar la detención de ICE Con ayuda de su familia, presentó un recurso de habeas corpus para impugnar su detención y solicitó además una suspensión de la deportación. Un juez de distrito de Arizona concedió el habeas corpus a Varela López, quien impugnó su detención migratoria argumentando que se había excedido el período de deportación y que no existía una probabilidad significativa de deportación en un futuro razonablemente previsible. Orden de un juez de Arizona concediendo el habeas corpus al exmilitar Germán Rodolfo Varela López Germán Rodolfo Varela López Otorgamiento del habeas corpus. Germán Rodolfo Varela López.
También arguyó que su orden de supervisión no fue revocada debidamente antes de ser nuevamente detenido, según los documentos del caso a los que tuvo acceso el Nuevo Herald. El juez precisó en su dictamen que el tribunal ordenó a las autoridades de Inmigración justificar por qué no debía concederse la petición. En su respuesta, indicaron que el abogado que suscribió el documento no había podido determinar suficientes hechos en ese momento para establecer que existía una “probabilidad significativa de deportación en un futuro razonablemente previsible”, ni que la orden de supervisión del peticionario hubiera sido revocada debidamente.
“En consecuencia, los demandados no pueden justificar por qué no se debería conceder la petición y, por lo tanto, no se oponen a la solicitud de liberación del peticionario en este momento”, señala el documento. La decisión indicaba que el exmilitar debía ser liberado inmediatamente en las mismas condiciones que existían antes de su detención. Pero Varela López no fue liberado. El dictamen se emitió el 20 de febrero, cuatro días después de que había sido deportado a México.
En cuanto a la suspensión de la deportación, el mismo juez emitió un fallo el 9 de febrero de 2026 denegando sin perjuicio esa petición. “El peticionario alega que un juez de inmigración le otorgó previamente un ‘aplazamiento de la deportación a Venezuela’ y que dicha deportación lo expone a ‘objetivos políticos y amenazas creíbles contra su vida’. Si bien es preocupante, el peticionario no ha presentado suficientes hechos para justificar una suspensión de la deportación en este momento”, dijo.
No obstante, ordenó que las autoridades de Inmigración justificaran, a más tardar el 19 de febrero, por qué no debía concederse la solicitud, mientras que el exmilitar podía presentar una respuesta el 26 de febrero. Miedo creíble y sin documentos Varela López contó que cuando se enteró de que sería enviado a México, su abogado le dijo que invocara artículos de la ley de Inmigración que —según explicó— le permitían solicitar una evaluación de “miedo creíble” al negarse a ser deportado a un tercer país donde, afirmó, su vida corría peligro y no contaba con garantías de protección. De acuerdo con su versión, recordó a los funcionarios que estaban obligados a recibir formalmente esa solicitud y a suspender el proceso de expulsión mientras se evaluaba su caso.
Pero esto nunca ocurrió. El exmilitar venezolano Germán Varela se declaró en desobediencia contra el gobierno de Hugo Chávez en 2002. Familia Varela Al exteniente tampoco le devolvieron sus pertenencias, que le quitaron cuando lo trasladaron al centro de detención de ICE en Tennessee: sus documentos de identificación, dos teléfonos celulares y dinero. Cuando llegó el momento de trasladarlo a la frontera con México comenzó otro vía crucis para Varela López, que inició con una advertencia tajante de los agentes: “Te vas por las buenas o te vas”.
Fue esposado junto a otros detenidos y subido a una camioneta tipo cargo van. El traslado culminó en la frontera con la ciudad mexicana de Nogales. Al descender, los migrantes debían caminar apenas unos metros antes de ser subidos a un vehículo militar mexicano. Según el relato de Varela López, en el sitio había representantes de la Cruz Roja, del consulado mexicano, agentes de migración y efectivos de seguridad mexicanos.
Golpes y patadas Varela López dijo que logró soltarse parcialmente las cadenas de la cintura y se amarró a la estructura interna de la camioneta.
Fue entonces —afirma— cuando un oficial lo golpeó entre tres y cuatro veces en la cabeza con el puño cerrado, hasta que perdió el conocimiento. Dice que otros migrantes le contaron que los agentes lo arrastraron fuera del vehículo “como un saco”, con la cabeza rozando el suelo. ICE no respondió a una solicitud de comentarios sobre este caso ni sobre los procedimientos para tratar a personas bajo protección contra la tortura enviada por el Nuevo Herald. Ya en la franja fronteriza, el exteniente intentó impedir que cerraran la puerta del vehículo mexicano colocando los pies entre el marco y la puerta.
Aseguró que recibió golpes en el estómago y patadas.
Aseguró que recibió golpes en el estómago y patadas.
Asegura que advirtió a funcionarios de ambos países que tenía miedo de ir a México y que debían tomarle una declaración previa de temor creíble antes de cualquier expulsión. Según su versión, nadie intervino. Limbo legal en tierra desconocida Al llegar a la estación migratoria en Tapachula, México, fueron despojados de sus pertenencias, registrados y notificados de que permanecerían allí durante diez días. Al término de ese plazo —según el documento que les entregaron— debían definir su situación, con la advertencia de que podían ser detenidos nuevamente.
El papel, sin embargo, no servía como salvoconducto. Cuando Varela López preguntó si podía viajar a otro lugar, la funcionaria le dijo que no podía salir de la ciudad y que debía acudir a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) para iniciar su trámite. Fueron liberados de manera sorpresiva alrededor de las 9 p.m. Salió a la calle sin documentos oficiales.
El papel, sin embargo, no servía como salvoconducto. Cuando Varela López preguntó si podía viajar a otro lugar, la funcionaria le dijo que no podía salir de la ciudad y que debía acudir a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) para iniciar su trámite. Fueron liberados de manera sorpresiva alrededor de las 9 p.m. Salió a la calle sin documentos oficiales.
Pidió prestado un teléfono para avisar a su familia. Sus parientes, que ya sabían de su traslado, le indicaron dirigirse a un hotel. Vista de una calle de Tapachula, en el extremo sureste del estado de Chiapas, México, cerca de la frontera con Guatemala, donde está confinado el exmilitar venezolano Germán Rodolfo Varela López.
Germán Rodolfo Varela López Realizó el trayecto, de más de una hora a pie. Llevaba zapatos tenis sin cordones, pantalón de preso y una camiseta blanca. Otros migrantes le advirtieron sobre los riesgos en la zona. Caminó solo, aunque manteniendo cierta distancia con otros liberados que se dirigían al mismo sector. El exteniente afirma que no puede salir legalmente de Tapachula, adonde finalmente lo llevaron, y que para regularizar su situación debe hacerlo ante la COMAR, lo que implica registrarse en línea y esperar un correo electrónico con la fecha de cita. Ese mensaje puede tardar semanas o incluso meses, mientras los solicitantes permanecen en la ciudad fronteriza que el exmilitar describe como un lugar con fuertes controles, donde los migrantes quedan sin posibilidad de moverse libremente por el país. La COMAR informó al Nuevo Herald que su función es resolver las solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado en México.
Enfatizó que no emite documentos de regularización migratoria ni de tránsito, tampoco salvoconductos, y explicó que el Instituto Nacional de Migración (INM) es el encargado de esos trámites. Tampoco administra albergues ni suministra apoyo económico. El INM no respondió a una solicitud del Nuevo Herald sobre las normas para recibir a los deportados de otras nacionalidades de Estados Unidos, su procesamiento y los salvoconductos.
Germán Rodolfo Varela López Realizó el trayecto, de más de una hora a pie. Llevaba zapatos tenis sin cordones, pantalón de preso y una camiseta blanca. Otros migrantes le advirtieron sobre los riesgos en la zona. Caminó solo, aunque manteniendo cierta distancia con otros liberados que se dirigían al mismo sector. El exteniente afirma que no puede salir legalmente de Tapachula, adonde finalmente lo llevaron, y que para regularizar su situación debe hacerlo ante la COMAR, lo que implica registrarse en línea y esperar un correo electrónico con la fecha de cita. Ese mensaje puede tardar semanas o incluso meses, mientras los solicitantes permanecen en la ciudad fronteriza que el exmilitar describe como un lugar con fuertes controles, donde los migrantes quedan sin posibilidad de moverse libremente por el país. La COMAR informó al Nuevo Herald que su función es resolver las solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado en México.
Enfatizó que no emite documentos de regularización migratoria ni de tránsito, tampoco salvoconductos, y explicó que el Instituto Nacional de Migración (INM) es el encargado de esos trámites. Tampoco administra albergues ni suministra apoyo económico. El INM no respondió a una solicitud del Nuevo Herald sobre las normas para recibir a los deportados de otras nacionalidades de Estados Unidos, su procesamiento y los salvoconductos.
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