viernes, 6 de marzo de 2026

El Túnel de la Libertad: La histórica fuga del Cuartel San Carlos

​El 5 de febrero de 1967, Venezuela fue sacudida por una de las hazañas de evasión más audaces del siglo XX: la huida de Pompeyo Márquez, Guillermo García Ponce y Teodoro Petkoff del Cuartel San Carlos en Caracas. 

Estos tres destacados dirigentes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) lograron burlar la seguridad de una de las prisiones militares más estrictas de la época tras permanecer cautivos por su oposición al gobierno de Raúl Leoni. 

La operación, conocida internamente como "Operación Simón Bolívar", fue el resultado de una planificación milimétrica que duró casi tres años y se convirtió en un hito de la ingeniería clandestina.
​Todo comenzó en una modesta bodega llamada "San Simón", ubicada exactamente frente al cuartel, entre las esquinas de Jabonería y Macuro. El PCV alquiló el local y simuló un negocio de víveres para justificar el movimiento de personas; en realidad, los sacos que salían del comercio no contenían mercancía, sino las toneladas de tierra extraídas de las profundidades. 

El túnel recorría una distancia de 60 metros de largo, con un diámetro de apenas 80 centímetros, y fue excavado a una profundidad de entre 3 y 4 metros para evitar las vibraciones del tráfico y no colapsar las tuberías de la ciudad.

​Sin herramientas de topografía sofisticadas, los excavadores utilizaron brújulas, niveles de agua y cuerdas para mantener la dirección, guiándose incluso por el sonido de los pasos de los guardias y el toque de diana para orientarse. Para evitar derrumbes en el suelo arcilloso, instalaron puntales de madera y marcos de hierro artesanales, mientras que la ventilación se resolvía mediante tubos de PVC conectados a ventiladores eléctricos que introducían aire fresco desde la bodega.

​El reto técnico más crítico fue perforar el tramo final sin alertar a la guardia.

Para lograrlo, los ejecutores utilizaron ácidos y sustancias químicas que corroían la mezcla de cemento de forma silenciosa, debilitando la losa del piso. Usaron berbiquíes manuales y cinceles lubricados con aceite para eliminar el chirrido del metal, sincronizando los golpes más fuertes con el ruido de los camiones o la lluvia. En la celda, los dirigentes mantenían un "tapón" de disimulo cubierto con alfombras o muebles. 

La noche de la fuga, bastó una presión controlada desde abajo para que el bloque de concreto cediera limpiamente, permitiendo que los tres líderes bajaran al túnel y desaparecieran hacia la libertad, dejando al Alto Mando Militar en estado de alerta total mientras ellos ya se encontraban en la clandestinidad.

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