Crónica del cuarto festejo de la Feria de Fallas 2026
por Javier Jiménez
Con la cabeza alta y el cuello rasgado por un viaje de la Parca desacertado por milímetros, llegaba Samuel Navalón a su reaparición casi como invitado a una fiesta en la que Roca Rey había llenado y al lado de una figura como Talavante. Pero quiso el destino -o la mano de Dios amigo que le mantuvo en la tierra en el mes de septiembre- que para él fueran los mejores toros de una corrida de Victoriano del Río mejor enlotada en su comportamiento que por sus hechuras. El valenciano reventó la Feria de Fallas y pegó una ‘cornada’ a la línea de flotación del toreo. Suya fue la tarde. De todos, su triunfo. La señera de Valencia tiene otro torero para que le rinda pleitesía por las ferias. Roca Rey tuvo más entrega que su lote y Talavante cumplió el primero de los dos paseíllos sin muchas opciones.
No tardó Samuel Navalón mucho en hacerse dueño de la tarde. Fue frente al tercero, el mejor toro de una corrida de Victoriano del Río de cuerpo y cuello poco propicio para el toreo flexible. Tras el inicio por pases cambiados, Navalón aprovechó la categoría del toro por el pitón derecho. Temple y largura del valenciano con un toro que por el izquierdo tenía menos entrega. Con claridad entendió al toro y nulos parecieron los fantasmas de un percance que estuvo a punto de costarle la vida. El final por circulares invertidos puso al público en pie y al toro, aculado en las tablas, dominado por tal lección de vida. Sólo faltaba la suerte final y ésta estuvo acertada al segundo intento. La oreja resultó de ley, no así una vuelta al ruedo de dudoso criterio por el final del astado.
Los dos posteriores toros se desarrollaron con distancia entre el ruedo y el público. No se prestaron los toros deslucidos de Victoriano del Río y el público ya había elegido a su protagonista: Samuel Navalón. Si importante fue la dimensión del tercero, lo del sexto fue una auténtica mascletá de deslucido toreo. Desde la portagayola, hasta las luquesinas y bernadinas finales, pasando por un inicio de derechazos de rodillas reduciendo la embestida. Hambriento de triunfos, Navalón fue capaz de comer despacio y paladear el toreo. El de Victoriano del Río tuvo buena nota, aunque una embestida al paso que exigía un toreo bueno. Un poso que llegó de nuevo más por el pitón derecho, antes del final en cercanías. Los gritos de ¡torero, torero! acompañaron más la faena en tierra de música. El pinchazo previo a la estocada encogió a todo un público que rugió cuando el presidente sacó el pañuelo blanco. Salvada la muerte, también se salvó el torero.
Con un mes de antelación puso Roca Rey el ‘No hay billetes’ en taquilla en su única comparecencia en Fallas. Ninguno de sus dos toros -teniendo virtudes- fue propicio para el triunfo por una falta de entrega que negaba el toreo reducido. Un movimiento por dentro que no siempre fue agradecido con el trato de poder que ofreció el peruano.
Talavante se enfrentó a un manso primero que en terrenos de tablas tuvo una docena de embestidas por el pitón izquierdo, mientras que el cuarto tuvo más facilidad siempre para venir que para irse con unos finales de muletazos sin humillación. Y la falta de entrega es la negación del toreo. Éste tuvo esta tarde en Samuel Navalón su protagonista. Mientras abandonaba en hombros la plaza, un niño dibujó, capote en mano, la libertad de soñar con el toreo. Quizás, con ser Samuel Navalón. No se sabrá. Pero qué bonito que los sueños se cumplan. Navalón lo hizo en una tarde de marzo.
Plaza de toros de Valencia. Corrida de toros. Cuarto festejo de la Feria de Fallas 2026. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Victoriano del Río, bien presentados, con cuajo y de juego dispar. Destacó, por encima de todos, el tercero, premiado con la vuelta al ruedo. Bueno también fue el sexto. Deslucidos y marcando su querencia a las tablas el primero y cuarto. El segundo y el quinto no tuvieron entrega.
• ALEJANDRO TALAVANTE, silencio y silencio tras dos avisos.
• ROCA REY, ovación tras dos avisos y silencio.
• SAMUEL NAVALÓN, oreja y oreja con petición.
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