Por: Germán D’ Jesús Cerrada
Diciembre siempre ha tenido un ritmo distinto en Mérida, uno donde la prisa se detiene para dar paso al encuentro.
En esta gráfica rescatada de los negativos de 1972, la Plaza de Milla se convierte en el escenario de una situación tan cotidiana como insólita para la mirada actual.
Dos compadres, sentados cómodamente en el brocal de una acera, se encuentran sumergidos en una de esas conversaciones que parecen no tener fin. Hablan, gesticulan y comparten el tiempo, quizás arreglando el mundo o planificando las parrandas venideras.
Tan profunda es la plática que, por un momento, a los protagonistas se les olvidó que el robusto animal que los acompaña era el ingrediente principal de las fiestas decembrinas.
Como bien sentencia el dicho popular: "A cada cochino le llega su sábado", y este ejemplar, con sus manchas oscuras y porte firme, esperaba pacientemente su destino mientras sus dueños agotaban el repertorio de anécdotas bajo la sombra de los árboles de Milla.
En la Mérida de aquel entonces, no era extraño ver este tipo de estampas donde lo rural y lo urbano se abrazaban sin complejos, y el sustento de la cena navideña formaba parte del paisaje cotidiano.
La imagen nos devuelve a una ciudad más pausada y folclórica, donde el tiempo alcanzaba para una buena charla entre amigos y donde las tradiciones se preparaban a la vista de todos.
Esta "Viñeta" es un testimonio de la picardía y el sabor local que definen el alma de nuestros barrios merideños, recordándonos que, entre palabra y palabra, la vida (y la navidad) seguía su curso.
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