martes, 21 de abril de 2026

El Arlequín que "Asaltó" a un Coleccionista: El Vigas del Paro Petrolero

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por Germán D' Jesús Cerrada

​El año 2002 dejó en Venezuela una cicatriz profunda. El Paro Petrolero no solo vació las estaciones de servicio, sino que significó el desmantelamiento de nuestra emblemática PDVSA y el despido de más de 20.000 empleados. 

En medio de aquel país paralizado, con colas interminables en los abastos y la incertidumbre como única constante, Álvaro Sandia Briceño vivió una de sus anécdotas más insólitas como coleccionista.

​Eran las ocho de una noche de cautela cuando el timbre de su casa rompió el silencio. Con la precaución de quien vive en una ciudad bajo sombras, Álvaro abrió la puerta para encontrarse con un joven que cargaba una bolsa de la que sobresalía algo misterioso. 

El visitante, conocedor del gusto de Álvaro por la estética, traía consigo una tentación inesperada: un Arlequín de Oswaldo Vigas.

​La respuesta inicial de Álvaro fue la del hombre sensato: "En las condiciones en que está la ciudad y el país, no es ocasión para ningún negocio, y menos por una obra de arte". El joven entendió, pero le pidió un favor de pura supervivencia: "Guárdeme el cuadro hasta mañana; vivo en Milla, tengo que subir a pie por la falta de transporte y temo que me asalten". Álvaro aceptó el encargo, pero cometió lo que él mismo llama un "craso error": en lugar de ocultar el paquete, se sentó a observar el lienzo con detenimiento.

Un Vigas no se deja mirar en vano; el Arlequín hizo su trabajo durante la noche y, al día siguiente, el joven no se llevó el cuadro, sino el cheque del negocio.

​Álvaro guardó la obra en su clóset y solo la sacó, tras las explicaciones de rigor a Isbelia, cuando el país intentaba buscar —entre zigzagueos— un norte que nunca consiguió. 

Pero la pieza valía el riesgo: Oswaldo Vigas (1923-2014) es una de las figuras más importantes del arte latinoamericano, y sus "Arlequines" son piezas codiciadas porque mezclan magistralmente la tradición europea de la comedia del arte con la fuerza telúrica del mito americano. 

Al final, el hecho de que Álvaro lo comprara "por seguridad" del vendedor resultó ser el giro perfecto de esta crónica: el arte terminó encontrando refugio en medio del caos, recordándonos que incluso en los tiempos más oscuros, la belleza es lo único que nos mantiene a salvo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente compra.