Por: Germán D' Jesús Cerrada
En los pueblos de la Mérida de ayer, los locales no conocían de especializaciones. Eran espacios vivos, de techos altos de caña brava, donde el aroma a loción para después de afeitar se mezclaba, sin conflicto alguno, con el olor del alimento para animales y el rastro aceitoso del querosén.
Esta imagen, capturada hace más de cinco décadas en Chiguará, es el testimonio fiel de esa versatilidad. En un mismo recinto, el barbero ejercía su oficio con precisión artesanal, utilizando una silla de madera que, pese a su sencillez, cumplía con la altura perfecta para transformar la fisonomía de los parroquianos.
A un costado del cliente, los sacos de "Pollarina" aguardaban por los criadores de aves, mientras que al fondo, un pipote metálico —silencioso guardián de insumos básicos— sugería la venta de combustible para las lámparas y cocinas de la época.
Más que una peluquería, este rincón de Chiguará era un centro de encuentro; un lugar donde, mientras caía el cabello al suelo de tierra, seguramente se tejían las noticias y los relatos que hoy forman parte de nuestra memoria colectiva.
1 comentario:
Un tío político era era barbero en chiguara yo tenía muy pocos años yo tengo ahora 72
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