Por: Germán D' Jesús Cerrada
Contemplar la Plaza Bolívar de Mérida a inicios de la década de los 70 es reencontrarse con una ciudad que hacía del orden y el ornato una de sus mayores virtudes. En esta imagen, capturada con la precisión del archivo histórico, se aprecia un espacio que no solo era el corazón político de la entidad, sino un jardín meticulosamente cuidado.
La composición nos permite admirar la majestuosidad de la Catedral Basílica Menor y, junto a ella, la sobria elegancia del Palacio Arzobispal, cuyas líneas arquitectónicas armonizan perfectamente con el entorno señorial del casco central.
Los setos podados con simetría casi artística y la limpieza de sus pasillos de rombos hablan de una Mérida que se esmeraba en ofrecer su mejor cara.
Bajo la mirada de las imponentes araucarias y el transitar pausado de una época de caminatas sin prisa, esta "Viñeta" nos recuerda que la belleza de nuestra ciudad siempre ha residido en el respeto por sus espacios públicos y en la preservación de su invaluable patrimonio.
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