Por Germán D' Jesús Cerrada
Las calles de la Ciudad de los Caballeros guardan en su memoria el estruendo de las consignas y el colorido de una época donde el Primero de Mayo no era solo una fecha en el calendario, sino una vibrante demostración de compromiso social. En aquellos años, Mérida se dividía armónicamente en dos grandes torrentes humanos que reivindicaban la dignidad laboral.
Por un lado, la imponente marcha de la Federación de Trabajadores del Estado Mérida (FETRAMERIDA), que en la década de los sesenta partía desde su sede en el Pasaje María Simona de la parroquia Belén hacia la plaza Bolívar.
Del otro, la combativa columna de la Central Unitaria de Trabajadores del Estado Mérida (CUTEM), que recorría desde el parque Glorias Patrias hasta la plaza de El Llano.
La Mérida de la segunda mitad del siglo XX se vestía de gala sindical. FETRAMERIDA, cobijando a las fuerzas de AD, COPEI, el MEP e independientes, presentaba un despliegue festivo encabezado por su reina sindical y una dirigencia de gran arraigo popular. Es imperativo recordar a quienes lideraron esas filas: Bernardo Aranguren, Francisco Calderón, Manuel Eloy Calderón, Fermín Lobo, César Augusto Zerpa, Tito López, Néstor Marcano, Ramón Uzcátegui, Pedro Pablo Paredes, Martín Nicolás Díaz, Zoila Teresa Díaz y el siempre recordado Pablo "El Chato" Peña.
Sus voces, en las tarimas de la plaza Bolívar, daban forma a las exigencias de mejores salarios y servicios públicos.
Simultáneamente, la CUTEM aportaba la profundidad del análisis jurídico y la fogosidad de la izquierda con líderes que marcaron un hito en la formación de cuadros obreros. Al frente de este movimiento destacaba el Dr. Lubin Maldonado, profesor de Derecho y especialista en materia laboral, junto a un equipo de hombres y mujeres inquebrantables como Dimas Galindo, Rubén Ávila Serrati, Zenaida Hernández, Vicente Picón Obando, Carlos Rodríguez, Moisés Pernía, Gelio Durán, Víctor Pereira, Eulogio Paredes, Iris Torres de Fermín y Candelario Vielma. Sus marchas, cargadas de contenido ideológico, culminaban en la plaza de El Llano, donde la discusión sobre el costo de la vida se transformaba en un mandato para la base trabajadora.
Al finalizar las concentraciones, llegaba el momento de la celebración social. Los trabajadores se dirigían a las sedes de sus respectivos sindicatos o a clubes sociales para compartir en un ambiente de hermandad que fortalecía los vínculos de la lucha obrera.
Con el paso de los años, FETRAMERIDA logró consolidar una moderna sede en la Avenida 1 de Mayo, en el sector Santa Juana, donde todos sus sindicatos afiliados contaban con un espacio propio; sin embargo, con la llegada del actual proceso político, la organización fue despojada de estas instalaciones.
Por su parte, la CUTEM adquirió su casa propia en la Avenida 3 Independencia, entre las calles 27 y 28, donde aún permanece, aunque ya sin la fuerza arrolladora que exhibía en décadas pasadas.
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Hoy, al conmemorar el Día Internacional del Trabajador, la historia local rescata estos nombres y lugares, muchos de ellos ya transformados por el tiempo, pero cuyo legado de justicia social perdura en la memoria colectiva. Recordar estos eventos es un reconocimiento a la valentía de aquellos dirigentes que dedicaron su vida a la defensa de la dignidad humana en cada rincón de nuestra geografía regional. Mérida sigue siendo testigo silencioso de aquellas jornadas donde la unidad y la solidaridad eran el verdadero motor de la sociedad.
Luchadores sindicales