WILLIAN HIDALGO MEJOR VARA EN LA FERIA DEL SOL 2015
Germán D' Jesús Cerrada
La Comisión Taurina de Mérida, otorgo el picador Willian Hidalgo "El Lanero" el premio como el Mejor Picador de la XLVI de la Feria Internacional del Sol 2015, por su magnifica vara, al toro Jacaranda, identificado con el numero 227, con 490 kilos, de la ganadería "Los Ramirez", lidiado por el torero español Morante de la Puebla, en la quinta corrida, celebrada el pasado lunes 16 de febrero, Hidalgo recibio una ovación por los aficionados que plenaron la "Román Eduardo Sandia, le presentamos a continuación, una secuencia fotográfica de tan importante momento, para la fiesta brava venezolana.
Hidalgo recibió de manos de las autoridades taurinas dicho premio, en acto especial efectuado en el Salón Mérida, del Country Club.
El aficionado taurino español Fernando Marcet, comenta en una ponencia, en el II Encuentro de Aficionados, celebrado en Zaragoza, España, sobre el tercio de varas, dice Marcet, cuando se ejecuta bien, cumple con tres objetivos fundamentales: descubrir las condiciones de bravura, temperamento y comportamiento del toro.
TERCIO DE VARAS
"El tercio de varas, cuando se ejecuta bien, cumple tres objetivos fundamentales:
1. Descubrir
las condiciones de bravura, temperamento y comportamiento del toro. En
ese momento es cuando se aprecia si es bravo o manso; si es fijo o
distraído; si es pronto o tardo; si humilla, si recarga, si embiste
apretando con un pitón; si trata de quitarse la vara y hace sonar el
estribo; si es fuerte o blando y muchas cosas más. Información
importante para el matador, que ha de lidiarlo, y para el ganadero que
actuará en consecuencia para hacer las correcciones genéticas y de
selección necesarias para mejorar su ganadería.
2. Ahormar
al toro para su lidia y muerte, mediante puyazos breves, bien colocados
y dosificados, restándole poder y corrigiendo defectos de su embestida.
3. Cuando
las condiciones son las propicias, crear belleza con el espectáculo
incomparable del toro bravo en acción: Cuando se arranca con alegría al
caballo y recarga, retorciendo la cola –indicador inconfundible de genio
y bravura- y puesto nuevamente en suerte, repita una, dos, tres y más
veces, sin acobardarse. El matador que se topa con un toro de esta
naturaleza, está en la obligación de lucirlo para beneplácito del
público y -¡Cómo no!- de su criador. A tal efecto habrá de ponerlo en
suerte cada vez más lejos del caballo para que, llegado el caso, se le
pueda ver arrancarse de lejos galopando a un cuarto puyazo. Es el
espectáculo del toro hecho realidad y quien tenga la oportunidad de
verlo –tan solo una vez en su vida- no lo olvidará jamás.
Por
el contrario, cuando el tercio de varas se ejecuta mal -con el
consabido e inmisericorde unipuyazo, tan frecuente en nuestros días- los
efectos son repudiables: Se inutiliza el toro para la lidia, el
ganadero se queda sin apreciar las calidades de su pupilo y el
aficionado llega a sentir repulsión y asco".
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