Los murubes del Capea/ nos dan la seguridad/ de templadas embestidas/ y de éxito general:/ ondearán muchos pañuelos,/ orejas se cortarán./ La belleza del caballo/ es algo tan especial/ que sólo con la del toro/ quizá se puede igualar/ y ver a los dos, unidos,/ es muy espectacular.
Abre el cartel este Sergio,/ que es caballero y Galán:/ el
único que, esta Feria,/ dos veces debe actuar/ pues su triunfo, en San
Isidro,/ es ya algo habitual./ Su estilo es sobrio y campero/
pero impacta al personal./ El primer toro, muy gordo/ hace amago de
saltar./ «Ben Hur» no corre en cuadriga,/ lidia con seguridad/ y se luce
en las piruetas/ el debutante «Titán». Un certero rejonazo/ la oreja le
hace cortar. /Baila «Apolo» frente al toro,/
lo deja cerca llegar/ en dos pares a dos manos/ que han logrado
emocionar./ Nueva oreja y Puerta Grande/ por sexta vez: ¡bien está!
«Sueño», su nueva estrella
Diego Ventura es, ahora,/ la figura sin rival./ «Suspiro»,
con la garrocha,/ al toro hace girar./ Es «Sueño» su nueva estrella/ que
a todos hace soñar/ y vuelve loca a la gente/ cuando lo quiebra hacia
atrás./ Al manso quinto sujeta/ «Maletilla», magistral;/
«Nazarí» aguanta derrotes/ con valor descomunal/ y la gente, puesta en
pie,/ no le deja de aclamar./ Mata esta vez con acierto:/ dos orejas,
sin dudar/ y queda muy cerca el rabo/ que ha merecido cortar./ Sale de la Plaza a hombros,/ con gloria, una vez más:/ ya son doce y es seguro/ que la trece llegará.
Después de ver a Ventura/ no es fácil emocionar./ Lo logra Leonardo Hernández/
yendo de menos a más,/ con cabriolas ante el toro/ y con acierto
final./ Corta la oreja de un toro/ que ha tenido calidad./ En el sexto,
sin dudarlo,/ pone mucha voluntad/ aunque, después de tal triunfo,/ es difícil comparar./ Violines, rosas y adornos/ y nuevo acierto al matar:/ otra oreja y también puede/ a los dos acompañar.
En hombros salen los tres/ a la calle de Alcalá:/ una tarde
que ha de ser/ muy difícil de olvidar./ Seguimos todos soñando/ con un
«Sueño» sin igual./ ¡Quién hubiera tal ventura,/ al venir a torear,/ como hubo Diego Ventura/ esta tarde excepcional!
Postdata.
El 16 de mayo de 1920 fue herido mortalmente Joselito el Gallo en la
Plaza de Talavera de la Reina. Noventa y cinco años después, se sigue
guardando un minuto de silencio, esa tarde, en todas las Plazas.
(También lo han hecho, esta vez, los tres caballeros). Es el único caso,
en toda la historia de la Tauromaquia. Gallito era el Príncipe,
el torero por excelencia. Representaba la cumbre del toreo clásico,
basado en la lidia, el conocimiento del toro y el dominio de todas las
suertes. En siete años de alternativa, toreó, en solitario, 22 corridas
(en casi todas, además, estoqueó el sobrero). Mató más de 1500 toros;
sólo en Madrid, actuó en 81 corridas.
Gregorio Corrochano, que estaba esa tarde, en Talavera,
escribió: «¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi
cómo lo mató un toro».
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