domingo, 22 de noviembre de 2015

RÉPLICAS AMISTOSAS


Eduardo Soto, A.T.T.

Han transcurrido algunos días desde que se conoció el escrito sobre el Silencio Riesgoso, cuyo   puntual objetivo taurino (que me parecía explícito en el texto)  era más bien generar respuestas de tipo formal e institucional a la embestida de fines de junio del Bardo de la Vindicta. En todo caso,   me complace haber recibido sendas réplicas de dos distinguidos juristas,  auténticos  paladines de la Fiesta   Brava (como se evidencia de sus  propios escritos) y sobre  las cuales me voy a permitir algún  comentario.
En la primera réplica, cronológicamente hablando, se me invita a pasear  por los portales taurinos y no taurinos en donde desde 2009, se viene reseñando su incesante lucha en defensa de la Fiesta Brava y exhorta a “figurines”  de muchos  “Club(s) de Amigos del Toro”  y “protagonistas del mundo  del toro”, a hacer lo mismo.  A riesgo de que luzca innecesaria  tan gentil invitación, me apresuro a reconocer de inmediato los indiscutibles méritos de la otrora más activa plataforma, cuyas acciones y actuantes todos recordamos con taurino agradecimiento. En cuanto a la exhortación, habría que ampliarla para no dejar por fuera  simples aficionados como el infrascrito, quien no puede ser figurín ni aunque quisiera (con su humanidad  de tres dígitos); no es miembro (ni lo aspira) de ninguna organización de aficionados   cualquiera que sea su origen o denominación; ni mucho menos protagonista del toro, pues su limitados conocimientos sobre la materia, condenarían al fracaso toda tentativa en tal sentido.  La exhortación final  para acompañarlo  cuando haya que darle  “el pecho a la brisa”,  me temo que  tampoco va a ser posible (aunque contaría con mi solidaridad), pues en ciertas circunstancias es preferible andar solo, defendiendo (a mi manera) la Fiesta Brava,  mediante uno que otro texto  relacionado con el tema. A pesar de todo, estimaría que aceptara mis  palabras de  estímulo para que no desmaye en sus bien intencionados esfuerzos en pro de la causa que nos es común.
En cuanto a la segunda réplica, debo agradecer el reconocimiento inicial de buenas intenciones, pues proviene de un buen amigo y persona muy versada en tauromaquia, de quien  he aprendido cosas interesantes sobre la Fiesta Brava. Esta réplica reviste carácter un poco más puntual e  institucional y me  ha sorprendido gratamente la difusión que ha logrado  las posiciones de ASOTAUME, descrita con precisión matemática y avaladas con el  claro conocimiento (reza el texto) de nuestra realidad, taurina, jurídica y política. Ante  afirmaciones de esta naturaleza, no me resta sino confesar mi  ignorancia, quizás menos culpable, en el caso puntual que nos ocupa (vindicta de Junio), porque se  trata más bien de anuncios de lo que está por venir, pues todavía las acciones no se han materializado y están en etapa de preparación. No quisiera ni  pensar que al calificar de indispensable la participación de terceros, se pretenda establecer de antemano una excusa para el supuesto negado de no lograr concretarlas. Lo que si advertí desde un principio, sin ser en modo alguno zahorí, es que cualquier mención positiva al círculo primigenio del llamado asociativismo taurino, seguramente generaría comentarios adversos  más menos velados, sobre todo de quienes alguna vez formaron parte importante de su andamiaje institucional.
Quisiera desde ahora felicitar a ASOTAUME, a su plana directiva y a su membresía, al tiempo que formulo fervientes votos porque las actividades cuya gestación anunció su máximo dirigente, cristalicen de manera  oportuna y satisfactoria.
Al agradecer una vez más a los distinguidos amigos juristas por sus respectivos  alegatos, quisiera  reiterar el llamado a la unidad o, al menos, a la no agresión entre los miembros de la familia taurina venezolana. Los tiempos que corren son más de apoyo que de polémica, mucho menos de pretensiones protagónicas  a ultranza.
Descartes  decía que no hay nada repartido de un modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente. Quizás, hasta el que esto escribe no haya  podido escaparse de tal riesgo.


Han transcurrido algunos días desde que se conoció el escrito sobre el Silencio Riesgoso, cuyo   puntual objetivo taurino (que me parecía explícito en el texto)  era más bien generar respuestas de tipo formal e institucional a la embestida de fines de junio del Bardo de la Vindicta. En todo caso,   me complace haber recibido sendas réplicas de dos distinguidos juristas,  auténticos  paladines de la Fiesta   Brava (como se evidencia de sus  propios escritos) y sobre  las cuales me voy a permitir algún  comentario.
En la primera réplica, cronológicamente hablando, se me invita a pasear  por los portales taurinos y no taurinos en donde desde 2009, se viene reseñando su incesante lucha en defensa de la Fiesta Brava y exhorta a “figurines”  de muchos  “Club(s) de Amigos del Toro”  y “protagonistas del mundo  del toro”, a hacer lo mismo.  A riesgo de que luzca innecesaria  tan gentil invitación, me apresuro a reconocer de inmediato los indiscutibles méritos de la otrora más activa plataforma, cuyas acciones y actuantes todos recordamos con taurino agradecimiento. En cuanto a la exhortación, habría que ampliarla para no dejar por fuera  simples aficionados como el infrascrito, quien no puede ser figurín ni aunque quisiera (con su humanidad  de tres dígitos); no es miembro (ni lo aspira) de ninguna organización de aficionados   cualquiera que sea su origen o denominación; ni mucho menos protagonista del toro, pues su limitados conocimientos sobre la materia, condenarían al fracaso toda tentativa en tal sentido.  La exhortación final  para acompañarlo  cuando haya que darle  “el pecho a la brisa”,  me temo que  tampoco va a ser posible (aunque contaría con mi solidaridad), pues en ciertas circunstancias es preferible andar solo, defendiendo (a mi manera) la Fiesta Brava,  mediante uno que otro texto  relacionado con el tema. A pesar de todo, estimaría que aceptara mis  palabras de  estímulo para que no desmaye en sus bien intencionados esfuerzos en pro de la causa que nos es común.
En cuanto a la segunda réplica, debo agradecer el reconocimiento inicial de buenas intenciones, pues proviene de un buen amigo y persona muy versada en tauromaquia, de quien  he aprendido cosas interesantes sobre la Fiesta Brava. Esta réplica reviste carácter un poco más puntual e  institucional y me  ha sorprendido gratamente la difusión que ha logrado  las posiciones de ASOTAUME, descrita con precisión matemática y avaladas con el  claro conocimiento (reza el texto) de nuestra realidad, taurina, jurídica y política. Ante  afirmaciones de esta naturaleza, no me resta sino confesar mi  ignorancia, quizás menos culpable, en el caso puntual que nos ocupa (vindicta de Junio), porque se  trata más bien de anuncios de lo que está por venir, pues todavía las acciones no se han materializado y están en etapa de preparación. No quisiera ni  pensar que al calificar de indispensable la participación de terceros, se pretenda establecer de antemano una excusa para el supuesto negado de no lograr concretarlas. Lo que si advertí desde un principio, sin ser en modo alguno zahorí, es que cualquier mención positiva al círculo primigenio del llamado asociativismo taurino, seguramente generaría comentarios adversos  más menos velados, sobre todo de quienes alguna vez formaron parte importante de su andamiaje institucional.
Quisiera desde ahora felicitar a ASOTAUME, a su plana directiva y a su membresía, al tiempo que formulo fervientes votos porque las actividades cuya gestación anunció su máximo dirigente, cristalicen de manera  oportuna y satisfactoria.
Al agradecer una vez más a los distinguidos amigos juristas por sus respectivos  alegatos, quisiera  reiterar el llamado a la unidad o, al menos, a la no agresión entre los miembros de la familia taurina venezolana. Los tiempos que corren son más de apoyo que de polémica, mucho menos de pretensiones protagónicas  a ultranza.
Descartes  decía que no hay nada repartido de un modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente. Quizás, hasta el que esto escribe no haya  podido escaparse de tal riesgo.

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