El francés, cogido por el quinto, se repuso tras el percance y desorejó a su oponente, saliendo por quinta vez en su carrera en volandas de Las Ventas

Gonzalo I. Bienvenida
Fotos: JAVIER ARROYO
Sebastián Castella cortó dos orejas al quinto toro de la tarde, ante el que cayó herido. Fue el más feo de los lidiados por Garcigrande. Un castaño alto de agujas, sin cuello. No se había centrado el toro de salida y Castella se puso a torear directamente. En un lance por el pitón izquierdo el toro se venció cogiéndole de lleno por el costado. Lo arrolló de forma brutal y la paliza posterior fue escalofriante.

Con un vendaje cubrieron una herida en el talón izquierdo. Ponce mientras se hizo cargo del toro que venía humillado pero dormido al mismo tiempo. Cuando volvió Castella a escena lo llevó cosido a los vuelos de su capote andando hacia atrás hasta ponerlo en suerte por segunda vez con una larga pasándose los pitones por las espinillas. El arranque de faena puso la plaza boca abajo: de rodillas entre las rayas tras brindar la obra. En los embroques el toro se lo pensaba, reponía, humillaba con codicia. Castella continuó de rodillas sin inmutarse. Madrid agradeció con entrega la propia del francés. La faena fue un pulso. El toro venía humillado pero cada embestida era distinta. El temple fue la base de todo: para limar las asperezas, para dominar las embestidas, para convencer al toro de que tenía que embestir. La humillación fue la mayor virtud. Después el toro se paró y Castella decidió meterse entre los pitones como es habitual en su tauromaquia. La estocada fue a carta cabal, los pitones rebañaron el chaleco en el embroque. La espada quedó arriba. Le dieron dos orejas que se pidieron con fuerza. La emoción fue de dos orejas pero a la faena le faltó toreo fundamental para ser de puerta grande en Madrid.
Hondo fue el tercero de Domingo Hernández que estaba tocado arriba de pitones. También estrecho de sienes. Sebastián Castella se dispuso a torear a la verónica de salida. Por el izquierdo respondió mejor el toro. En el caballo se dejó pegar. El inicio de faena del francés fue bello y exigente; rodilla en tierra obligó al toro por abajo. Después le dio distancia y en esa tanda se definió el toro: se arrancó pronto en galope y al llegar al torero tuvo dos buenas embestidas, en los demás muletazos protestó a base de cabezazos a la baja muleta de Castella. La embestida fue a peor, desarrollando en sosa y por momentos en peligrosa por esos derrotes. No estuvo fino con los aceros el francés. Silencio tras dos avisos.

Devuelto el segundo por descoordinado, en su lugar saltó un sobrero de Valdefresno de nombre "Cigarro". Era cinqueño y acapachado. Muy en el tipo de su procedencia. Por ese origen y probablemente por su larga estancia en los corrales fue muy frío de salida. Tanto, que huía de los capotes que trataban de pararlo. Enrique Ponce se dispuso a pararlo pese a que se había emplazado el toro. Le fue consintiendo. Finalmente los primeros capotazos se los dio Mariano de la Viña con dominio. A partir de ahí Ponce dio un recital de toreo con el capote, tanto en las verónicas que salieron limpias como en los remates del saludo y para dejar al toro en suerte. El quite por delantales tuvo sabor de otra época así como la media. En varas cumplió el de Valdefresno y en banderillas no fue fácil por su desordenada embestida, por su constante querencia. Tras la devolución de trastos, Ponce brindó al público. El inicio genuflexo fue en redondo. El toro fue cogiendo ritmo en las templadas telas del maestro de Chiva. Con la mano derecha hubo momentos de gran entendimiento. Al de Valdefresno le faltó continuidad pero sus mejores embestidas fueron bien aprovechadas. Se le recriminó la colocación en algunos momentos por querer ligar y el toro pararse. Terminó perdiendo el celo totalmente, abriéndose a la salida de los muletazos. La estocada cayó desprendida. Saludos tras leve petición.


El sexto de la tarde recuperó la línea de los lidiados en la primera mitad. Bien hecho y armado. Jesús Enrique Colombo mostró sus ganas de nuevo con el capote. El toro derribó al caballo. En banderillas Colombo cuajó un tercio muy comprometido, con riesgo. Brindó al público e inició la faena de rodillas. Sufrió dos violentos desarmes en las dos ocasiones que intentó este comienzo.
Después llegarían dos desarmes más. Pese a que el toro tuvo humillación le faltó regularidad en la embestida. Soltó la cara protestando continuamente. Colombo trató de ordenar las descompuestas embestidas pero fue imposible. Estocada trasera. Silencio.
Madrid, miércoles 30 de mayo de 2018. Feria de San Isidro. Cuatro toros de Garcigrande, uno (3º) de Domingo Hernández y otro (2º bis) de Valdefresno, jugado como sobrero tras devolverse el titular de Garcigrande por descoordinado. Enrique Ponce, saludos tras leve petición y saludos; Sebastián Castella, silencio tras dos avisos y dos orejas; Jesús Enrique Colombo, que confirmaba alternativa, silencio en ambos. Entrada: Lleno de "no hay billetes".
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