Una reseña sobre el hombre que, entre el dolor y la calle, decidió regalarle su arte a la ciudad de los caballeros.
La Catedral de Mérida bajo la lluvia: una interpretación onírica donde los trazos capturan la esencia mística y húmeda de la ciudad.
Germán D' Jesús Cerrada
Esta es la historia de un hombre que decidió no ser invisible, incluso cuando el mundo a su alrededor parecía haberlo olvidado. José Pedro Zapata, un caraqueño de 71 años que la vida empujó a la orfandad de las calles merideñas, no permitió que su situación de indigencia borrara su esencia de creador.
Durante sus últimos años, su hogar fueron las áreas del Hospital Universitario de los Andes (IAHULA), pero su santuario estaba en la esquina de la Avenida Urdaneta con el Viaducto Miranda. Allí, en una pared de la Escuela de Música, Zapata libraba cada mañana una batalla contra el olvido y contra los dolores de una columna cansada, solo para dedicarle un par de horas a la pintura.
Con pinceles y pigmentos que la misma comunidad le facilitaba, este bohemio silencioso fue levantando un mural que pretendía abrazar la fe y la identidad de la ciudad que lo acogió.
Perspectiva del mural en la pared de la Escuela de Música; una galería a cielo abierto que desafía el olvido urbano.
En su obra, que hoy queda como un testamento interrumpido, se pueden leer las obsesiones de un alma sensible. Pintó la Catedral de Mérida con una luz tenue que recuerda la neblina de la meseta, capturó la crudeza de la muerte de Cristo y la promesa luminosa de la resurrección, dejando entrever elementos que el tiempo y la tragedia no le permitieron concluir.
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| Carlos Lozada, amigo de calle de Zapata |
Su amigo de calle, Carlos Lozada, recuerda que José Pedro tardaba más de una hora en recorrer el trayecto desde el hospital hasta su mural, deteniéndose a descansar por sus dolencias antes de entregarse al trazo. Era un hombre con raíces; se decía que tenía hijas en el barrio Santa Elena, pero su destino final fue la soledad de una acera donde, a finales de diciembre de 2025, la violencia de un extraño le arrebató la vida tras cuatro días de agonía.
El rostro sereno de Jesús bajo la paloma del Espíritu Santo, punto central de la redención soñada por el artista.
Investigar la vida de un hombre como José Pedro Zapata en Caracas es adentrarse en la historia de la bohemia capitalina que muchas veces termina en las sombras. Es muy probable que su formación artística se haya gestado en los talleres libres o en la efervescencia cultural de la Caracas de mediados de siglo, donde el dibujo y la pintura eran el lenguaje de quienes soñaban con expresar su mundo interior.
El Calvario en el asfalto: Detalle de la crucifixión de Cristo y los dos ladrones, una escena cargada de fuerza espiritual y técnica espontánea.
Su nombre, que comparte apellido con el gran maestro Pedro León Zapata, parece una coincidencia poética que lo vincula inevitablemente al arte del trazo; mientras el reconocido caricaturista dejó murales monumentales en la capital, nuestro José Pedro dejó su propia huella, más humilde pero cargada de una dignidad inquebrantable, en una esquina de los Andes venezolanos.
La divinidad y la infancia: Representación de Dios Padre rodeado de querubines, revelando la pureza y profundidad teológica de la obra de Zapata.
Para que esta obra no desaparezca bajo la pintura gris de la indiferencia o el deterioro del clima, existen instituciones en Mérida que deberían velar por su conservación. La Fundación para el Desarrollo Cultural del Estado Mérida (FUNDECEM) es el ente llamado a proteger este tipo de manifestaciones que ya forman parte del imaginario urbano. Asimismo, el Museo de Arte Moderno Juan Astorga Anta posee la capacidad técnica para asesorar en la preservación de estas paredes, mientras que la Facultad de Arte de la Universidad de Los Andes (ULA) podría integrar este mural en proyectos de restauración y catálogo de arte marginal. Preservar este muro es asegurar que el nombre de José Pedro Zapata sea recordado no por la tragedia de su muerte en el inicio de este 2026, sino por la belleza de su voluntad y el color que regaló a Mérida hasta su último aliento.
En este recorrido visual, acompañamos los trazos finales de Zapata. Un video que sirve como testimonio de su rutina, su fe y el regalo cromático que dejó en la Av. Urdaneta antes de que su voz fuera silenciada.






1 comentario:
Que interesante y hermoso articulo
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