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jueves, 30 de abril de 2026

Edilberto Moreno Peña: El Faro Andino de la Integridad y la Democracia (1923-2018)

A ocho años de su partida: Vigencia de un legado de integridad

Texto y fotos: Germán D'Jesús Cerrada

miércoles, 29 de abril de 2026

Radio Universidad: La Voz que Marcó una Época en Mérida

Por: Germán D’ Jesús Cerrada

​En el paisaje sonoro de la Mérida de los años 70, ninguna señal tenía la fuerza y el prestigio de Radio Universidad. 

Esta gráfica, capturada en el año 1977, nos devuelve a una generación de hombres que no solo informaban, sino que formaban opinión en cada rincón de nuestras montañas.

​Frente a la emblemática unidad móvil, posan figuras que fueron pilares de la comunicación. De izquierda a derecha, vemos a Omar Castillo Oliveros, el único sobreviviente de este grupo y un referente del periodismo institucional y regional. Lo acompañan Asdrúbal Romero, la pluma de El Universal en Mérida; Enrique Orangel Dubuc, el alma y director propietario de la emisora; Miguel Ángel Liendo, corresponsal de El Nacional y voz fundamental de la región; Ramón Díaz Suárez, incansable redactor de diversos medios; y el abogado Carlos García, quien desde la producción radial aportaba su visión jurídica a la programación.

​La unidad móvil al fondo no era solo un vehículo; era el símbolo de la inmediatez en una época donde hacer radio de calle requería mística y un esfuerzo técnico admirable. 

Hoy, Radio Universidad ha desaparecido del dial y la mayoría de estos grandes profesionales han partido, dejando un vacío profundo en el gremio. 

Sin embargo, esta "Viñeta" rescata del olvido sus rostros y su legado.
Los estudios de la emisora AM Radio Universidad estaban ubicados en la estratégica esquina de la Avenida 2 Lora con calle 22, frente al viejo Mercado.

Esta fotografía fue tomada en el estacionamiento del Aeropuerto Alberto Carnevali, en la Avenida Urdaneta, punto neurálgico de la actividad citadina de aquel entonces.

lunes, 27 de abril de 2026

Mérida 1970: Tensión y custodia en el corazón de la ciudad

Por: Germán D' Jesús Cerrada

​La calma habitual de la Plaza Bolívar se ve interrumpida en esta gráfica de 1970 por la presencia de un pelotón de la policía estadal. 

Ataviados con sus característicos uniformes y cascos blancos de la época, los funcionarios se despliegan frente a la Catedral Metropolitana, preparándose para contener una de las tantas manifestaciones estudiantiles que solían salir de las diversas facultades de la Universidad de los Andes, distribuidas por toda la geografía local, para converger en el centro de la urbe.

​La imagen ofrece detalles contrastantes que enriquecen la narrativa. A la izquierda se observa la calle 22, otrora conocida como la "Calle de la Igualdad" y hoy convertida en bulevar, por donde transita la vida cotidiana. En primer plano, destaca la figura de un trabajador del aseo urbano, quien con su uniforme y sombrero cumple con su faena de limpieza, ajeno al despliegue policial, simbolizando la continuidad de la labor diaria en medio de la efervescencia social.

​Esta fotografía no solo documenta un dispositivo de seguridad; es un testimonio visual de una época de intensa actividad política y académica que marcó la identidad de Mérida. 

El encuadre, que incluye la arquitectura religiosa y el orden público, refleja la complejidad de una ciudad que ha sabido ser, simultáneamente, recinto de fe, cátedra de libertad y escenario de confrontaciones históricas.

domingo, 19 de abril de 2026

El Ritual del Domingo: Cuando el Periódico era el Vínculo Familiar

Por: Germán D’ Jesús Cerrada

​Hubo un tiempo en la Mérida de ayer donde el domingo no comenzaba con el aroma del café, sino con el crujido de la prensa. 

Era una ley no escrita: el merideño madrugaba para buscar los ejemplares de El Nacional y El Universal. No eran simples hojas de noticias; eran pesados volúmenes cargados de cultura, opinión y aquellas recordadas revistas dominicales que daban color a la mañana.

​Esta gráfica de 1981 es el retrato vivo de esa "lectura obligada". En la sala de la casa, el tiempo se detenía. Vemos a la abuela concentrada en los titulares, a la madre —quien con sus rulos se preparaba para el resto del día— sumergida en las páginas de una revista, y en el centro, la espontaneidad de la infancia.

​Era un ritual de reunión. La prensa se compartía, se comentaba y se repartía por secciones: el cuerpo de política para unos, las páginas sociales para otros y los suplementos para los más pequeños. Las salas de nuestras casas se convertían en verdaderas mesas de análisis ciudadano.

​Hoy, la realidad es muy distinta. Aquellos grandes rotativos han desaparecido o han dejado de llegar a nuestras montañas. 

La lectura compartida en familia ha sido desplazada por la consulta individual y solitaria en las pantallas de los teléfonos móviles. Ya no se escucha el pasar de las páginas ni se siente el olor a tinta fresca que inundaba los hogares cada domingo.

​Esta "Viñeta" de hace casi medio siglo nos queda como el testimonio de una era dorada del periodismo y de la unión familiar. 

Nos recuerda que, aunque el papel desaparezca de nuestras manos, la memoria de aquellos domingos de afecto y tinta permanece intacta en quienes vivimos la Mérida de siempre.

sábado, 18 de abril de 2026

Melodías de la tierra para un visionario: Homenaje musical en el velorio de Alexis Montilla. Video



Germán D' Jesús Cerrada 


​La música venezolana le rindió homenaje en el velorio para despedir a Alexis Montilla. 

Fue la misma música que él, con tanto orgullo y tesón, presentó incontables veces en sus parques temáticos, convirtiéndola en el alma de sus creaciones y en un pilar de nuestra identidad regional.

Entre acordes de nuestra tierra, familiares, amigos y el pueblo merideño acompañaron sus restos, recordando el legado de un hombre que supo transformar la historia y las costumbres en experiencias inolvidables para propios y extraños.

​Mañana domingo se celebrarán las honras fúnebres, momento en que sus restos serán trasladados a su última morada.

Será el cierre de un ciclo para un visionario, pero el inicio de un recuerdo permanente en las montañas que lo vieron soñar.


​Paz a sus restos.

​Melodías de Antaño despiden a Alexis Montilla en su último adiós en Mérida. Video


Germán D' Jesús Cerrada 

MÉRIDA – En un ambiente cargado de nostalgia y profundo respeto, la ciudad de Mérida rindió homenaje póstumo a Alexis Montilla, el visionario creador de los parques temáticos que transformaron el turismo en la región andina.


Durante los actos velatorios realizados en la capital merideña, la música de antaño —género que Montilla rescató y cultivó con pasión a lo largo de su vida— se hizo presente como el acompañamiento principal. Las notas que alguna vez dieron vida a las calles de sus creaciones, resonaron esta vez para despedir a su mentor.

Para los asistentes, la presencia de estas piezas musicales no fue solo un detalle protocolar, sino un tributo a la esencia misma del hombre que dedicó décadas a preservar la identidad, las costumbres y el gentilicio venezolano. La sonoridad de los instrumentos de cuerda y las melodías de principios del siglo XX envolvieron el recinto, recordando el legado de un merideño que enseñó a varias generaciones a viajar en el tiempo a través de la cultura y el trabajo.

Con este último tributo sonoro, Mérida despide a uno de sus hijos más ilustres, cuya obra permanecerá grabada en las montañas andinas y en el patrimonio afectivo de todo un país.

sábado, 11 de abril de 2026

​Instinto de Alcoba: La Mula que Delató al General Amador Uzcátegui

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

​Por Germán D' Jesús Cerrada

​En la Mérida del primer cuarto del siglo pasado, el General Amador Uzcátegui era una figura que imponía tanto respeto como curiosidad. 

Fiel lugarteniente del Benemérito Juan Vicente Gómez, fue un gobernante de obras grandes y visión clara, pero también de apetitos generosos. Se decía, entre susurros y risas, que el General cumplía a cabalidad con el perfil del corrido: era "mujeriego, parrandero y jugador".

​Sus giras oficiales por los pueblos del estado eran legendarias, no solo por la política, sino por la logística del placer: primero partían las mulas cargadas con cestas de brandy, luego los músicos con sus cuerdas a cuestas, y finalmente, cerrando la marcha con aire triunfal, el General y su comitiva. 

En la ciudad, su despacho en la Gobernación tenía una extensión natural: el Bar de Leopoldo Ghelsi, donde entre trago y trago, Amador despachaba asuntos de Estado y pecados de parroquiano.

​En aquellos tiempos, el estatus de un hombre se medía por la calidad de su cabalgadura. El General poseía una mula rucia, una joya de buena alzada y paso tan fino que despertaba la envidia de los caballeros. Su compadre Epifanio, encandilado por el porte del animal, no descansó hasta que se la compró. 

El negocio se cerró entre caballeros, y Epifanio se llevó a la rucia para su finca en El Valle, mostrándola con el orgullo de quien ha adquirido un trono con cuatro patas.

​El insólito lance ocurrió dos semanas después. Epifanio, queriendo lucir su nueva adquisición, invitó a su esposa, Casilda, a la ciudad. Él iba a negociar las cosechas y ella, muy emperifollada, buscaba telas finas para renovar las cortinas de la casa. 

Todo transcurría con la elegancia de una estampa andina hasta que entraron a las primeras calles del centro.
​De repente, como si hubiera escuchado el llamado de un clarín invisible o una orden del Altísimo, la mula rucia torció el rumbo hacia la derecha con una determinación asombrosa. Sin previo aviso, se adentró en el sector de Cuatro Piedras, la zona donde la moral se relajaba y los lupanares (Casas de cita) encendían sus luces de colores.

​Epifanio, jinete de vieja data, tiró de las riendas con desesperación, pero la rucia tenía otros planes. El animal, ignorando los gritos y los tirones, emprendió un pasitrote alegre y decidido hasta detenerse, con precisión matemática, frente a la puerta del prostíbulo más famoso de la zona.

​La mula de Casilda, por puro instinto de manada, siguió fielmente a la rucia, dejando a la pobre mujer en medio de la "calle de los pecados", con el rostro encendido de vergüenza y los ojos desorbitados ante el paisaje de las mujeres de la vida. Epifanio tuvo que bajarse, con la cara hundida entre los hombros, para sacar a la mula del cabestro mientras los reclamos de Casilda se oían hasta en la Plaza Bolívar.

​No hubo explicación que valiera esa noche en la finca de El Valle. Al día siguiente, muy temprano y con la "calentera" todavía a flor de piel, Epifanio se presentó en la Gobernación para encarar a su compadre.

​¡Compadre Amador! Le soltó con la franqueza que permite el compadrazgo, deshaga el negocio. Esa mula me ha dejado en la calle, ¡y frente a mi mujer!
​El General Uzcátegui, tras escuchar el relato del desvío "automático" hacia Cuatro Piedras, soltó una carcajada que retumbó en las paredes del palacio. 

Con la picardía de quien conoce bien los caminos del vicio, le devolvió el dinero y le explicó:
​¡Ay, compadre! Perdone usted, se me olvidó advertirle. Esa rucia no es una mula cualquiera, es mi fiel compañera de parrandas. Se acostumbró tanto a llevarme a la casa de la Joaquina, mi preferida en esos lares, que ya se sabe el camino de memoria. Ella no buscaba problemas, compadre... ¡solo buscaba la buena compañía!
​Y así, la rucia regresó a los establos oficiales, donde pudo seguir trotando, sin regaños ni cortinas nuevas, hacia los brazos de la Joaquina.