En aquel entonces, la fe en el azar se depositaba en la popular Lotería de Animalitos, propiedad de Gilberto Mendoza Arriaga, un trujillano radicado en Mérida que antes de incursionar en el mundo de los sorteos se desempeñó como Gerente de la Cervecería Polar en la zona.
El mecanismo era parte del ingenio popular: el "quintico" costaba apenas 0,25 bolívares, el recordado "Medio" de plata. Si el animalito resultaba ganador, el afortunado obtenía un "Fuerte", aquella reluciente moneda de plata de cinco bolívares.
Ubicada en la Avenida 4 Bolívar, No. 34-37, esta lotería cobraba vida gracias a los loteros, quienes recorrían incansablemente las calles vendiendo la suerte de puerta en puerta. Mendoza Arriaga, quien luego manejaría otras loterías en el país, encontraría un final trágico en un accidente aéreo cuando el avión de la Fuerza Aérea Venezolana en el que viajaba se estrelló cerca de Chiguará, quedando su partida de defunción asentada en la prefectura de esa localidad.
Hoy, este recorte sobrevive a sus protagonistas, rescatando la idiosincrasia de una Mérida que brillaba con el sonido de la plata y la pluma de su poeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario