martes, 26 de mayo de 2026

Artema y el legado eterno de Jorge Arturo Pilonieta: 59 años atrapando el alma de Mérida

Don Jorge Pilonieta y Dña Guillermina Blanco, fundadores de ARTEMA 

Por Germán D' Jesús Cerrada 

La historia de una ciudad no solo se escribe con las grandes fechas de los libros de historia, sino también con la luz, los rostros y los recuerdos que quedan impresos para siempre en el papel fotográfico. En Mérida, hablar de esa memoria visual es hablar de Don Jorge Arturo Pilonieta Aguirre y de su amada esposa, Doña Guillermina Blanco Martínez, dos almas visionarias que revolucionaron la fotografía en la región a través de su inolvidable empresa, ARTEMA. 

Hoy, cuando ambos han partido y las puertas de su emblemático establecimiento se han cerrado tras casi seis décadas de impecable labor, la ciudad se detiene para rendirles un profundo y merecido tributo.

Fundada en 1965 y activa hasta el año 2024, ARTEMA sirvió con pasión y constancia a los merideños por espacio de 59 años. Todo comenzó con el espíritu indomable de Don Jorge, un bogotano nacido en 1925 que desde sus días escolares demostró una asombrosa astucia para los negocios, ahorrando cada centavo con la firme convicción de convertirse en un empresario independiente. A su lado estuvo siempre Guillermina, nacida también en Bogotá en 1930, una mujer cuya temprana madurez y fina sensibilidad artística se convirtieron en el engranaje organizativo perfecto para los sueños de su esposo. Juntos desafiaron las distancias, unieron sus vidas en matrimonio en 1951 y forjaron una hermosa y solidaria familia de ocho hijos, quienes con los años se integraron al motor de sus empresas.

El destino trajo a Jorge a Mérida en 1957 para gerenciar el Circuito Teatral de los Andes. Lo que comenzó como un contrato por un año se transformó en un arraigo definitivo. Tras unos primeros pasos comerciales con "Curiosidades Típicas de los Andes" en el aeropuerto y los principales hoteles, la gran oportunidad llegó en 1965 al adquirir el local en la esquina norte de la Plaza Bolívar. Allí nació ARTEMA. Con una Mérida universitaria en pleno crecimiento y un turismo que empezaba a florecer gracias al teleférico, los Pilonieta Blanco entendieron que su misión era crear una verdadera cultura fotográfica.

ARTEMA no solo vendía cámaras o revelaba rollos; conectaba con el corazón de la gente. Durante más de cuarenta años, la empresa mantuvo la hermosa tradición de regalarle una fotografía a cada merideño el día de su cumpleaños, sembrando un vínculo afectivo inquebrantable en miles de hogares. Además, la empresa se convirtió en un pilar del turismo regional editando postales, guías del estado y proyectando de forma pionera las imágenes de las corridas de toros de la feria en las paredes exteriores del local al caer la tarde.

La búsqueda de la excelencia técnica los llevó a la vanguardia. Pasaron de alianzas estratégicas con laboratorios de Caracas a fundar en la propia Mérida el laboratorio "Proceso 24", garantizando la entrega de revelados en tiempo récord y expandiendo sus sucursales por puntos clave como el Parque Glorias Patrias y el Centro Comercial Alto Chama. A pesar de los vaivenes comerciales y los vertiginosos cambios tecnológicos —desde el químico analógico hasta la era digital—, la marca se mantuvo siempre en el primer lugar y como el referente fotográfico indiscutible del estado.

Pero el compromiso de los Pilonieta Blanco con su tierra adoptiva fue mucho más allá de las fronteras comerciales. Durante 15 años, financiaron y organizaron en su totalidad la espectacular "Caminata Ciudad de Mérida" para conmemorar el aniversario de la ciudad. Este evento sociodeportivo, que llegó a congregar a más de 3.000 parejas en un despliegue masivo de civismo y salud, fue tan impactante que mereció un registro en el Libro Guinness de los Récords, sirviendo de inspiración para iniciativas similares en toda Venezuela.

La persiana de ARTEMA bajó finalmente en 2024, y el adiós de Don Jorge Arturo y Doña Guillermina deja un vacío inmenso en el paisaje urbano y humano de la ciudad. Sin embargo, su obra permanece invicta. Cada vez que un merideño abre un álbum familiar, sonríe ante el retrato de su infancia o contempla un paisaje de la Sierra Nevada impreso con la nitidez del ayer, el espíritu de la familia Pilonieta Blanco vuelve a cobrar vida. Se despide una empresa legendaria, pero queda grabado para siempre el testimonio de un hombre y una mujer que enseñaron a Mérida a detener el tiempo con un destello de luz.

1 comentario:

NELSON dijo...

Gente bonita de Mérida, pilares de una epoca