lunes, 18 de mayo de 2026

El drama del preso hispanovenezolano más antiguo del chavismo: "Viví una película de terror en carne propia"

AlbertoNews
El Mundo

Jorge Alayeto, un hispanovenezolano preso desde 2017 en Venezuela, fue condenado a 30 años de cárcel tras ser torturado y obligado a declarar falsamente por agentes de la DGCIM. Su caso destaca por la violación del debido proceso, incluyendo la participación de su torturador como único testigo. A pesar de excarcelaciones recientes de otros ciudadanos europeos, Alayeto sigue en prisión, encabezando una lista de presos políticos venezolanos. 

Su familia destaca la falta de apoyo del gobierno español y describe los abusos sufribos durante la revolución bolivariana.

Sentado ante el tribunal que le iba a condenar a 30 años de cárcel por traición a la patria, rebelión militar, ataque al centinela y sustracción de efectos militares, el comerciante hispanovenezolano Jorge Alayeto respiró profundamente. La pesadilla de aquel agosto de 2017, cuando él y su sobrino fueron torturados durante días por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) para forzar una confesión falsa, se repetía de nuevo en el tribunal.

Alayeto fue condenado en abril pasado por una confesión grabada en vídeo y con el único testimonio «técnico» de su torturador, el agente Abel Angola, que fustigó con fiereza a Alayeto (54 años en la actualidad, 45 durante los hechos) y a su sobrino Alfonso Ochoa, apenas 20 años entonces. Dos civiles que no estaban involucrados en el asalto al Cuartel Paramacay, víctimas colaterales de la acción de unos militares rebeldes, comandados por el capitán Juan Carlos Caguaripano, que alquilaron la discoteca de la Hacienda San Luis (de la familia de los Alayeto Bigott) en las horas previas a la acción con la que pretendían derrocar a Nicolás Maduro.

Pese a la excarcelación de una quincena de ciudadanos españoles e hispanovenezolanos desde la captura del dictador el 3 de enero, el preso histórico, el que más tiempo lleva en las mazmorras chavistas, continúa en prisión. Alayeto encabeza una lista trágica en la que también aparecen María Auxiliadora Delgado (presa desde 2019), Daniel Medina (2019), Karen Hernández (2020) y Fernando Noya (2020), quienes todavía mantienen la esperanza de obtener la libertad en la ruleta rusa de las excarcelaciones puesta en marcha por el chavismo 3.0. «El gobierno de España no ha hecho absolutamente nada por nosotros», denunció a EL MUNDO Anabel Alayeto, madre de Alfonso y hermana de Jorge.

El caso de Alayeto es un fiel resumen de las arbitrariedades y abusos de la revolución bolivariana. 

En pleno juicio oral, su torturador apareció como único testigo en su caso. «Me disculpan que me ponga así, pero me trae muchos malos recuerdos. Este señor que está acá fue el autor principal de las torturas que me hicieron a mí y a mi sobrino (en la sede caraqueña de la DGCIM, en Boleíta). Me agarraron, me golpearon, me esposaron. Él me decía que debía decir lo que él quería que dijera. Me golpeaba durísimo, yo lo que veía era un flash. Yo estaba dentro de una pecera, que es un sitio de tortura. Me enseñó cómo estaban torturando a mi sobrino. Me dijo: tú vas a decir que grabaste el vídeo (el anuncio de los militares rebeldes de que se disponían a tomar Paramacay), que lo financiaste. Ese señor me torturó hasta más no poder hasta que dije bueno, está bien, te lo digo», relató Alayeto ante el juez Luis Francisco Ovalles Landaeta, que ni se inmutó. Sólo posible en revolución.
«Me secuestraron junto a mi tío y a mí, yo estudiaba entonces Ingeniería Civil. Caguaripano y los suyos asaltaron el cuartel de madrugada y ya en la tarde llegaron 20 camionetas de la DGCIM a la Hacienda, en la que yo había vivido casi toda la vida», recordó para EL MUNDO Alfonso Ochoa.

Muy poco queda de la conocida Hacienda San Luis, que llegó a tener 12 hectáreas en Valencia, a dos horas de Caracas, y en la que además de la mansión familiar, considerada de patrimonio histórico, y la discoteca anexa contaba con caballerizas, un «fangódromo» y un circuito de barro para hacer motocross. Las instalaciones se alquilaban y formaban parte del negocio familiar.

Nada queda hoy de ello. «Tuvimos 30 militares metidos en casa durante siete meses, llegaron a golpear con sus rifles a mi tía, que sufría esquizofrenia. Desvalijaron nuestra casa, ya no existe», desveló a este periódico Anabel Alayeto. La familia vive hoy en Estados Unidos, a donde llegaron huyendo de las amenazas y de las persecuciones de la DGCIM, que ha conseguido levantar un imperio económico gracias a los robos y a las expropiaciones que someten a los presos políticos y a sus familias.

«Viví una película de terror en carne propia. No son personas, son demonios», resumió Alfonso Alayeto, quien milagrosamente fue rescatado por su madre de las celdas de tortura de Boleíta tras casi una semana de desmanes. «Lo he tratado de olvidar, pero es difícil. Al llegar me separaron de mi tío, nunca lo he vuelto a ver, pero sabía que estaba al otro lado, en la pecera, donde hace mucho frío. Él sí me podía ver a mí. Me daban coñazos (golpes) en la cabeza, con el puño, con la cacha (empuñadura) de la pistola y con la mano abierta. Me torturaron pero no al nivel salvaje de quienes estaban allí, los militares de Paramacay. Fueron cinco días de pie, no te dejaban dormir, cuando caías al sueño te daban patadas para que te levantaras. 

Esposado, con las manos atrás. Había una silla eléctrica en el otro cuarto», describió Ochoa a EL MUNDO.
El chico tardó un año en recuperarse física y mentalmente de lo sucedido. Transcurrido ese tiempo, viajó a España, también tiene la nacionalidad española. Y unos meses después, el destino jugó con él: en la cafetería donde trabajaba, junto al Museo de Arte Reina Sofía, apareció uno de los torturadores: «Vi su cara, le reconocí enseguida. Tomaba una cerveza, no me vio. Entré en shock y me escondí en la cocina. Llegué a pensar que me estaban buscando. En ese momento decidí que tenía que volver con mi familia y me fui a EEUU».

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