Por www.abc.es - Alicia P. Velarde
Se celebra el 75 aniversario del paseíllo de confirmación de alternativa de Miguel Báez Spínola, conocido como "El Litri", uno de los toreros más importantes del siglo XX. Su hijo, Miguel, presentó un libro sobre su trayectoria, escrita por Alejandro Márquez, destacando su personalidad, su impacto popular y su rivalidad con Julio Aparicio. Litri, aunque retirado y luego regresado, mantuvo una importante presencia en las plazas, siendo pionero al cortar cuatro orejas en Madrid. Su figura sigue siendo recordada por su grandeza y sencillez, así como por su influencia en la tauromaquia.
Pocas veces se prodiga Miguel Báez Spínola 'Litri' para hablar en público. Sin embargo, en la víspera del setenta y cinco aniversario de la confirmación de alternativa de su padre en Las Ventas -se cumplen este 17 de mayo-, rompió esa discreción y ... debutó en la Sala Bienvenida para presentar el libro homenaje a su padre, escrito por Alejandro Márquez: 'Miguel Báez Espuny 'Litri', grande del toreo'. Junto al autor y bajo la conducción de Federico Arnás, el acto -organizado por la Unión de Abonados y Aficionados Taurinos de Madrid- repasó la trayectoria del maestro onubense más allá de la conocida rivalidad con Julio Aparicio.
Porque, como recordaron durante la presentación, faltaba una biografía que profundizara realmente en una de las figuras más impactantes de la tauromaquia de mediados del siglo XX.
Arnás, Litri y Alejandro Márquez en Las Ventas. (ABC)
«Faltaba una biografía que profundizara en él, y aquí está», comenzó diciendo Arnás, que definió al maestro como «un hombre de una personalidad impactante y una enorme sencillez pese a su grandeza como torero». El periodista recordó además la dimensión que alcanzó El Litri en aquellos años: «Era consciente de la fuerza que tenía y no le preocupaba demasiado quién le apoderara. Cuando le apoderó Camará, todo el mundo decía qué suerte tenía El Litri.
Pero los taurinos comentaban justamente lo contrario: qué suerte tenía Camará».
Miguel compartió muchos de los recuerdos de aquellas tertulias taurinas que escuchó desde niño, rodeado de grandes figuras. «El primero en quitarse importancia era él, y luego llegaban los demás. Era una maravilla escuchar aquellas conversaciones». El hijo del maestro reconoció además que el libro le había descubierto historias que desconocía, especialmente relacionadas con el impacto popular de su padre. «Me impresionó leer que cuando se anunció en Madrid se agotaron las entradas quince días antes y hubo peticiones de casi setenta mil localidades más». Y es que el fenómeno social que provocó El Litri casi merecería un estudio aparte. En 1949, Luis Miguel Dominguín toreó en solitario la Corrida de Beneficencia. Apenas un año después, Litri y Julio Aparicio cobraban prácticamente lo mismo siendo todavía novilleros. Ese era el alcance del fenómeno.
Y lo mantuvieron también después, como matadores de toros.
La carrera del onubense tuvo idas y venidas. Permaneció ocho años como matador antes de retirarse, aunque regresaría posteriormente a los ruedos. Pero en todas esas etapas mantuvo una enorme regularidad y una fuerza extraordinaria en taquilla. «Es el primer matador de toros que corta cuatro orejas en Madrid», recordó Alejandro Márquez. «Durante ocho años consecutivos toreó tres tardes cada temporada en Las Ventas, sumó ocho puertas grandes y en tres ocasiones fue declarado triunfador de San Isidro». En una España que todavía mantenía abierta la herida de la muerte de Manolete apareció aquel joven de Huelva que irrumpió con una fuerza descomunal hasta convertirse en una de las figuras fundamentales del siglo pasado. «Su plaza es Madrid, la que sustenta y explica la dimensión que tuvo como figura», resumió el autor.
Pepe Luis, Luis Miguel y Curro
Mientras Aparicio representaba el clasicismo más puro, El Litri revolucionaba las plazas con su litrazo, los molinetes de rodillas y manoletinas. Aunque, según recordó su hijo, «a él realmente le gustaba el toreo clásico». Sus referentes eran Pepe Luis Vázquez, Curro Romero o Luis Miguel Dominguín. «A mí me hubiera gustado torear como Curro», recordaba Miguel que decía muchas veces su padre. También destacó la enorme capacidad de adaptación que tuvo a lo largo de su carrera. «Le gustaba analizar la época que iba viviendo. El toro de 1949 no tenía nada que ver con el del 64 y él fue adaptándose.
Mientras Aparicio representaba el clasicismo más puro, El Litri revolucionaba las plazas con su litrazo, los molinetes de rodillas y manoletinas. Aunque, según recordó su hijo, «a él realmente le gustaba el toreo clásico». Sus referentes eran Pepe Luis Vázquez, Curro Romero o Luis Miguel Dominguín. «A mí me hubiera gustado torear como Curro», recordaba Miguel que decía muchas veces su padre. También destacó la enorme capacidad de adaptación que tuvo a lo largo de su carrera. «Le gustaba analizar la época que iba viviendo. El toro de 1949 no tenía nada que ver con el del 64 y él fue adaptándose.
Tenía clarísima la evolución del toro y daba muchísimo mérito al toreo actual».
El torero de dinastía recordó además con humor la película biográfica que protagonizó su padre ya retirado de los ruedos. «Ahí está la historia de la familia tal y como es. Pero decía que aquello era pesadísimo, estar todo el día con cámaras alrededor. Y encima le doblaron, aunque tenía que aprenderse los guiones y pasarse el día leyendo». Así, entre anécdotas familiares, cifras hoy casi imposibles y recuerdos de otra época del toreo, la figura de El Litri volvió por unas horas a Las Ventas, la plaza que mejor explica la dimensión de una de las figuras más importantes de la historia de la tauromaquia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario