jueves, 21 de mayo de 2026

Las figuras no justifican el sueldo en una corrida petardo

Por elpais.com - Antonio Lorca

Pablo Aguado escuchó los tres avisos tras fallar escandalosamente con el descabello en su primero. La corrida de El Puerto de San Lorenzo, con dos toros devueltos, inválida y descastada

La corrida fue un petardo auténtico, de esas que merecen un serio correctivo; un severo castigo, se entiende, para el ganadero por la desesperante invalidez de una corrida muy justa de presentación, cómoda de cara, como exigen las figuras, animales mortecinos desde su salida al ruedo, mansurrones en los caballos, sin una gota de casta en las entrañas y con esa nobleza tontuna e insípida que suele caracterizar a la mayoría de los toros de las ganaderías comerciales. Dos de los titulares fueron devueltos a los corrales, pero alguno más hizo méritos para seguir el mismo camino; lo negativo es que los sobreros no fueron mejores, por lo que el festejo resultó de un aburrimiento impropio de lo que debe ser un acontecimiento taurino. Festejos como el de hoy deberían estar prohibidos por ley porque suponen una estafa a los espectadores. Y en esa norma debería constar que se devuelva el importe de lo pagado porque el espectáculo ofrecido no se ha parecido en nada al anunciado.

Castigo, también, para la empresa que compró el ganado, y para los toreros, por buscar siempre la odiosa comodidad, aunque en el pecado lleven la penitencia.

Pero es cierto que todo lo malo puede empeorar; vaya que si puede. Ahí está el caso del fino artista Pablo Aguado, que escuchó los tres avisos en su primero ante la manifiesta imposibilidad de acertar con el descabello después de una media estocada. 

No se puede venir a Madrid si no se sabe utilizar el descabello, porque nadie debe hacer el espantoso ridículo que ha protagonizado el sevillano, que ha manchado con un negro borrón su más que desigual hoja de servicios.

Y los toreros, considerados los tres como figuras sin motivos reales para tal galardón, no justificaron el sueldo; primero, por anunciarse con un hierro ganadero que un año tras otro fracasa sin que la empresa se lo tenga en cuenta; y segundo, por insistir con mantazos a sus moribundos oponentes como si estuvieran obligados a justificarse ante un proyecto de cadáver.

Durante todo el festejo no cesó un ruidoso murmullo en los tendidos, prueba evidente de que lo que sucedía en el ruedo carecía del mínimo interés; pues ni Manzanares, ni Ortega ni Aguado se dieron por enterados del cansancio general e insistían, una y otra vez, en alargar sus trasteos que no hacían más que aumentar la desesperación de todos.

Por cierto, Manzanares, un torero que vive de las rentas del pasado, está en el ocaso de su carrera y poco va a demostrar en lo que le quede de vida profesional, pero Ortega y Aguado deben espabilar para evitar que la afición y el público se olviden de ellos y los sustituyan por jóvenes con cualidades suficientes para despertar las ilusiones ya marchitas de ambas.

Mañana será otro día y, por fortuna, volverá la esperanza de que el destino cambie y la tauromaquia vuelva a su ser.

P. de San Lorenzo/Manzanares, Ortega, Aguado
Tres toros de Puerto de San Lorenzo -primero, segundo y tercero- y tres de La Ventana del Puerto, -devueltos segundo y cuarto-, justos de presentación y cómodos de cara, mansos, inválidos y nobles. Primer sobrero, de José Vázquez, bien presentado, manso e inválido; segundo, de El Freixo, bien presentado, manso y sin clase.

José María Manzanares: estocada (silencio); casi entera atravesada (silencio).
Juan Ortega: estocada (silencio); estocada perpendicular (silencio).

Pablo Aguado: media estocada _aviso_ cuatro descabellos _2º aviso_ y catorce descabellos _3º aviso_ (pitos). El toro fue apuntillado en el ruedo ante la imposibilidad de ser devuelto a los corrales por los cabestros. Pinchazo hondo y media estocada (silencio),
Plaza de toros de Las Ventas. 21 de mayo. 

Duodécimo festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).

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