3 de mayo de 2026 por www.abc.es - Manuel Molfer
Un joven de noventa años. Manuel Benítez 'El Cordobés' suma mañana 4 de mayo nueve décadas de una vida habitada en el seno de un cuerpo capaz de asumir experiencias solo al alcance de los tocados por la «varita divina».
Un joven de noventa años. Manuel Benítez 'El Cordobés' suma mañana 4 de mayo nueve décadas de una vida habitada en el seno de un cuerpo capaz de asumir experiencias solo al alcance de los tocados por la «varita divina».
Aunque se le reconoce ... como uno de los toreros más relevantes de la historia y asimilando, tal y cómo explica, que se le han quedado asuntos por cumplir, como «llegar a la Luna», este mito del toreo vivo también ha ejercido como empresario, agricultor, constructor, ganadero, piloto de avión, zahorí, actor o modelo, entre otras ocupaciones. En todo ha tenido éxito.
Un hecho que añade un mérito en sí mismo, máxime cuando se le reconoce que todo lo edificado ha partido desde el analfabetismo y la extrema pobreza. En su afán constante de prosperar para «sobrevivir», su testimonio deduce una perfecta filosofía existencial que se resume en que «todo aquello que te pase, malo o bueno, es para bien».
Alegre, como siempre, ahora más templado en el registro, algo más delgado -«en tipo», como apostilla- atiende a ABC para recorrer el camino andado hasta el momento. Manifiesta que tiene «muchas ganas de continuar viviendo», tras haber pasado un último año «muy duro». Prevé celebrarlo junto a sus hijos, en familia. Un propósito personal que genera un precedente convertido en «deseo».
En la conversación evita hablar de política, pero asume las «dificultades» de los jóvenes para prosperar. Habla de deporte.
En la conversación evita hablar de política, pero asume las «dificultades» de los jóvenes para prosperar. Habla de deporte.
Habla del amor y de la capacidad de superación de cualquier ser humano.
Advierte de que «el valor no existe», que es un mecanismo al que se llega con «preparación». Se aferra a la fe y a la idea de la existencia de Dios porque dice que «es imposible pensar que no hay nada más allá». Manuel Benítez es el último Califa del Toreo cordobés.
Aunque en realidad es el primero, porque todo lo que ha hecho es insuperable.
-¿Cómo se llega a los 90 años en estas condiciones?
-Muy bien, gracias a Dios. He tenido un bachecito bastante duro. Pero ahora estoy muy bien, estoy muy recuperado. Soy muy deportista. Antes tenía que prepararme para competir. Ahora me estoy preparando para vivir y alargar más el tiempo aquí.
-Achaques de corazón (tiene un marcapasos), de oído (tiene audífonos), de vista, intervenido recientemente... Pero, en realidad, es que se le ve tan bien…
-Sí. He tenido un corazón que ha trabajado mucho, a demasiadas velocidades (vuelve a sonreír). Por eso es fundamental cuidar el cuerpo. He estado para irme para allá dos o tres veces, pero Dios me ha dicho «quédate aquí, hombre, ¿qué vas a hacer por ahí arriba todavía?» (se ríe otra vez a carcajadas). A mí, Dios me tiene cogido en sus brazos y no me suelta.
-Los años no me están pesando. No le doy importancia a los 90 que sumo, se la doy al hecho de encontrarme bien. Lo más importante es la movilidad. Eso se entrena. Darle fuerza a los músculos. De momento, me están respondiendo. He estudiado mucho sobre esto. Hay que reconstruirse muscularmente. Me encuentro con vitalidad para vivir doscientos años más (ríe).
-¿Cómo está su corazón? ¿Llegó a pensar que se moría?
-Sí. He tenido un corazón que ha trabajado mucho, a demasiadas velocidades (vuelve a sonreír). Por eso es fundamental cuidar el cuerpo. He estado para irme para allá dos o tres veces, pero Dios me ha dicho «quédate aquí, hombre, ¿qué vas a hacer por ahí arriba todavía?» (se ríe otra vez a carcajadas). A mí, Dios me tiene cogido en sus brazos y no me suelta.
-Manuel, ¿hay diferencias entre verse próximo a la muerte con 90 años a estar cerca de ella a los treinta años?
-No te da tiempo ni a pensar en nada; nada de nada. Es una cosa que va surgiendo despacito. Es como una vela que se va apagando. Yo era una velita que ya se iba quedando con poquita luz. Pero bueno, ¡gracias a Dios, mira, tengo ahora mismo una luz y te estoy encandilando! (Mirando a los ojos al entrevistador). A mí no me gusta hablar de la muerte. No, puedes hablar, si no pasa nada. Eso llega.
Porque me gusta más hablar de la vida, pero es verdad que eso llega y llegará. Lo que tienes que pensar es en vivir lo mejor que puedas.
-Usted de eso sabe mucho. Explíqueme, ¿cómo un analfabeto, una persona sin formación, puede construir todo lo que ha conseguido?
-Lo primero, tienes que ser una persona a la que le guste trabajar, que disfrutes con lo que estás haciendo. Si tú no disfrutas con lo que estás haciendo, no puedes hacer nada.
Luego tienes que ser ahorrativo. Saber dónde vas a poner el dinero y poco más. Cuando gané mi primer dinero hice una empresa. Hice cosas que me proporcionaron dinero, otras menos.
Me di cuenta de que comprando y vendiendo solares empecé a generar «pellizquitos», con el campo... E hice un poco de mi propio banco. Financiaba la mitad y con la otra iba invirtiendo y comprando...
-A la gente joven hoy le cuesta prosperar...
-A mí me da mucha, mucha pena que los jóvenes no se puedan independizar. Una persona trabajando todo el día, como es la gente joven, luchando y que no sean capaces de poder independizarse ni tener una casa... ¡Hombre, por Dios, que hagan pisos, y que los pongan a cuarenta años para que las personas puedan ir navegando! Es que es impensable que un trabajador hoy en día no puede comprar un piso.
-¿Usted qué le diría a a los políticos?
-No, yo ahí no. No... Yo soy torero. Respeto a todos. Yo echo mi voto y se lo doy a la persona que creo va a manejar mejor mis cosas. Si no hay política no podemos vivir. Pero no me meto.
-¿Qué le parece lo que sucede en el mundo?
Habla usted de desigualdades, se están viendo guerras…
-Siempre ha habido alguna guerra andando. Dígame en qué año no hay una guerra. Las armas que se hacen, ¿para qué se hacen? ¿Para tenerlas guardadas? Se venden. Unos las hacen y otros las compran. Ahí está el asunto...
-Siempre ha habido alguna guerra andando. Dígame en qué año no hay una guerra. Las armas que se hacen, ¿para qué se hacen? ¿Para tenerlas guardadas? Se venden. Unos las hacen y otros las compran. Ahí está el asunto...
-A usted le buscaban muchos políticos de talla... Aún hoy, sigue coincidiendo. Pero, dígame, ¿como recuerda su vínculos con los Kennedy y la Casa Blanca?
-Yo he tenido amistad con muchos porque les he caído bien. Pero de política no he visto nada, ni sabía ni me interesaba. En el caso de los Kennedy, un día vino el hermano del que luego fue presidente, que iba para político, con una señora que no tenía marido. En un acto, para que ella llevara una acompañante, me pidieron a mí que lo fuera. Ahí fue donde les conocí y luego ya surgió la amistad. Yo estuve acompañándolo como pariente de la señora...
La muerte
La muerte
«He estado para irme dos o tres veces, pero a mí Dios me tiene cogido en sus brazos»
-Cuando va por la calle, la gente le sigue aclamando. Sigue siendo un torero del pueblo. Siempre le ha gustado ayudar a la gente...
-Cuando va por la calle, la gente le sigue aclamando. Sigue siendo un torero del pueblo. Siempre le ha gustado ayudar a la gente...
-A mí la gente me acepta como una cosa suya. No hay distancia entre uno y otro. He hecho lo que he podido. He procurado ayudar al que me lo ha pedido. Pero también he ayudado a muchos que no me lo han pedido.
-Si echa la vista atrás, ¿cuáles son los asuntos que hubiera planteado de otra forma?
-Uno ya no piensa en eso. Tú haces las cosas, con tu fe, con tu voluntad. Ahí queda. Claro que te equivocas; todo el mundo nos equivocamos y lo aceptamos, si no, no seríamos nosotros.
-Por las circunstancias taurinas, ¿considera que puede ser el último Califa del Toreo cordobés?
-Eso lo dirá Dios. Pero está cambiando tanto la vida que para que se dé un personaje como yo tiene que tirar mucho.
-Eso lo dirá Dios. Pero está cambiando tanto la vida que para que se dé un personaje como yo tiene que tirar mucho.
-Los hombres fuertes del escalafón, incluso hoy en día aún no han llegado a su dimensión mundial. Se habla de Morante, de Roca Rey, grandísimos toreros que aún en su mejor etapa aún no han copado su cima.
-Hombre, yo es que me he salido del círculo y me he ido por el mundo. A mí me conocen en China, en Japón, en Alemania... Eso cuesta mucho trabajo. El que lo consiga tiene que estar muy dotado. Pero, no solamente delante del toro, sino también en la calle, la manera en la que es tu comportamiento, cómo eres, que te acerques también al público.
-¿Quién tira del carro ahora?
-Roca Rey está metiendo a mucha gente; está moviendo bastante a los chavales. Cae muy bien a la juventud, a todos...
-¿Han cambiado muchos los toros?
-Siguen siendo toros, pero con unas características diferentes. El toro de antes tenía mucha velocidad. Menos kilos, pero tenía mucha velocidad. Los meses de agosto, en mi época, estaban los sanatorios llenos.
Ahora tienen menos velocidad. Aunque los golpes siguen siendo los mismos.
-Lo que sí parece es que su tauromaquia no se ha vuelto a repetir.
-Yo es que me he montado en lo alto de un toro. No me lo he comido... (Ríe). Pero... El público es el que contrata. Los empresarios son intermediarios.
-Yo es que me he montado en lo alto de un toro. No me lo he comido... (Ríe). Pero... El público es el que contrata. Los empresarios son intermediarios.
-¿Cómo influye ser positivo para conseguir el éxito en el toro?
-Que todo sea para bien. Es en lo que siempre pienso. Seguir andando. Lo negativo no existe, lo montamos nosotros. El valor tampoco. Lo que existe es la preparación. Estando preparado no hay miedo.
-¿Cómo es la vida familiar de un torero?
-Es difícil tener una familia. Cada uno vive su experiencia. Llegar a los 90 años feliz no es fácil.
-¿Qué es para usted el amor?
Si me pregunta por el amor... Todavía no lo he aprendido bastante.
Me queda que aprender sobre el amor. Convivir con personas... Sacarlos.
Pero le voy a decir una cosa, me apoyo mucho en un refrán que dice: Si en la vida no hubo pena, vive feliz. Pero ignora si la vida es mala o buena.
-¿Le decía al principio que le veía muy bien.
-¿Le decía al principio que le veía muy bien.
Es feliz con quién comparte su vida?
-Mucho. Nos entendemos. Estamos muy tranquilos, no hay estrés. Siempre estamos de acuerdo.
Torero del pueblo
«He procurado ayudar al que me lo ha pedido. Pero también a muchos que no me lo han pedido»
«He procurado ayudar al que me lo ha pedido. Pero también a muchos que no me lo han pedido»
-Sus mejores recuerdos, ¿cuáles son?
-Ahora mismo, hago cabeza y me acuerdo de todo. Pero porque son buenos recuerdos.
Tengo muchos y buenos recuerdos, pero son lejanos. Me acuerdo más del pasado que del presente.
-¿Piensa en el más allá de esta vida?
-Sí. Creo que algo tiene que haber. Soy creyente. Todo el mundo que ve el final dice lo mismo: «Dios mío».
-Le sigue gustando mirar al cielo...
-Sí. Pienso mucho en lo que hay ahí arriba. Subir a la Luna es una cosa tan difícil... Es una cosa pendiente.
-Sí. Pienso mucho en lo que hay ahí arriba. Subir a la Luna es una cosa tan difícil... Es una cosa pendiente.
No creo que me dé tiempo ya, ja, ja, ja. Yo estuve en Chicago montado en una cápsula que fue al espacio...
-Deme un consejo para quién lea esta entrevista.
-Deme un consejo para quién lea esta entrevista.
-Estirar. Estirar los músculos. Es algo que hago a diario desde hace años. Ser buena persona. Estar tranquilo.
Manuel Benítez se despide de forma muy cariñosa. Se monta de copiloto en el Lexus que conduce su pareja para ir a comprar flores. En Córdoba, es mayo, mes de fiesta y de flores. Al abrir la puerta del vehículo con su mano izquierda y la camisa nueva que se compró para la ocasión descubre una muñeca atrofiada que sujeta aún la historia más importante del toreo. Esa con la que conseguía mediante un viraje de un ángulo de 270 grados imposible un natural citado en largo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario