El 2 de junio de 1962, la Base Naval Agustín Armario de Puerto Cabello se convirtió en el epicentro de uno de los episodios más violentos y sangrientos de la historia contemporánea de Venezuela.
Conocido como "El Porteñazo", este estallido cívico-militar contra el gobierno del presidente Rómulo Betancourt cumple hoy 64 años, recordando la fragilidad política de una democracia que apenas daba sus primeros pasos tras la caída de la dictadura pérezjimenista.
La rebelión fue liderada por los oficiales de la Armada Manuel Ponte Rodríguez, Pedro Medina Silva y Víctor Hugo Morales.
En una audaz acción inicial, los insurgentes tomaron las instalaciones militares de la base, liberaron a los presos políticos de las cárceles locales y capturaron el control de Radio Puerto Cabello, desde donde emitieron proclamas llamando a la población civil a sumarse al alzamiento.
La sublevación no era un hecho aislado; contaba con el respaldo activo y la participación en el terreno de militantes de izquierda pertenecientes al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y al Partido Comunista de Venezuela (PCV).
La reacción de Miraflores no se hizo esperar y fue de una contundencia implacable. Betancourt ordenó un despliegue masivo de las Fuerzas Armadas leales al gobierno, iniciando una ofensiva que combinó bombardeos aéreos, ataques de artillería naval y un feroz asalto terrestre.
Las calles de Puerto Cabello se transformaron rápidamente en un encarnizado teatro de guerra urbana, donde el estruendo de las ametralladoras y el dolor civil marcaron las jornadas. El grueso del levantamiento fue sofocado el 4 de junio, pero los combates se prolongaron hasta el 6 de junio, cuando cayó el histórico Fortín Solano, el último reducto de la resistencia rebelde.
El balance de El Porteñazo fue devastador y trágico, dejando un saldo oficial de más de 400 muertos y alrededor de 700 heridos, convirtiéndose en la insurrección más sangrienta de esa década.
Más allá de las bajas, la derrota de este alzamiento consolidó el poder de Rómulo Betancourt frente a los sectores radicales, aceleró una profunda depuración ideológica dentro de los componentes militares del país y clausuró, por la vía de la fuerza, una de las amenazas más serias al orden constitucional de la época.
A más de seis décadas de aquellos sucesos, El Porteñazo permanece en la memoria histórica como el reflejo de una Venezuela polarizada que dirimió sus diferencias al costo de centenares de vidas humanas.
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